Identifica a un verdadero hotel boutique

Exclusividad, atención personal, atmósfera conceptual y diseño vanguardista son sus características; suelen ubicarse en destinos importantes, como barrios de moda, playas y montañas.
hotel_moterrey  (Foto: Patricia Madrigal)
Alejandro Fuentes / Vuelo

El concepto ‘hotel boutique’ es aún escurridizo. La gran mayoría lo ha escuchado; más de uno se ha hospedado en alguno, pero sólo unos privilegiados entienden cabalmente qué esperar de ellos. En todo caso, son la nueva realidad del turismo y algunos hoteles boutique se han convertido en una de las principales razones para viajar a un destino, como  pasa con el nuevo hotel Encanto, en Acapulco, o la Casa Natalia, en Los Cabos.

El concepto ‘boutique’ se relaciona con ese halo de exclusividad que la palabra francesa adquirió en inglés: quien desea comprar un objeto común va a una cadena; quien busca algo exclusivo, a una boutique. Así funciona con los hoteles. Mientras las grandes cadenas se caracterizan por la consistencia en su concepto, servicio y –usualmente– arquitectura, los hoteles boutique se alejan de ella. Su objetivo es distinguirse de la imagen de los grandes, y eso se logra, por principio de cuentas, siendo pequeños.

El tamaño es apenas el primer criterio, pero para nada el definitivo, pues no todos los hoteles pequeños pueden aspirar a ser boutique y viceversa (el Hudson de Nueva York tiene 850 habitaciones). De hecho, si algo ha generado confusión es justamente la arbitrariedad con respecto al número de habitaciones. En México hasta ahora no hay un organismo regulador que determine los requisitos mínimos para que un hotel pueda ser llamado boutique. Pero, según Isabel Díaz, directora de Operaciones de Hoteles Boutique de México –una empresa que agrupa, clasifica y difunde la oferta de varios de estos sitios–, “es probable que pronto tengamos noticias sobre regulaciones gubernamentales al respecto”.

Si las dimensiones no son el argumento determinante, ¿cuál es? Algunos sostienen que el servicio personalizado (en varios es obligatorio para el staff aprenderse el nombre de cada huésped y conocer sus gustos personales); sin embargo, es necesario reconocer que muchas cadenas grandes también lo brindan de forma impecable, por lo que sería injusto creer que en un hotel boutique el servicio es superior. Y, por supuesto, tampoco el lujo –al menos como se concibe tradicionalmente– es la condición sine qua non, pues en algunos ni siquiera hay televisores en las habitaciones.

En realidad, un hotel boutique se caracteriza por su atmósfera. Su interior, comenzando por la arquitectura, debe ser una especie de escenario en el que todo responda a un concepto, por eso hay quienes los llaman también hoteles de diseño o lifestyle (algo que nuevamente remite al Hudson de Nueva York, donde el concepto es la fiesta).

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Y es aquí donde es necesario ser crítico: si un hotel boutique propone descartar la vida cotidiana, en efecto, no tendrá televisor o tendrá uno común y corriente, a diferencia de las cadenas que hoy compiten por tener las pantallas más sofisticadas. Este detalle seguramente le restará puntos en clasificaciones como las de AAA –una asociación de automovilistas de Estados Unidos y Canadá cuya oficina de información turística es una autoridad para calificar hoteles y restaurantes en Norteamérica–, pero al hotel no le restará un ápice de su concepto.

Tampoco hay que olvidar que los hoteles boutique suelen ubicarse en destinos importantes, específicamente en barrios de moda, en el caso de las ciudades, o en zonas que aseguren un contacto estrecho con la naturaleza, principalmente en playas y montañas. Por último, hay que tomar en cuenta el prestigio: si es boutique, es hip. Y la exclusividad entendida como privacidad es hoy una categoría que comienza a cambiar el concepto señorial del lujo por algo mucho más sensorial.

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