Faltan líderes a agenda económica de IP

Fernando Dworak ve estancadas las prioridades del sector privado por malos dirigentes empresariales; el experto en temas legislativos cree que un perfil carismático empujaría reformas en el Congreso.
empresario-ejecutivo.jpg  (Foto: Jipiter Images)
Fernando Dworak

Aunque no hay un modelo de líder empresarial, la mayoría de los hombres de negocios aprecian al personaje ‘entrón’. Es decir, aquel que muestra iniciativa y firmeza para impulsar las causas comunes, que mantiene un alto perfil en los medios de comunicación y es directo e incisivo al declarar.

Si bien estas cualidades son importantes, la agenda del sector privado no precisamente avanza. Por ello, me gustaría compartir algunas atribuciones que, a mi juicio, debería tener un dirigente empresarial en las actuales condiciones políticas.

1. Carisma. El PRI gobernó 70 años con un discurso revolucionario y nacionalista, que caracterizaba a los empresarios como enemigos del sistema. Por ejemplo, los murales que tapizan los edificios públicos los describen como obesos, de gesto agrio y voraz, abrazados a un costal de dinero.

Sin embargo, y tras bambalinas, los empresarios prosperaron a través de relaciones privilegiadas con el régimen. Esto funcionó mientras hubo un partido hegemónico; pero la pluralidad hizo que no hubiese un solo interlocutor, orillando a los empresarios a cabildear en el Congreso.

No obstante, el sector privado no es cohesivo. Por ejemplo, en lugar de impulsar una reforma fiscal profunda que elimine distorsiones del mercado y fomente la competitividad, hay voces dispersas que abogan por sus propios intereses. Aún peor, siguen siendo percibidos por la población bajo los viejos discursos y caricaturizaciones del PRI.

Por ello un ‘entrón’ no basta. Se necesitan líderes carismáticos tanto al interior del sector como ante la opinión pública. Hay que romper con mitos e inercias.

2. Definir demandas claras y negociar con otros actores. El sector privado es un eje para el desarrollo, pero no el único que busca promover sus intereses. Al contrario, existen muchos grupos con objetivos similares e, incluso, contrapuestos. Es necesario conocer sus posiciones y esclarecer las propias para establecer relaciones basadas en la confianza.

Por ejemplo, el 23 de abril la Cámara de Diputados aprobó una reforma a la Constitución en materia de acciones colectivas. Esto es el procedimiento que permite a una persona u organización entablar una acción jurídica que, en caso de ser ganada, beneficia a todo un colectivo.

Algunos grupos proponían que los individuos pudieran iniciar la acción jurídica, la reforma empoderó a tres instancias públicas –la Procuraduría Federal del Consumidor, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente y la Comisión Nacional para la Defensa de los Usuarios de los Servicios Financieros– para encabezarlas. Aunque ninguno de los promotores ‘ciudadanos’ se acercó a los diputados, alegaron que lo aprobado fue una ‘conspiración’ entre el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), la Coparmex y legisladores. El tema es aún relevante, pues falta que lo discuta el Senado.

Es válido y legítimo negociar los intereses ante el Congreso. Si eso hicieron el CCE y la Coparmex, estaban en su derecho. Sin embargo, al no aclarar sus posiciones, permitieron que los grupos perdedores les culpasen del resultado final.

Entablar relaciones de comunicación con otros actores puede generar mejores resultados. Y esto ayudaría a futuro para establecer estrategias conjuntas en otros temas.

3. Impulsar una agenda política. Según la teoría organizacional, más de 95% de los problemas se originan en los procesos, sistemas y métodos, no en las personas. El mejor esfuerzo individual no compensa los sistemas disfuncionales.

Lo mismo ocurre con la política, toda vez que ésta se mueve por leyes que generan organizaciones tanto públicas como privadas. Si el sector privado tiene resultados pobres al promover su agenda, es porque las reglas vigentes fomentan el amateurismo e inhiben la planeación a largo plazo en nuestros representantes; los legisladores sólo están en sus puestos durante tres o seis años y nada de lo que hagan en su gestión es importante para continuar sus carreras.

Sería recomendable que los líderes empresariales usen su liderazgo y su naturaleza ‘entrona’ para impulsar reformas a las instituciones en materia de rendición de cuentas por parte del Legislativo. Ello ayudaría a tener mejores resultados.

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El autor es experto en temas legislativos.

Comentarios: opinión@expansion.com.mx

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