2001, ¿año perdido?

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Samuel García

A unos cuantos días de que termine el año queda la frustrante sensación de que 2001 fue perdido; por lo menos para la economía. La primera impresión proviene de conocer que ésta tendrá un crecimiento de cero en el ciclo. Máxime cuando se sabe que apenas en 2000 había crecido 7%, encabezando el desarrollo económico en el continente americano. El solo contraste entre un año y otro es significativo para ejemplificar el tamaño del freno aplicado a lo largo de estos 12 meses, y sus consecuencias inmediatas sobre la inversión y el empleo.

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Sin embargo, en una segunda reflexión, creo que la afirmación inicial no debe atribuirse tanto a la ausencia de incremento económico como a la pérdida y malbaratamiento de oportunidades que tuvieron los políticos y el gobierno mismo para fincar el futuro del país.

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A diferencia del origen de las crisis que vivió México en años anteriores, esta vez no se tuvieron dificultades financieras por desequilibrios en las cuentas externas, ni tampoco por un endeudamiento excesivo que haya limitado la capacidad de acción de la administración. En esta oportunidad el problema de México tiene su origen en la recesión económica que sufre su principal socio comercial, agravada por la falta de estrategias de diversificación de mercados que amortigüen estos impactos externos y por la debilidad inherente al mercado interno.

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Es la primera vez en tres décadas que la economía mexicana logra transitar exitosamente un cambio de gobierno y al mismo tiempo enfrentar con relativa fortaleza la volatilidad en los mercados foráneos. Sin embargo, estos éxitos no fueron aprovechados durante 2001 para sentar las bases de cambios estructurales que fortalecerían la competitividad de la economía a la vez que le proporcionarían mayor estabilidad a escala macro.

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Efectivamente, este fue un año perdido; pero no tanto por la falta de crecimiento económico como por la ausencia de liderazgos políticos maduros –tanto en el gobierno como en los partidos políticos– para formular, negociar e instrumentar una agenda de políticas públicas que ofrezca certeza al rumbo económico para el corto y mediano plazos. Ojalá que en 2002 se recupere el valioso tiempo que se perdió.

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– El autor es economista y columnista de temas financieros.

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