Crimen ahuyenta a empresarios de Juárez

La violencia en la frontera de México y EU orilla a muchos a irse con sus negocios a El Paso, Texas; aumentan 40% las peticiones de asesorías para mudar los negocios, según la Cámara de Comercio...
bar33  (Foto: Steven St. John)
Lourdes Cárdenas
EL PASO, Texas -

Por casi dos décadas, Jurgen Garsen vio crecer y florecer sus negocios en Ciudad Juárez, pero bastaron tan sólo seis meses de 2008 para que este empresario del ramo restaurantero tomara la decisión de cerrar sus tres bares y un restaurante de sushi y se mudara a El Paso, Texas, donde ha iniciado una nueva aventura empresarial.

Garsen recuerda cómo desde mediados de 2008 la violencia empezó a escalar en Juárez, una ciudad de por sí marcada por el crimen y el estigma de ser tristemente famosa por los feminicidios que la azotan desde 1993 y por las batallas entre bandas.

Todo esto en medio del prestigio global que todavía le queda por ser una de las mecas de la manufactura de América del Norte.

Precisamente por ser frontera y por tener una de las mayores inversiones extranjeras, los hechos de sangre en Juárez alcanzan a escucharse en dos países, con lo que las comparaciones abundan.

Un dato: Juárez tiene un índice de asesinatos 425% mayor que el de Los Ángeles, una ciudad con 12 millones de habitantes (contra 1.5 de Juárez) y azotada por las guerras de las bandas de Estados Unidos.

Como la mayoría de los bares, discotecas y demás lugares de esparcimiento que se han convertido en escenario frecuente de ejecuciones, cada uno de los negocios de Garsen fue visitado por pistoleros que amagaron a los empleados para exigir una cuota semanal de 400 dólares a cambio de protección.

Por ello, recuerda el empresario instalado del otro lado del río Bravo, las ventas habían bajado hasta 80%.

“De vender un sábado 60,000 pesos en un local se nos fue a 2,000 o 3,000 porque la gente no salía de noche”, dice.

Así, aguantó hasta diciembre y ese mismo mes decidió cerrar todos sus negocios en Juárez. Además de bajar las cortinas, tuvo que despedir a las 130 personas a las que por años dio trabajo y solidaridad.

Dos meses antes, el empresario ya había abierto el Bar 33 en El Paso, un negocio que reproduce el modelo de atención y servicio que se brindaba en los bares que llevaban el mismo nombre en Juárez. Allí emplea a unas 10 personas y además acaba de abrir una discoteca llamada Beat 33.

“Vine con la idea de abrir una cantinita y he tenido que crecer al triple porque la diversión se vino para El Paso”, dice Garsen.

Con su comentario, el restaurantero evoca a la inversa el fenómeno de hace unos años, cuando cada fin de semana, miles de adolescentes tejanos cruzaban el río al sur para divertirse en la otrora mítica vida nocturna de la frontera chihuahuense. “Debido a la inseguridad de Juárez, El Paso está creciendo”, añade.

Según datos del US Census, esa localidad tejana es la segunda en crecimiento económico en ese país.

Organizaciones como la Cámara Hispana de Comercio de El Paso (EPHCC) y la Corporación para el Desarrollo Económico de El Paso (REDCO) coinciden en que el número de empresas buscando asesoría para abrir negocios en este lado de la frontera creció significativamente en comparación con 2008.

“Entre enero y noviembre (de 2009) vimos un incremento de 40% en el número de personas que buscan asesoría para instalar sus negocios en El Paso”, dice Cindy Ramos-Davidson, presidenta de la EPHCC.

Se trata de una “migración hormiga”, explica Gursen. “Se están viniendo talleres, restaurantes, la gente incluso se está viniendo sin trabajo y algunos otros traen lo poco que les queda para invertirlo aquí”.

De acuerdo con reportes de la prensa local y nacional, en lo que va del año más de 2,216 personas han sido asesinadas de manera violenta en Ciudad Juárez, que ha sido considerada ya como la ciudad más violenta del mundo después de Bagdad.

En contraste, El Paso es considerada la segunda ciudad con el menor índice de criminalidad en Estados Unidos, con sólo 13 homicidios hasta noviembre de 2009.

La situación es tan grave para el lado mexicano  que un día sin asesinatos amerita la primera plana de los diarios locales.

Manuel Ochoa, vicepresidente de Desarrollo Binacional de REDCO, reconoce que aunque la violencia ha sido un factor detrás del crecimiento de negocios mexicanos en el área no es la única explicación al fenómeno.

La economía de El Paso ha logrado mantenerse relativamente al margen de la recesión por dos factores: la inminente llegada de más de 24,000 efectivos militares a Fort Bliss (cuya ampliación representa inyecciones de inversión de por lo menos 5,000 millones de dólares).

El otro factor es el desarrollo de una incipiente industria biomédica que ha fomentado las oportunidades de negocio en la región, dice Ochoa.

La migración de los burritos
Esas oportunidades las había visualizado la familia Anzures, propietaria de Burritos Crisóstomo, una cadena de restaurantes con más de tres décadas de tradición en Juárez, que desde 2007 contempló la posibilidad de abrir sucursales en El Paso.

Sin embargo, tres intentos de secuestro a miembros de la familia en 2008, más las extorsiones que vivían a diario en sus locales aceleraron la decisión.

“De pronto nos dimos cuenta de que esto se podía acabar.  Teníamos 30 años en el negocio y no lo íbamos a dejar caer”, dice José Anzures, uno de los propietarios. “No íbamos a arriesgar a la familia ni el patrimonio”.

La familia tiene aún cinco negocios en Juárez que son administrados a larga distancia y que emplean a unas 50 personas en total. En El Paso les ha ido tan bien que consideran abrir la segunda sucursal en enero de 2010, la tercera en marzo y la cuarta antes de 2011. “Aquí venimos a hacer negocio”, cuenta Anzures.

Mientras el negocio crece en El Paso, los restaurantes de Ciudad Juárez son asaltados con frecuencia. “En los últimos seis meses los han asaltado cuatro o cinco veces”, dice Anzures.

“El problema es que la gente está aceptando lo que está pasando. Mataron a 10 y no nos sorprende. Ya nos acostumbramos. El nivel de tolerancia de la sociedad está creciendo. Entre los delincuentes y los impuestos, nos están acabando el negocio”.

La Cámara de Comercio de Ciudad Juárez estima que 60% de los bares y restaurantes de la ciudad son víctimas de extorsionadores, lo que aunado a la mala situación económica ha generado el cierre de muchas pequeñas empresas o su éxodo hacia El Paso.

“Si mi negocio es negocio ahorita, está bien”, dice Guillermo Soria, director de la Cámara Nacional de Comercio en Juárez. “Si me da para contratar a un guardia y para poner cámaras y rejas, voy a seguir adelante a pesar de que esté fuerte la violencia. Lo único que hago es blindarme con la ganancia. Pero si mi negocio no es negocio, y aparte estoy corriendo riesgo, pues tomo la decisión de cerrarlo”.

Abrir un negocio en El Paso no es algo que se pueda hacer de un día para otro.

“Todos los permisos son muy diferentes, son más rigurosos, la inversión es más alta, las reglas para construir son diferentes y complicadas”, dice Omar Herrera, propietario del restaurante Maria Chuchena que en noviembre abrió una sucursal. “El manejo del recurso humano también es muy diferente y mucho más caro”.

Además de la mudanza de negocios, las autoridades coinciden en que ha habido un incremento en el número de personas que están buscando mudarse a El Paso con visas de inversionista o de ampliación de negocios.

“Sí se ha visto un pico, pero no es algo que cambie la forma o el flujo migratorio de la ciudad. Es un flujo natural que siempre hemos tenido”, dice el alcalde de Ciudad Juárez, José Reyes Ferriz.

El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos no tiene cifras disponibles para 2009, pero según estadísticas de 2008, el número de visas E1 y E2 (para comercio e inversionistas) otorgadas en ese año a México fue de 610 y 1,291 respectivamente, comparado con 555 y 1,318 que se otorgaron el año anterior.

El alcalde Reyes Ferriz asegura que su gobierno está trabajando para acabar con la extorsión y la violencia, y confía en que la profesionalización de los cuerpos de policía y un reciente programa de denuncia anónima restaurarán la confianza y el clima de negocios en la ciudad.

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Pero los días se van sin que ni siquiera la presencia del Ejército en las calles juarenses contribuya a bajar el miedo. Además, empresarios como Garsen no comparten el optimismo del alcalde.

“Hay algunos que tenemos la fortuna de haber nacido en El Paso y se nos hace fácil venirnos, pero muchos empresarios, médicos, abogados o gente común no tiene esa posibilidad”, dice Garsen. “Es triste lo que está sucediendo en Juárez porque a los empresarios nos echaron”.

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