2002: hagan su juego señores

Acertar a la mejor inversión en el próximo año será como ganar la lotería. Ante la recesión,
Jesús Hernández

¿Qué hacer cuando la incertidumbre es el sentimiento que domina los mercados? El próximo año será de decisiones difíciles para los inversionistas. La capacidad de análisis y la imaginación serán cualidades clave entre quienes decidan apostar por el futuro de sus ahorros al elegir de entre un abanico cada vez más complejo de opciones de inversión, insertas en un escenario de recesión mundial y difíciles pronósticos de recuperación económica.

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Según las previsiones oficiales, para México se espera un panorama de poco crecimiento económico (1.5%), atado a tasas de interés bajas, expectativas de inflación de 6% y tipo de cambio estable. En el ámbito internacional, las opiniones de los especialistas indican que de recuperarse la economía estadounidense hacia el segundo semestre, el resto del orbe continuará esta tendencia. Sin embargo, el mundo de las inversiones suele ser más cauto: "No hay ninguna circunstancia definida. El ambiente es de enorme volatilidad", asegura José Luis Pimienta, director de Impulsora de Fondo México.

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¿Cuáles serán entonces las mejores opciones para invertir? Alfonso de Lara, director de estrategias de inversión de Scotiabank Inverlat, apunta: la regla número uno para cualquier inversionista debe ser diversificar y buscar en distintos instrumentos una combinación que disminuya los riesgos.

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El problema es que si un inversionista se aventura a decidir él solo cuáles son las alternativas que más le convienen, tarea difícil de por sí, en 2002 le será mucho más compleja debido a la incertidumbre. De ahí que acudir a vehículos como los fondos de inversión se perfila como una de las mejores estrategias para resolver en dónde poner los ahorros durante el próximo año, comenta Rogelio Gallegos, director de análisis de Actinver.

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La oportunidad de sacar ventaja de la incertidumbre podría presentarse en diferentes ámbitos de inversión, e incluso en instrumentos sofisticados que en México "aún no han sido muy explotados", como las Sociedades de Inversión de Capitales (Sinca), señala Pimienta.

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Opción tentadora

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La inversión en el mercado accionario es siempre un albur. Cuando hay coincidencia generalizada sobre las expectativas de desempeño futuro, suele ser una buena alternativa.

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Debido a la baja en el valor de las acciones de algunas empresas listadas en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), producto de la desaceleración económica, en este momento se pueden encontrar excelentes oportunidades. Hay títulos con hasta 35% menos de su valor, que quizás en seis meses o un año retomarán sus niveles previos a la crisis, comenta De Lara.

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Esta no es una opción para todos los inversionistas, menos para quienes no están dispuestos a correr grandes riesgos o no cuentan con capital suficiente para resistir la volatilidad de este mercado. La rentabilidad de la Bolsa de Valores se tiene que medir en el mediano o largo plazo.

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Pimienta sugiere hacer un seguimiento no sólo del desempeño actual de cada emisora, sino de los proyectos a futuro y la calificación crediticia que les otorgan empresas como Fitch IBCA, Standard and Poor’s o Moody’s. No es forzoso invertir siempre en acciones de las emisoras más fuertes del mercado (Telmex, Cemex, Comercial Mexicana, Wal-Mart, Femsa, Televisa y CIE, por ejemplo), y también habría que tomar en cuenta a las empresas que les proveen de servicios o insumos.

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Una opción poco común y que ofrece buenos resultados en otros países, estima el director de Impulsora, es integrarse al financiamiento de nuevos proyectos empresariales con perspectivas de éxito en el mercado, a través de una Sociedad de Inversión de Capitales. Éstas crean fondos que proveen de recursos económicos a tales proyectos para procurar su desarrollo a cambio de que los inversionistas (generalmente instituciones o empresas) participen en el Consejo de Administración. Se trata de una inversión a largo plazo que produce rendimientos al colocar en bolsa las acciones del proyecto ya realizado o cuando se vende o fusiona con un tercero.

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Para quienes apuestan por lo seguro, siempre está la opción de colocar el dinero en instrumentos de deuda de gobierno, como los certificados de la Tesorería de la Federación (Cetes), cuyos rendimientos ahora rondan 7% anual, Bondes (bonos de desarrollo), Udibonos (6.3%), y Bonos M3 (a tres años y con tasa de 13.5%), cuyo riesgo crediticio es clasificado como nulo. La decisión depende de cuándo se quiera disponer del dinero, pues "una vez adentro hay que esperar al vencimiento y mientras pueden surgir opciones más atractivas", advierte Gallegos.

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De Lara, de Scotiabank, sostiene que una forma de protegerse es tomar dos instrumentos financieros "negativamente correlacionados" esto significa que, si una inversión puede verse desfavorecida por la inflación o la baja de tasas, conviene tomar otro instrumento que se beneficie de ese mismo fenómeno económico.

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Al escoger esa estrategia, un ahorrador individual "poco sofisticado" podría toparse, sin embargo, con la dificultad de no contar con suficiente información para valorar en su justa medida las perspectivas, ventajas y riesgos de cada alternativa y contrastarlas, señala Alejandro Gorches, director de Gestión de Portafolios de BBVA-Bancomer. "Es muy difícil que alguien por sí solo tenga esa capacidad."

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Inversionistas del mundo, uníos

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Las operadoras de fondos de inversión reúnen a grupos de inversionistas para colocar su dinero en instrumentos tan diversos como acciones, futuros, títulos de deuda privada o de gobierno, divisas o depósitos a la vista y aprovechar así las ventajas de cada instrumento, disminuyendo sus riesgos. El objetivo es conformar un portafolio que cumpla con las expectativas de quienes confían su capital.

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Se puede ingresar a un fondo de inversión con un capital desde $5,000 pesos, aunque la media, según Gallegos, es de $100,000. De acuerdo con el monto, el perfil y el plazo deseado por el ahorrador, el fondo ofrece opciones de mayor o menor riesgo a cambio de una comisión por administración que va de 0 a 5%, según cada plan.

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Gorches agrega que el auge experimentado por estas sociedades se ha ligado directamente al desarrollo de varios países: en Estados Unidos, el valor de los fondos equivale a 73% de su Producto Interno Bruto (PIB), mientras que en Italia y Francia representan 50% y en Brasil alcanza 26%. No obstante, en naciones como México y Argentina no rebasan 4 o 5% del PIB.

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La situación podría revertirse este año, opina el directivo de BBVA-Bancomer, pues en el país ya se dan las condiciones económicas de bajas tasas de interés, inflación controlada y estabilidad cambiaria, una combinación que posibilitó el desarrollo de los fondos en otras naciones. Además, la nueva ley de sociedades de inversión fomenta una mayor transparencia y confianza del inversionista en este tipo de empresas, pues obliga a las casas de bolsa, instituciones bancarias y financieras que operaban en ese renglón a constituir sociedades independientes para poder continuar con esta línea de negocio.

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Los fondos son monitoreados por empresas calificadoras que verifican su confiabilidad en el manejo de las inversiones mediante el otorgamiento de un grado de inversión –semejante al que dan a los países y empresas que emiten deuda–, y también por valuadores profesionales que observan que los precios y rendimientos ofrecidos a los ahorradores sean acordes con el mercado.

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Aunque al cierre de esta edición la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) no había emitido aún el reglamento de la Ley de Sociedades de Inversión –vigente desde el 5 de diciembre–, los fondos ya tienen la opción de invertir en las acciones de otros. Los fondos de fondos (como ya se les conoce) buscarán sin restricción alguna mejores rendimientos en cualquier instrumento donde lo puedan hallar, algo que anteriormente no se permitía.

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"Con esta nueva ley –dice Gallegos– el país entra en una etapa moderna en cuanto a inversiones."

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¿Y el dólar?

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Los analistas coinciden en que en la diversificación todo cabe. Así, aun cuando durante 2001 la compra de dólares arrojó pérdidas a quienes apostaron por un tipo de cambio más alto al cierre de ese año, para 2002 no es una opción descartable, puesto que si bien no se espera una devaluación fuerte, se cree que habrá una ligera tendencia a la depreciación de la moneda local, lo cual hace de la inversión en la divisa estadounidense una forma de conservar el valor del capital. Pese a sus inconvenientes de liquidez, también se considera viable resguardar el valor del dinero a través de bienes raíces.

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Aunque es cierto que "el dinero tiene cada vez menos fronteras", según Adrián Aguirre, director comercial de Portafolios de BBVA-Bancomer, no es necesario salir del país para encontrar oportunidades de inversión adecuadas y rentables, puesto que aquí hay muchas de ellas.

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Pimienta coincide. Durante 2001, la BMV obtuvo rendimientos reales de 4 o 5% y medida en dólares fue la cuarta de mayor rentabilidad en el mundo, mientras que el Dow Jones y el Nasdaq tuvieron saldos negativos.

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Para Aguirre, una ventaja en 2002 es que México ya tiene una gama de opciones de inversión mayor que en el pasado, para diversos perfiles y tamaños de inversionistas. Eso favorece la estrategia recomendada por los especialistas: no poner todos los huevos en la misma canasta.

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