&#34Aquí no hay engaños&#34 <br>Albert

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No hay más ferviente promotor y defensor de la nueva regionalización de Jalisco que su gobernador, Alberto Cárdenas Jiménez. Quizá porque cuando fue presidente municipal de su natal Ciudad Guzmán le tocó sentir en carne propia los efectos de una planeación centralizada que, en aras de favorecer a la capital del estado y a su zona conurbada, se olvidó de generar un desarrollo más equilibrado en el resto del territorio jalisciense. El reto para revertir esa tendencia y construir la pirámide de abajo hacia arriba se antoja mayúsculo, pero a Cárdenas no lo amedrenta. Por el contrario, en cada una de sus palabras desborda optimismo, aun cuando a la vuelta de la esquina Jalisco está por vivir un cambio de estafeta en sus 124 municipios.

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Desde el principio de su administración usted planteó que le apostaría fuerte al desarrollo regional. Entonces, ¿por qué esperó hasta casi la mitad de su gestión para lanzar un nuevo plan de regionalización?
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Porque primero tuvimos que emprender la cultura de la planeación, del logro, de la solidaridad y de los retos puestos en un papel, para luego emprender otra etapa más. De esta forma, hicimos con cerca de 110 municipios la planeación estratégica de cada uno de ellos; les pedimos que ensamblaran su gasto, su inversión a la solución de problemas, y vimos que, si se plantearon 15 cosas importantes en cada municipio, 70% se lograron. Así tenía que arrancar este proceso, para que todos los alcaldes creyeran que sí es factible un proyecto de envergadura como es la regionalización.

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Hay presidentes municipales que creen que la regionalización es tardía porque ellos ya van de salida, mientras otros piensan que fue precipitada y que seis meses no fueron suficientes para involucrarse en ella...
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En 124 alcaldes podemos encontrar esa diversidad. Como tenemos unas locomotoras de primera, tenemos también vagones. Hay algunos que han visto el arranque frío, pero con los trabajos que se han venido haciendo se demuestra un poco lo contrario. Yo soy muy optimista de cómo vamos en el tiempo, jalándonos unos a los otros, tirando fuerte por parte del gobierno del estado y, sobre todo, por parte del Comité de Planeación para el Desarrollo del Estado, que es la institución que tiene a su cargo este proyecto.

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¿No hay peligro que, a pesar de las bondades del plan, éste pueda perder fuerza por falta de participación?
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Creo que ha cambiado un poco la cantidad por la calidad de la participación. Al final de cuentas han quedado los que están más comprometidos con los demás, los que ven que la regionalización es una solución real para Jalisco y sus municipios.

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Pero la gente tiene desconfianza de que la regionalización sea una lista más de buenos propósitos; quiere hechos concretos, resultados...
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Precisamente porque la mayor parte de la población no quiere planes, sino hechos, este año habrá frutos de la regionalización. En diciembre vamos a hacer los anuncios en cada región en cuanto a recursos, apoyos y proyectos, que tendrán que arrancar en las tres o cuatro semanas siguientes. A nosotros nos toca levantar la fe en la planeación, en los controles de la planeación. Aquí nunca ha existido la cultura de la planeación; por eso estamos como estamos. En cambio, todos los países exitosos es porque han tenido planes. Yo tengo mi especialidad en planeación, y por eso sé que si no le apostamos a un compromiso muy sólido y solidario entre sociedad y gobierno, simplemente no funcionamos.

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Algunos expertos consideran la regionalización como un experimento sociopolítico en el que se trabaja a base de ensayo y error; otros lo califican como un plan romántico...
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Efectivamente, no es un receta ya probada en laboratorio para llevársela a los municipios, que se la digieran enterita, y la hagan sin chistar en nada. En la democracia es muy diferente. Hoy Jalisco vive la democracia y la practica con la regionalización. Yo les decía a los alcaldes que pudimos haber depurado el plan aquí en los escritorios, en las computadoras. Pero hemos visto que los planes centralizados no funcionan. El plan no es la perfección, pero creo que tiene todo el sustento moral, ético, democrático, -político, económico y financiero para que tenga éxito. Aquí no hay engaños ni compromisos falsos que luego nunca se cumplen. La palabra está empeñada.

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Pero ya había antecedentes de planes de regionalización -en Jalisco; la misma división que había del estado en 10 regiones...
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Dígame si eso sirvió de algo.

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¿No sirvió de sustento?
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¿Para qué?

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Entonces, ¿es volver a partir de cero?
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Sí. La configuración anterior de las regiones se hizo sin tomar en cuenta a nadie, por conveniencia del gobierno; pero nunca pasó de ahí, nunca funcionó. Nosotros tuvimos que pasar por un año de consenso, en donde todos los alcaldes, todas las dependencias federales y estatales quedamos de acuerdo en que esa es la mejor división por ahora. La Comisión Federal de Electricidad y las demás dependencias federales están trabajando bajo el esquema de la regionalización. Nuestras dependencias estatales están también presupuestando en base a la regionalización y sabemos exactamente cuántos recursos se están induciendo a cada región. Hoy es muy diferente; ¡ni qué comparación con el pasado, por Dios! Hoy Jalisco tiene una buena planeación, democrática, que es mucho más difícil que una planeación centralizada. Hoy estamos construyendo la pirámide de abajo hacia arriba.

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¿Serán las elecciones del 9 de noviembre la primera prueba de fuego para el plan de -regionalización?¿Cómo garantizará su continuidad cuando hay un cambio de autoridades en los 124 ayuntamientos?
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La regionalización es una estrategia que el estado reclama para ser un estado atleta, ganador, vigoroso, equilibrado, más justo, más humano. Esa es una idea que ha sido digerida, que ha sido tratada de tal forma que no creo que vaya a estar sujeta a pruebas en este proceso electoral. Es más, estoy convencido que en un mosaico menos fuerte para el Partido Acción Nacional (PAN), aún seguiría este proceso. De todos modos, antes que los nuevos alcaldes entren en funciones en enero, nos vamos a reunir con ellos para que conozcan el programa de regionalización y tengamos todo su apoyo.

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Los más suspicaces ven en este plan un fuerte componente político, como si el gobierno estatal se empeñara en demostrar que está haciendo algo antes de las próximas elecciones...
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Ciertamente, tiene un fuerte contenido político. ¿Qué entendemos por lo político? Podría ser andar levantando votos con la bandera del pan, pero no es así. Le llamo político porque es la convocatoria, es la suma de voluntades, es ponernos de acuerdo en lo fundamental, en la visión de largo plazo, en la distribución de los recursos, en qué es lo que realmente necesita cada región. Ésa es la verdadera política. Aquí no estamos excluyendo –como antes se hacía– a nadie. Es un todos por Jalisco.

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Aún hay zonas cuyos rezagos y carencias son enormes. ¿Cómo pretende la regionalización superar esas grandes desigualdades para crear justicia?
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Este año, como nunca en toda la historia de Jalisco, tenemos un equilibrio presupuestal mejor dado. Le puedo decir que ahora la región de los huicholes tiene la inversión per cepita más alta de todo el país. Ahí viven 73,000 personas y tiene un presupuesto global de casi $120 millones de pesos. En cambio, en la región de la Ciénega de Chapala viven 350,000 personas y tiene una inversión de $220 millones de pesos. En cuanto terminemos este ejercicio –en noviembre– vamos nuevamente a medir los grados de marginalidad de todos los municipios y sus regiones. En Jalisco no queremos gastar un solo peso que luego sea inservible. Por eso es que todo lo que se vaya a gastar a partir de 1998 pasará por un filtro de decisión de inversión.

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Parece que los recursos siempre serán insuficientes ante las necesidades que tiene que cada región. En ese sentido, ¿cómo darle a cada región la capacidad económica mediante otros mecanismos para asegurar la ejecución de los proyectos que van a ser detonadores?
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Creo que en el seno del Congreso tendremos que llegar en los próximos meses al meollo del federalismo fiscal, para romper la manera de ingresar los recursos públicos. Actualmente, la fórmula del 97-1-2 –en el que de cada $100 pesos $97 son para la federación, $1 para el estado y $2 para el municipio– es improcedente para los tiempos del país. Si esto no cambia, va a ser difícil que los municipios sean más viables y fuertes. Pero también los municipios deben irse preparando para eso. Tenemos que -prever que a los municipios lleguen los mejores hombres.

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La inversión extranjera se sigue concentrando en la zona metropolitana de Guadalajara. En otras regiones del estado sigue faltando infraestructura, lo cual es un cuello de botella para el desarrollo. ¿Cómo romper con ese círculo vicioso?
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La gran responsabilidad es del estado. Nosotros le hemos pedido a los alcaldes que, por lo menos, se metan de lleno en facilitar el terreno. Ellos pueden concertar más fácil con los ejidatarios para que se junten 30, 40 ó 50 hectáreas y digan: “Aquí está este terreno para que ahora tú, gobierno del estado, lo equipes”. Por otro lado, estuve pidiendo que los recursos que llegan a las ciudades medias fueran para proyectos que generen riqueza. Si vemos que hay una carencia de suelo industrial, se puede destinar una parte de los recursos a la compra de reserva urbana y, al rato, ese terreno se puede equipar. Lamentablemente, el marco del programa de ciudades medias queda ajustado para equipamiento urbano. Tenemos que romper esa cuadratura para darle mayor margen a los municipios y que sus recursos los induzcan a lo productivo. Lo que se trata es que haya más riqueza, más fuentes de ingresos en los mismos municipios y estados. Otro mecanismo que hemos puesto es el reglamento de inversiones, una fórmula que favorece bastante la ubicación de las empresas en el interior del estado, y con la que se pueden duplicar o triplicar los pocos beneficios que podemos dar. Este año estamos dando $30 millones de pesos para incentivos de ese tipo, de los que 65 ó 70% han sido para el interior del estado.

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¿Será posible romper con la excesiva concentración y centralización que vive la zona metropolitana de Guadalajara?
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Sí. Es preocupante que actualmente entre 75 y 80% de toda la actividad económica que se vive en Jalisco se dé en 1.8% del total del territorio del estado. Esto causa en la zona metropolitana problemas de inseguridad pública, de contaminación, de aseo público, de transporte. Será un proceso que llevará varios años. Para el año 2001 –cuando terminemos– no vamos a tener el proyecto como lo queremos, pero estoy seguro que irá en la tendencia hacia lo que sí aspiramos. Si hemos logrado grandes retos para el estado, que nos planteamos hace dos años y medio y que nos parecían casi imposibles, hoy con éste ya nos agarran a buen ritmo.

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