Llegan microcréditos de Yunus a Oaxaca

Yunus y Slim otorgarán microcréditos a mexicanos de escasos recursos con Grameen-Carso; el “banquero de los pobres” platica con Expansión sobre el proyecto que empezará en Oaxaca.
Muhammad Yunus  (Foto: Ramón Sánchez Belmont)
Ana Gabriela Rojas
BANGLADESH -

Muhammad Yunus, ganador del premio Nobel de la Paz por su lucha contra la pobreza por globalizar los microcréditos –un sistema de pequeños préstamos–, desembarca en México de la mano del magnate Carlos Slim con Grameen-Carso, una institución que otorgará microcréditos a mexicanos de escasos recursos en las zonas más remotas y pobres del país. Un grupo del Grameen Bank de Bangladesh ya está en México y espera dar los primeros créditos en Oaxaca a finales de septiembre. México será el trampolín para toda Latinoamérica.

Yunus recuerda que, cuando comenzó con el proyecto de microcréditos en los años 70, pensaba sólo en resolver un problema local: el de la gente pobre de una aldea de Bangladesh que no tenía recursos para empezar a tomar el control de su vida. Fue sólo cuando su idea tuvo éxito –que la gente era productiva y que devolvía el dinero– que pensó en implementarlo en la siguiente aldea, donde también funcionó. La gente pagaba.

Entonces se dio cuenta de que el problema de las personas que no podían acceder a préstamos de los bancos convencionales afectaba a todo el país. Y al mundo. “Ahora ya no tengo que especular: los microcréditos pueden funcionar globalmente, de hecho ya están en marcha en casi todos los países”, dice. Por si fuera poco, considera que la actual crisis es una llamada de alerta para cambiar el sistema financiero y que los microcréditos pueden dar el ejemplo: basados en una economía más real y más incluyente.

Grameen-Carso competirá con otras organizaciones, sobre todo con el banco Compartamos, del que dice: “Están completamente en el camino equivocado”. El “banquero de los pobres”, como él mismo se nombró en su autobiografía, recibió a Expansión en su oficina en el cuarto piso de la sede de Grameen Bank, en Dhaka, la caótica capital de Bangladesh.

¿Cómo operará Grameen-Carso en México?
Carlos Slim nos invitó a México y nos proveyó de dinero. Grameen-Carso empezará en Oaxaca. Un grupo de personas de Bangladesh ya están ahí para reclutar y entrenar gente. El programa arrancará con tres sucursales en el estado. El proceso será exactamente como lo implementamos en Bangladesh: un grupo de cinco personas (preferentemente mujeres) pide un préstamo explicando qué actividad productiva piensa comenzar cada una de ellas. No se les pide ningún tipo de garantías, sólo que se reúnan semanalmente para intercambiar sus experiencias y hacer sus pagos. Así, entre ellas garantizan la devolución del préstamo y se apoyan mutuamente para mejorar económicamente.

¿Cuál es la particularidad en México?
Que ahí hay mucha gente que necesita el dinero y el sistema financiero no funciona para alcanzarlos. Nosotros tenemos una gran oportunidad para llevar los servicios financieros a la gente que hasta ahora está fuera del sistema. Vamos a ver cómo funciona. Esperamos que a finales de septiembre algunos habitantes de Oaxaca reciban los primeros préstamos.

Grameen-Carso será competencia directa del banco Compartamos, del que usted se ha mostrado muy crítico...
Sí, soy muy crítico de Compartamos. Ellos se han distanciado de la misión de ayudar a los pobres: cobran un interés muy alto y están haciendo dinero personal e institucional. Sin embargo, no considero que el éxito de los microcréditos en México esté amenazado: verdaderas organizaciones que están del lado de los pobres siempre triunfarán al final. Y los programas de préstamos que hacen grandes ganancias serán eliminados por intervenciones regulatorias.

Usted dice que la crisis financiera no ha afectado al sistema de microcréditos, ¿por qué?
Porque los microcréditos están muy cerca de la economía real: cuando otorgamos un préstamo ese dinero se utiliza para comprar cosas reales, como una vaca, una gallina o un vegetal. Por otra parte, no estamos conectados con el sistema financiero internacional y así el impacto de la crisis no nos llega.

Dice que a raíz de esta crisis el sistema financiero debe cambiar…
Esta crisis ha sido una llamada de atención de que las cosas no están bien y que debemos reconocerlo. Todos estamos ocupados intentado salir de la crisis, rápido, fácil y sin muchos daños. Pero yo me pregunto: ¿salir a dónde?, ¿a volver al mismo lugar? Eso sería muy malo. Debemos crear una nueva situación, quitar todas las cosas que causaron esta crisis. Debemos resolver la naturaleza especulativa del sistema. Otro problema es que tenemos un sistema financiero muy restrictivo, que sólo sirve a un tercio de la población mundial y deja a los otros dos tercios fuera.

¿Y este sistema financiero qué puede aprender delos microcréditos?
Que puedes prestar dinero a la gente pobre y que es un buen negocio: que van a pagar. Porque hasta ahora se creía que el dinero no iba a regresar, pero hemos demostrado en todo el mundo lo contrario. Tenemos 98% de gente que paga.

¿Qué pasa con el 2% que no paga?
El 2% no significa que no pagarán nunca, sino que por ahora están retrasados, por enfermedad, por ejemplo. Pero si estás buscando la deuda muerta, de los que no pagaron y punto, es menos de 0.5%. ¿Y que hacemos con esto? No preocuparnos. Es una práctica estándar de los negocios, hay pérdidas que son parte de tus costos.

Y las que no pueden pagar, ¿tienen algún seguro?
No tenemos seguro contra el préstamo, pero sí un pequeño programa de seguro para la muerte. Si la persona fallece, la familia no tiene que pagar, lo hará el seguro, que está hecho por el banco.

¿Intentarán bajar el interés de 20%?
Un 20% es bajo. No podemos bajarlo porque necesitamos cubrir nuestros gastos. Ahora los salarios en el país están aumentando y los ingresos son los mismos. No queremos subir los intereses, pero tampoco contemplamos bajarlos en un futuro inmediato. Pero 20% es nuestro interés más alto. Para la vivienda es de 8%, para los estudiantes, de 5%, y para los mendigos, de 0%.

Algunos expertos en Bangladesh dicen que los acreedores –sobre todo mujeres– son acosados para que devuelvan el dinero, ¿qué dice?
Presionando a la gente podríamos haber sobrevivido por unos meses, pero no se puede ir siempre acosando gente, el sistema se colapsaría. Tiene que ser un sistema que la gente encuentre fácil, que vea que es en su propio interés hacer el pago. Pero no a todos les gustan los microcréditos, por eso algunos inventan historias de lo horrible que es este sistema. “¿Cómo pueden tener su dinero de vuelta, si no tienen garantías?”, se preguntan.

Los bancos tradicionales toman tu propiedad, tus valores y entonces te prestan dinero. Nosotros no pedimos nada y, aun así nos devuelven el dinero. Uno de nuestros principios básicos es que la gente no debe ir al banco, el banco debe ir a la gente. Nuestro personal va a las aldeas: ahí hay unas 50 o 60 mujeres juntas y puede darse el caso de que un trabajador podría presionarlas alguna vez, pero no dos: él saldría golpeado de la aldea, si es que sale. No somos mafia, no le torcemos el brazo a nadie.

En agosto recibió la medalla presidencial de la libertad, la máxima condecoración civil de EU, ¿confía en la política de Barack Obama?
Obama ha traído el entusiasmo. Yo también estoy emocionado por la promesa de un mejor medio ambiente, por más negociación, diálogo, por un acercamiento con el mundo musulmán.

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En su idea de que los pobres deben mejorar dentro del sistema capitalista, ¿cuál debería ser el papel del Estado?
Yo digo que hay que dejar al Estado hacer todo lo que puede hacer. Pero, al mismo tiempo, la gente no debe quedarse sentada y pensar que el gobierno debe hacerlo todo. Pueden crear ejemplos para el gobierno de cómo hacer las cosas.

¿Cómo es que usted se mantiene innovando?
Todas mis innovaciones se deben a que veo un problema que debe ser tratado. Y lo pongo en un formato de negocio y busco la solución. Intento una manera de resolverlo y si no funciona, intento otra cosa. Lo veo como un negocio. Cada negocio que he creado tiene que ver con resolver un problema. Pero es un negocio social, no para hacer dinero para mí. Y animo a todos los empresarios a que, paralelamente a sus negocios rentables, hagan algún negocio social.

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