Aguas con los pronósticos

Luis Miguel González advierte que todos compiten en la carrera para adivinar qué pasará en 2010; el director editorial de El Economista llama a estar preparados para que aparezca incluso un ovni.
2010  (Foto: SXC)
Luis Miguel González

El conocimiento del porvenir es una añeja obsesión. Los etruscos observaban las entrañas de los animales. Los romanos interpretaban el vuelo de las aves. Los egipcios creían en los mensajes que venían en los sueños y los pueblos mesoamericanos arrojaban maíz para vislumbrar el futuro.

Nosotros hemos dejado atrás las supersticiones… o casi. Buscamos en el iris, las cartas, los asientos del café y los modelos matemáticos una idea de cómo será el futuro. Unas veces lo adivinamos, algunas nos divertimos y otras ni lo uno ni lo otro.  En 2010 se caerá el Empire State y encontraremos los restos de un ovni, nos dice un sitio especializado en psíquicos. Acaecerá la muerte de dos jóvenes artistas famosos y la salida del clóset de otro, pronostica el Brujo Mayor, el mismo que hace un año auguró la muerte de un famoso y la eliminación de la selección mexicana del Mundial de Sudáfrica.

Para los que detestan a los brujos, están los economistas. Los analistas encuestados por el Banco de México proyectan que la economía mexicana crecerá 2.9% y la inflación será de 4.5%. The Economist proyecta 3% para el PIB y 3.3% para la inflación.

¿Son más confiables los modelos econométricos que el Brujo Mayor? No se rían. El Brujo Mayor siempre anticipa la muerte de un famoso y le atina. Los psíquicos llevan años augurando un encuentro cercano del tercer tipo y Los expedientes X nos hacen pensar que tuvieron razón. Los economistas no pueden jactarse de tener un récord perfecto: revise los pronósticos de los mayores expertos y tendrá dificultades para localizar uno que haya acertado dos años consecutivos.

La economía es una ciencia que sirve para describir y que alcanza su mayor prestigio cuando es capaz de predecir. Los economistas trabajan en la adivinación de un asunto más complejo que los del Brujo Mayor. Además, le ponen números enteros y decimales a sus adivinaciones. Por eso tienen un mayor margen de error que ese brujo, la gitana que nos lee las líneas de la mano o el bigotón que lee el tarot. El problema no acaba ahí. Los economistas nos recuerdan que sobreestimamos nuestra capacidad de predecir y que olvidamos las miles de veces que nos equivocamos.

La realidad es supercompleja y nos empeñamos en sobresimplificarla, porque pensamos que así la podemos controlar, dice Nicholas Taleb, el autor de El cisne negro, uno de los grandes ensayos sobre la futilidad de los pronósticos. Nuestra capacidad de anticipación no incluye los hechos extraordinarios ni las anomalías estadísticas, ¿quién hubiera sido capaz de prever, a principios de 2008, los problemas de Cemex?

Lo imprevisto tiene un efecto demoledor en nuestras vidas porque no somos capaces de reconocer el tamaño de nuestra ignorancia ni los límites de visibilidad en nuestras bolas de cristal. Vendrán tiempos malos que nos harán ciegos… Vendrán tiempos ciegos que nos volverán malos, decía el escritor español Rafael Sánchez Ferlosio y quizá anticipaba algo relacionado con el principio del Tercer Milenio.

El año que viene volverá el crecimiento económico. Es el consenso de los expertos y tiene una alta probabilidad de ocurrir, pero no debemos olvidar nuestras limitaciones para ver hacia delante. Los pronósticos de mediados de 2008 anticipaban un 2009 malo en la economía, pero nunca previeron el desastre.

El 2010 será el escenario de la recuperación, a menos que ocurra algo imprevisto: ¿qué pasaría en caso de que la mutación del virus AH1N1 alcance proporciones masivas?, ¿estamos preparados para reaccionar ante una fuerte recaída de EU? Estamos ante dos hechos que son altamente improbables, pero no imposibles. Por eso no podemos garantizar que la economía mexicana crecerá alrededor de 3%.

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El cisne negro está al acecho. No se trata de darle de comer al pesimismo, sino de reconocer que lo improbable existe. De 2010 sabemos que China, el oro y la Green Economy irán al alza. No podemos saber quién ganará el mundial ni un millón de cosas más. Nuestra ignorancia es enorme. Más nos vale aceptarlo y actuar en consecuencia.

*El autor es director editorial del periódico El Economista.
Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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