El nuevo desorden cambiario

Las divisas internacionales no terminan de ‘acomodarse’, advierte Luis Miguel González; el yuan sube, el dólar se debilita y esto trae riesgos, dice el director editorial de El Economista.
yuan  (Foto: CNN)
Luis Miguel González

El superpeso preocupa a los mexicanos. La subvaluación del yuan chino fastidia a la Casa Blanca. En Japón temen por el alto valor del yen y, en Europa, se preguntan si el euro podrá sobrevivir la crisis de la deuda de los PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España).

Bienvenidos al nuevo desorden cambiario. El viejo arreglo está muerto y no hay quien pueda armar las piezas del rompecabezas. La mano invisible del mercado tiene Parkinson y los organismos multinacionales no saben, no pueden y, quizá, no quieren.

Europa y Estados Unidos han dejado de ser pilares de estabilidad y certidumbre. Ahora son los escenarios del teatro del caos.

Grecia e Irlanda recibieron toneladas de dinero para garantizar el cumplimiento de sus compromisos financieros y la supervivencia de la zona euro.

El rescate desató una especie de apetito por los grandes rescates. Nadie puede garantizar que el superescudo monetario bastará. Portugal, España e Italia están en el radar de los especuladores.

"El euro ha dejado de ser una gran idea y ha empezado a mostrar sus contradicciones", dice Niall Ferguson, uno de los mayores expertos mundiales en divisas. La zona carece de mecanismos efectivos de coordinación fiscal.

Se está cumpliendo la profecía del economista de Harvard, Martin Feldstein: "En el largo plazo, el euro no producirá mayor armonía en Europa, sino muchos conflictos".

El gobierno de Barack Obama ha llevado hasta el límite y más allá las políticas monetaria y fiscal. Su objetivo ha sido buscar una rápida recuperación para EU y lo ha conseguido a medias.

Ya no se habla de una crisis similar a la de 1929, pero acecha el riesgo de una década perdida, al estilo Japón en los 90.

En su afán, la Casa Blanca ha incrementado el déficit fiscal y se ha coordinado con la Fed para que la máquina del dinero barato no se detenga.

¿Cómo es que el dólar sigue siendo el depósito de valor preferido? Si no fuera la mayor potencia económica del mundo, podríamos confundir sus desbalances con los de una república bananera.

No es raro que el peso mexicano, el real brasileño o el yen japonés ganen terreno frente al dólar estadounidense.

Lo que sale del guión es el comportamiento del yuan: sigue cotizando entre 10 y 15% debajo de su valor ‘real' y no se ha revalorado ante el dólar, como en teoría debería suceder, por la debilidad estadounidense y la fortaleza de la economía china.

Pekín bajo presión

Washington desea que Pekín revalúe su moneda y presiona para conseguirlo, sin éxito. Un yuan fuerte incrementaría las compras chinas y encarecería sus exportaciones. Se ha topado con ‘La Muralla'.

El valor del yuan es piedra angular de la política industrial y de exportaciones.

La discusión está atorada. El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial piden a China que acepte una revaluación de su divisa, al tiempo que recomiendan a EU poner orden en sus cuentas.

Sus exhortaciones parecen los de un maestro de bachillerato que se enfrenta a un grupo de adolescentes. No tienen efecto alguno.

México vive con atención lo que sucede en el teatro de las grandes potencias. Las autoridades han apostado por blindar el peso frente a cualquier ataque especulativo.

Para ello, han seguido una política de fortalecimiento de las reservas internacionales del banco central, al tiempo que mantienen tasas de interés que son muy competitivas para la atracción de capitales internacionales.

La política ha sido un éxito porque el peso ha vuelto a ser el superpeso y es un factor que ayuda a combatir la inflación. El problema con ese éxito es que se ha convertido en un lastre para los exportadores y equivale a un subsidio a las importaciones.

Lo que estamos ganando en estabilidad en una de las pantallas, lo perdemos en la otra, en forma de deterioro competitivo. Ésta es una parte de lo que nos toca vivir en este nuevo desorden cambiario.

El orden futuro ha empezado a asomar la cara. El yuan chino crece como moneda de referencia, mientras el dólar comienza a tener una presencia menguante.

Ya no es el reflejo de la potencia y la calidad de las políticas públicas de EU, sino una moneda que usa algo de magia para sostenerse.

Estamos viviendo el fin de un ciclo largo que comenzó al final de la Primera Guerra Mundial, con la decadencia de Inglaterra y la libra esterlina.

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El nuevo orden es, por ahora, un desorden. No sabemos cuánto durará el cambio de guardia ni cuál es la mejor estrategia para prosperar en la transición.

*El autor es director editorial del periódico El Economista.

 

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