Dilemas de control en la frontera de EU

Empresas piden más control para evitar contrabando de Asia pero la prohibición crea mercado negro; un grupo de alto nivel busca consensos ya que faltan instituciones fronterizas entre México y EU.
migración  (Foto: Archivo)
Alberto Bello /

Intel, el fabricante de chips, tiene sus propuestas para la frontera norte. “Un mejor control, que impidiera la triangulación China-Estados Unidos-México, ayudaría mucho a los desarrolladores de cómputo locales y a la empresa”, opina Roberto Martínez, director de Asuntos Gubernamentales de la compañía, que en México aspira a un mercado potencial de 750 millones de dólares (mdd). La misma petición la hacen empresas de la industria textil como Parras o Caltex, fabricantes de juguetes como Mattel o los distribuidores de software. Urge, dicen, más control en la frontera para evitar la competencia desleal del contrabando procedente de Asia.

Como en muchos temas que afectan a la frontera norte, un área cuyo intercambio comercial suma 300,000 MDD y millones de personas anuales, las opiniones no son unánimes.

Hay quien propone lo contrario al control: la desaparición gradual de la frontera con EU. “Más liberalización implica más seguridad”, afirma Luis de la Calle, codirector de la consultora De la Calle, Madrazo y Mancera (CMM) y ex subsecretario de Negociaciones Comerciales de México. Cada traba que se agrega –la prohibición al flujo libre de trabajadores migrantes o del comercio de drogas, como casos extremos– da origen a un mercado negro, y por tanto a redes de crimen organizado, dice.

Las divergencias de opinión abundan en todos los temas entre los dos países pero también dentro de ellos. En EU el presidente George W. Bush propuso un acuerdo migratorio rechazado por el Congreso. Con cierta periodicidad aparecen en ambos países las exigencias de grupos para revisar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte para temas agrarios, medioambientales o laborales.

El nuevo contexto (nueva administración en EU, crisis económica, lucha contra el narcotráfico) ha revivido el debate sobre la mejor política de frontera. La relación en la frontera se rige desde marzo de 2005 por el Acuerdo para la Seguridad y la Prosperidad en América del Norte (ASPAN), elaborado bajo el trauma del 11 de septiembre de 2001 y la obsesión de George W. Bush por la seguridad.

“El modelo de desarrollo económico de los estados de la frontera está agotado y necesitamos una reconsideración del modelo local”, dice Noé Arón Fuentes, investigador de El Colegio de la Frontera Norte.

La franja fronteriza, define el borrador de un documento de trabajo del grupo bilateral lanzado en febrero por el diplomático mexicano Andrés Rozental y el estadounidense Alan Bersin (ex director de la autoridad aeroportuaria en San Diego y ‘zar de la frontera’ desde abril), se ha convertido en sinónimo de ‘crimen, pobreza y degradación ambiental’.

El factor económico es clave. “Los tiempos que lleva pasar productos de un lado al otro está dañando seriamente las posibilidades de desarrollo fronterizo”. Lo mismo está sucediendo con las personas. Paradójicamente, ambas circunstancias, unidas a la depreciación del peso, están ayudando al desarrollo del comercio minorista fronterizo. “La gente ya no cruza para ir de compras”, dice Arón Fuentes. Pero esta situación no va a durar siempre. “Necesitamos un programa de desarrollo de la frontera, y que sea manejado por empresarios, no por el Estado”, afirma.

Diálogo sin fronteras

En este grupo bilateral conviven consultores, académicos y diplomáticos. Lo forman 15 personas de cada lado, y hay una mayoría de residentes de la frontera. “Nos enfocamos en los temas de seguridad, facilitación del movimiento de bienes y servicios, desarrollo fronterizo, económico y social, temas de recursos compartidos, sobre todo agua, tema de migración y en la necesidad de instituciones fronterizas”, dice Rozental.

Una de las conclusiones es que faltan instituciones a todos los niveles de gobierno. “No hay instituciones fronterizas a nivel federal, estatal ni local. Hay arreglos, acomodos, acuerdos de caballeros, prácticas que han ido manifestándose con los años, pero no hay un marco institucional como el de EU y Canadá”, explica Rozental. “En la frontera entre estos dos países hay instituciones que ven las políticas aduanera y de seguridad de manera conjunta, algo que no ocurre en el caso de México”.

En el caso méxico-estadounidense, dice Rozental, los dos gobiernos federales aceptan recomendaciones que las autoridades estatal o local les envían, pero muchas veces, la gente en la capital no lo entiende.

La conferencia de gobernadores, que reúne a las autoridades de los 10 estados fronterizos, no tiene la capacidad de tomar acuerdos que afecten las políticas de la frontera. Rozental opina que esto puede cambiar si se instauran instituciones espejo de ambos lados, y que evolucionaran a instituciones bilaterales que se ocuparan de temas como el agua, la salud pública, el cruce de la gente o el combate de actividades ilegales.

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Uno de los asuntos prioritarios es la falta de infraestructura fronteriza. En abril, México decidió hacer un control de armamento a los vehículos estadounidenses que cruzaran la frontera. Esto podría multiplicar los retrasos y las filas, en perjuicio del turismo y el comercio. En Baja California, por ejemplo, hay 22 pasos del lado mexicano. Hay siete del lado estadounidense. Los carriles Fast y Sentri, para paso acelerado de pasajeros y mercancías, no han resuelto el problema.

¿Es posible revitalizar la frontera? La competencia asiática y la crisis económica de la región hacen urgente que así sea. La administración Obama parece dispuesta a prestarle atención prioritaria, opina Rozental, tanto por la frecuencia de las visitas del presidente estadounidense y sus funcionarios de alto nivel como por la presencia de conocedores como Janet Napolitano (ex gobernadora de Arizona) en la Secretaría de Seguridad Interior. “Creo que hay mayor voluntad de llegar a arreglos”, dice Rozental.

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