El legado tras la muerte de CK Prahalad

Este teórico demostró que los pobres pueden generar utilidades si reciben el producto adecuado; nombrado el número uno entre los gurús del management del mundo, murió el 16 de abril de 2010.
prahalad  (Foto: Cortesía Fortune)
Luis Miguel González

"Poverty is not stupidity, it’s just the lack of opportunities". En esta decena de palabras cabe una de las ideas más importantes de los últimos años. Fue formulada por CK Prahalad en 2004 y entonces generó controversia. Hoy se ha instalado como sabiduría convencional. Está en el centro de las estrategias de las multinacionales y en políticas públicas de ‘vanguardia’.

"La riqueza en la base de la pirámide" es su obra más influyente. Postula que los pobres tienen un enorme poder para revolucionar el mundo, al igual que hizo Karl Marx en el siglo XIX, pero ahí acaban las coincidencias.

Prahalad creía que era posible erradicar la pobreza a través de la generación de utilidades y deploraba la vía del socialismo. Los pobres le interesaban como microconsumidores, microproductores y microinnovadores. Son alrededor de 5,000 millones a escala global y, según Prahalad, tienen todo el potencial para cambiar el entorno en el que vivimos. El truco es dejar de pensar en ellos como sujetos pasivos, necesitados del proteccionismo gubernamental; refractarios al uso de las tecnologías e incapaces de organizarse para generar riqueza o mejorar su calidad de vida.

Coimbatore Krishnarao Prahalad murió hace unas semanas, a los 68 años, justo en el momento en el que empezaba a ser reconocido como uno de los pensadores imprescindbles de nuestro tiempo.

El Times de Londres lo nombró el número uno entre los gurús del management del mundo, en sus ediciones 2008 y 2009. Su figura rechoncha, su cabeza redonda y casi calva, se volvió referencia obligada para muchos temas contemporáneos: combate a la pobreza, colaboración entre grandes empresas y organizaciones no gubernamentales (ONG), el impacto de internet en los modelos de negocios y la apropiación de la tecnología por grupos de bajos ingresos.

La influencia de sus ideas está presente en iniciativas como One Laptop Per Child, que busca producir computadoras portátiles a un precio de 100 dólares; el auto superbarato de la multinacional india Tata; la estrategia de precios drásticamente diferenciados por país de algunos gigantes del software, como Microsoft, y la venta de productos de higiene y limpieza de Unilever, en paquetes pequeños para hacerlos asequibles.

“El problema no es que los pobres no tengan dinero, sino que ustedes no hacen productos que ellos puedan comprar”, decía Prahalad a los empresarios. “Revisen su estructura de costos y bajen sus precios”, regañaba.

No es una casualidad que un pensador como CK Prahalad haya nacido en India y aportado ideas revolucionarias para las teorías de administración de Occidente. India tiene 1,260 millones de personas, con un Producto Interno Bruto de 1,300 dólares per cápita y una enorme masa de población donde coexisten el subempleo, la espiritualidad, el talento para las matemáticas y el impulso empresarial.

CK era un ávido lector que estaba fascinado por el auge y la caída de las naciones; la evolución del lenguaje y la forma en que se habían expandido ciertos hábitos de Oriente a Occidente y viceversa.

Un heterodoxo pragmático. Postulaba que el diseño del producto implica la colaboración empresa-cliente. Un optimista irredento. En Bombay muchos ven a miles de personas extremadamente pobres en la calle tratando de vender chucherías. Él encontraba a miles de personas intentando hacer una empresa a partir de un capital ínfimo.

India es el país con las tarifas de telecomunicaciones más bajas del mundo y eso ha permitido la proliferación de decenas de microempresas que ofrecen servicios de ‘valor agregado’ que no tendrían cabida en un país desarrollado: contestadores humanos que atienden las llamadas de una docena de casas y los envíos de mensajes SMS para terceros, por ejemplo.

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Los últimos años de su vida le dedicó tiempo al tema de la competitividad de los países y, en especial, al caso de India. Estaba convencido de que la próxima gran ola de innovación no vendrá de los grandes laboratorios ubicados en el primer mundo. El gran reto está en desarrollar productos y servicios de gran calidad a bajo costo y para ello no es una desventaja estar en Bangalore, Recife, Pekín o Guadalajara. Le fascinaba el caso de hospitales en India que ofrecían cirugías complejas a 10, 20 o 30 veces menor precio que en Europa o Estados Unidos. Admiraba el desarrollo de soluciones de software en modestas oficinas que se estaba dando en el territorio BRIC. “El futuro está en la innovación frugal”, postulaba. Se fue, pero nos dejó un montón de cosas en que pensar. Descanse en paz.

El autor es director editorial del periódico El Economista.
Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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