Mayorga quiere romper tabúes en el campo

El secretario de Agricultura asume el costo político de destrabar asuntos como el maíz transgénico; el economista tapatío impulsa que México tenga por primera vez una política de Estado para el agro.
mayorga  (Foto: Grace Navarro)
Juliana Fregoso

Si en este momento fuera necesario ponerle un sobrenombre a Francisco Mayorga, sería ‘El maquinista’. El secretario de Agricultura quiere convertir el campo en una locomotora que corre a todo vapor y lo mismo arrasa con tabúes, como la aprobación de la siembra experimental de maíz transgénico, que deja en el camino a subsecretarios incómodos.

Lo de la locomotora no es una simple analogía. El mismo Mayorga define el campo mexicano como un tren en el que la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) es la locomotora y el resto de los agentes de la cadena productiva son los vagones. Su labor durante los próximos tres años, no es sólo encadenar los vagones sino también quitarles el freno.

Según sus palabras, el presidente Felipe Calderón le dio “confianza plena” para proponer cambios y recuperar los niveles de crecimiento de hasta 6% anual que alguna vez tuvo el agro. “Vengo a hacer una propuesta y con base en ella actuar en lo que se ha insistido mucho: una política de Estado para el campo”, dice en entrevista con Expansión.

Su propuesta parece estar enfocada a un fin muy concreto: destrabar y poner en la mesa de discusión asuntos que antes parecían intocables, como la experimentación con maíz transgénico, quitar de su dependencia funciones que se duplican con las de otras secretarías para así enfocar los recursos a la producción y hacer que los pequeños productores de autoconsumo entren a los circuitos comerciales. Para ello existe la firme intención de fortalecer la subsecretaría de Fomento a los Agronegocios, que tendrá una modificación en sus tareas.

El objetivo es contribuir al desarrollo de una política de alimentación que permita abrir nuevos mercados identificando las tendencias de uso y consumo de los productos agropecuarios y pesqueros.

“Hay que ver cómo hacer para preservar y fortalecer la economía campesina... cómo hacer que tengan un periodo de vida digno, con mejor producción, que tengan acceso a la tecnología”, explica.

El regreso del tapatío Mayorga a la Sagarpa, el 28 de agosto (fue secretario de Agricultura de 2005 a 2006), fue sorpresivo. Al nuevo secretario le tocaba destrabar las aprobaciones de la experimentación con maíz transgénico, el tema más polémico en la agricultura, por ser México centro de origen del grano. Nadie estaba dispuesto a asumir el costo político que significaba dar luz verde al tema. Mayorga y las partes vinculantes de medio ambiente y salud lo hicieron el 15 de octubre.

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¿Quién va a asumir ahora el costo político?, se le cuestiona, “pues los funcionarios que estamos asumiendo la decisión. De momento habrá un costo político muy alto, pero estoy seguro que los beneficios serán grandes”, responde.

Recalca que en el futuro, los transgénicos no marcarán la transformación del agro, pero sumado a otras acciones que emprenderá en los próximos tres años sentarán las bases de un nuevo campo mexicano. De aquí a 2012, cuando acabe su gestión, ya se habrán dado los primeros pasos.

A menos de un mes de haber asumido el puesto expresó ante el Senado la necesidad de reestructurar su dependencia para eliminar duplicidad de funciones con otras secretarías, como la de Desarrollo Social. Que Sagarpa se dedique a lo productivo y Sedesol, al combate a la pobreza rural, sugirió.

Acto seguido: rodaron cabezas. Jeffrey Max Jones, subsecretario de Fomento a los Agronegocios tuvo que renunciar a su cargo luego de que pusiera el modelo de negocios del narco como un ejemplo para sacar adelante el campo mexicano. También renunció Francisco López Tostado, subsecretario de Agricultura que había permanecido en el cargo desde 2001.

Más que una hectárea
Licenciado en economía por el ITAM, a Francisco Mayorga se le atribuye haberle dado a la Sagarpa un enfoque más empresarial y menos burocrático.

Fue secretario de Desarrollo Rural de Jalisco, de 1995 a 2000, después se integró a la Sagarpa como coordinador de Apoyos y Servicios a la Comercialización Agropecuaria.

Su familia es propietaria de dos medianas agroempresas: Industrias Melder (distribuidora de alimentos para animales) y Semillas Caloro. Fue de los primeros funcionarios que empezó a difundir la importancia de las bolsas de commodities, como el Mercado de futuros de Chicago.

Pese al cambio de funcionarios e intenciones de reestructurar el sector, Ana Joaquina Ruiz, investigadora de Fundar Centro de Análisis e Investigación, duda de que el proyecto del secretario ponga en orden al agro. “La figura de Mayorga no pretende impulsar este cambio, sino favorecer más a los grandes productores. Por ejemplo, a 10% de los productores que más reciben de Procampo e Ingreso Objetivo (otro programa de apoyo a los productores) se les da 57% de los recursos”, ejemplifica.

Según Sagarpa, el sector agroalimentario mexicano crece 2.5% al año, una cifra para presumir si se toma en cuenta que la recesión económica frenó la mayoría de los sectores.

Pero cuando se compara la producción agrícola por hectárea, nuestro país, con sus tres toneladas en promedio de granos y cereales, queda muy por debajo de naciones con menos superficie cultivable, como Bélgica, Irlanda o Reino Unido, que casi alcanzan las ocho toneladas, incluso se ve rebasado por Perú, que llega a las 3.5 toneladas, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

Algo que diferencia a Francisco Mayorga de sus antecesores es que llega al puesto con el beneplácito de los principales actores del agro (empresarios y organizaciones de productores). Javier Usabiaga y Alberto Cárdenas se distinguieron por unificar al sector en su contra, el primero se peleó con las organizaciones campesinas, y el segundo mantenía una especie de ley del hielo a su alrededor.

“Estamos dispuestos a trabajar con Mayorga, pero también le pedimos que se mantenga en su cancha, la causa común es el campo”, dice por su parte Gerardo Sánchez, secretario de Acción Política de la priista Confederación Nacional Campesina, que agrupa a cinco millones de afiliados.

Cuando se le pide a Mayorga una lista de tareas para transformar el campo, enumera al menos media docena, pero hace hincapié en una en particular: generar un sistema de “confianza” entre campesinos y empresarios, porque ambas partes son fundamentales para hacer frente a otros factores que limitan el sector, como el cambio climático, la polarización social, la falta de financiamiento y un equilibrio entre oferta y demanda.

“Necesitamos organizaciones de productores más profesionales y menos políticas”, dice el secretario. No obstante, se cuida de acusar a alguna agrupación en particular. “El negocio está en producir, no en hacer política”, insiste.

Para dar una idea de algunos problemas que enfrenta Mayorga, el IMCO cita en su último informe sobre competitividad que 66% del territorio nacional es seco, situación que presenta un desafío ante la amenaza del cambio climático, por lo que es necesario que las instituciones de investigación se enfoquen en hacer esas tierras productivas.

También hay poco aprovechamiento del agua. El campo mexicano utiliza 1,750 litros de agua para producir un kilo de maíz mientras que el promedio mundial es de 900 litros por kilo. En promedio en el mundo se emplean 15,500 litros de agua para producir un kilo de carne, en México se utilizan 37,700 litros, es decir, 2.4 veces más.

La desigualdad es otro punto. En el país, según Fundar, 20% de los productores aporta 80% de la producción total.

Se habla de esquemas de propiedad que no dan certeza al inversionista y poca reglamentación en calidad y sanidad “y eso permite que vengan productos de todo el mundo a competir, a veces de forma desleal, con la producción nacional”, dice el secretario.

Para llegar a un equilibrio en el ingreso de los productores y la calidad de los productos, Francisco Mayorga propone sistemas para fortalecer el esquema de agricultura por contrato, a través del cual los productores firman contratos con los empresarios para abastecerlos de insumos a precios convenidos entre las dos partes.

También existen tres grandes áreas en las que se pondrá especial acento: la agroindustria del azúcar, las oleaginosas y los cítricos. Del primer tema, asegura que paulatinamente se ha encaminado hacia una economía de mercado y que lo que sigue es un trabajo transversal con otras dependencias de gobierno para atender integralmente al sector.

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Sobre las oleaginosas, expone que el reto es fortalecer la cadena productiva, con el fin de que los distintos eslabones se encuentren debidamente integrados y listos para producir más y comercializar mejor; con respecto a los cítricos, manifiesta que existe un área de oportunidad por la demanda mundial, lo cual debe ser aprovechado por los productores nacionales.

En la agenda de la ‘Era Mayorga’ existen cientos de tareas y cuando se le pregunta a qué se compromete de aquí a 2012, reflexiona y sólo atina a decir que se dará por bien servido si logra poner el tren sobre rieles.

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