Firma sospechosa ofrece combatir a Zetas

La empresa de seguridad privada JDW propone al Gobierno mexicano luchar contra el narcotráfico; la falta de claridad en su forma de operar despierta dudas sobre su veracidad y su eficacia.
Cuartel general  (Foto: Hernán Iglesias)
Hernán Iglesias Illa
NUEVA YORK -

A fines de octubre, los sitios de noticias del país estallaron con una revelación sorprendente: desde Estados Unidos, Jax Desmond Worldwide (JDW), una consultoría especializada en asuntos militares, ofrecía sus servicios al gobierno mexicano para combatir a Los Zetas (un grupo delictivo de ex militares integrado en el cártel del Golfo). “México no puede afrontar esta lucha por sí mismo. Si no nos ofrecemos nosotros, ¿quién lo hará?”, preguntaba Jax Desmond, director general de JDW, en un comunicado de prensa. Un mes después, Desmond atiende el teléfono en Winnipeg, Canadá, donde nació y creció y donde probablemente aún vive, y se muestra todavía entusiasmado con la posibilidad de llevar a sus agentes secretos, ex miembros de las fuerzas armadas israelíes y estadounidenses, a cazar Zetas a México (cobrando, claro está).

“Si México quiere que nos encarguemos de Los Zetas, podemos estar allí en 30 días”, dice a Expansión.

¿Y qué es lo que quiere México? Según la Secretaría de Seguridad Pública (SPP), nada que tenga que ver con Jax Desmond. “Leímos el comunicado de prensa, sí”, dijo, con una risita, una fuente de la Secretaría. “Pero no hemos hablado ni tenemos pensado hablar con él”.

Desmond insiste en otra versión: “Ha habido algún contacto y tenemos una reunión muy importante”. (La SSP lo niega.)

“Pero lo más importante”, agrega Desmond, cambiando el tema de conversación, “es la enorme respuesta que hemos tenido del pueblo mexicano, que en una semana nos ha enviado más de 100 emails y 500 cartas pidiéndonos combatir a Los Zetas”.

¿Más cartas que correos electrónicos?, ¿en 2009? Muy raro, como casi todo lo que rodea a JDW.

Por datos recopilados y consultas con expertos, da la impresión de ser una empresa mal preparada para combatir cualquier tipo de terrorismo; más se parece al sueño adolescente de su dueño, un ex guardaespaldas con talento para los comunicados de prensa pero que, si tiene alguna actividad real, apenas pasa de la provisión de seguridad para personajes famosos, como en el caso del misterioso fallecimiento de la actriz Anna Nicole Smith.

La primera vez que Expansión contactó a Desmond, dijo que en ese momento no podía hablar y que por favor lo llamáramos media hora después a un teléfono con el prefijo de área 204.

“Estoy en una misión especial”, dijo, disculpándose de su supuesta ausencia de las oficinas de la compañía en Nueva York.

El área 204, sin embargo, corresponde a Winnipeg, la capital de la provincia canadiense de Manitoba, donde Desmond, según los rastros que él mismo ha dejado en la web, pasa buena parte de su tiempo.

Todos los contactos con JDW eran sospechosos: no sólo su fundador, presidente y CEO devolvía en persona el mensaje dejado en la casilla de voz central de la empresa, sino que tampoco parecía haber rastros reales de sus oficinas.

Jax Desmond anuncia en su página web que es una empresa “global” con oficinas en Nueva York y Londres.

En varias bolsas de trabajo, además, oferta puestos de trabajo para ex marines y ex Navy Seals, las divisiones de élite de las fuerzas armadas estadounidenses.

Traducción: se trata de una empresa que actúa como contratista que busca a mercenarios para sus servicios de ‘contra insurgencia’, o para los de guardaespaldas.

Pero aquí comienza a caer el castillito de arena, la dirección de su ‘sede’ neoyorquina corresponde a una sucursal de la empresa de mensajería UPS, donde JDW lo único que tiene es una casilla de correo.

Desmond admite que no son oficinas reales sino sólo receptoras de cartas y materiales y que ello es por inteligencia: “Si publicáramos nuestra dirección real, nuestros enemigos, como por ejemplo Los Zetas, podrían atacarnos”, afirma. “Nuestros agentes están repartidos en varias oficinas de la ciudad”.

Muy a la manera corporativa, en sus comunicados oficiales, la empresa se refiere a su dirección de Manhattan como “Corporate Headquarters”.

Otra de las cosas que sorprende de JDW es su juventud y su crecimiento meteórico. La empresa nació en 2006 ofreciendo seguridad para recitales de rock y eventos públicos; tres años después, según su presidente, es una de las principales consultorías en resolución de secuestros y antiterrorismo de Norteamérica.

“Hemos tenido mucha suerte, estamos muy agradecidos de nuestro éxito”, explica Desmond, de apenas 27 años, y enumera qué tipos de clientes tiene ahora: “Líneas aéreas, museos, cuatro gobiernos, casinos, hoteles, resorts...”

En sus folletos de promoción, Desmond afirma que la empresa ha sido mencionada en decenas de artículos periodísticos en los medios más prestigiosos del mundo. Una búsqueda en las bases de datos de referencia, sin embargo, sólo arroja la reproducción automática de sus comunicados de prensa: la amenaza a Los Zetas y, el año pasado, su oferta para dar seguridad gratis a los testigos del caso de Anna Nicole Smith, la ex modelo de Playboy que murió en 2007 en circunstancias dudosas.

En jaxdesmond.com, la página web de la compañía, hay un video bastante bien producido en el que JDW resume su filosofía de trabajo como “gestión del riesgo”.

Según la voz en off: “La seguridad absoluta es un objetivo inalcanzable” y por eso la empresa, con una combinación de “tecnología, personal y procesos”, define una serie de medidas para ofrecer la mayor protección personal posible.

Después, la misma voz agrega: “Los servicios provistos por Jax Desmond Worldwide han sido específicamente diseñados para (y adoptados por) cientos de organizaciones e instituciones”.

Ésta es una de las muchas afirmaciones problemáticas de la compañía. En un rincón de su página web, Jax Desmond admite que no cuenta con una licencia para dar servicios de investigación privada ni de seguridad privada, y que es sólo una intermediaria entre los clientes y las agencias que ofrecen estos servicios y están debidamente autorizadas.

Desmond no lo esconde –“es así, somos una especie de brokers”, dice–, pero aclara que este tipo de subcontrataciones son habituales en la industria de los ejércitos privados. “Es una práctica estándar”.

Los expertos consultados por Expansión reconocieron que la subcontratación es una práctica habitual, pero que las empresas importantes de la industria suelen poseer las licencias necesarias para operar por su cuenta.

Es posible, sin las licencias, ser un actor de la industria de la seguridad privada; pero no es posible ser un actor importante o, como dice JDW en su literatura corporativa, “una de las principales” ni “la agencia más exclusiva” del mundo.

En cualquier caso, si JDW no opera servicios directamente sino que actúa como intermediaria, ¿cómo puede ofrecerse como la salvación de México en su lucha contra el narco? Si JDW no controlará la supuesta operación en territorio mexicano, ¿en qué consiste entonces su oferta?

Desmond da algunos detalles: “Nuestras tácticas están basadas en técnicas de las fuerzas armadas israelíes. De hecho, el individuo que estaría a cargo de esta operación en particular es uno de los mayores expertos en terrorismo de las fuerzas israelíes”.

Este individuo, de quien Desmond no puede dar mayores detalles, actualmente trabaja para “numerosas” agencias de Estados Unidos. “Es el mejor de los mejores, tenemos mucha suerte de poder contarlo entre nuestros empleados”, dice Desmond, dos minutos después de decir que por qué JDW subcontrata todos sus servicios, “no tiene empleados”.

El discurso profesional de Desmond, bien entrenado en la jerga militar privada, contrasta con los descuidados rastros que ha dejado en la web: hasta hace no mucho, su foto en Facebook lo mostraba de frente, cruzado de brazos y flanqueado por dos mujeres de perfil que simulaban posar con pistolas, como en un póster de James Bond.

Presionado para que dé más detalles sobre cómo sería la operación contra Los Zetas y cuál sería la relación con las fuerzas de seguridad mexicanas, Desmond dice, sin dudar, que sus hombres tomarían control absoluto del territorio, casi como una fuerza de ocupación.

“No usaremos ningún tipo de ayuda policial o asistencia militar. La policía y el Ejército mexicano tendrán prohibido entrar a nuestro cuartel general. Serán tratados como cualquier otro civil: como una amenaza, hasta que demuestren lo contrario”, asegura, envalentonado.

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Y en plena confusión, aun cuando desconoce las reglas básicas de la lucha contra el narcotráfico, afirma que su lucha no sería sólo por dinero sino por ayudar.

“Me gustaría mencionar”, dice, “que cualquier cosa que expropiemos a Los Zetas, se la devolveremos a las comunidades locales”.

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