&#34El crecimiento debe ser sostenible&#

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Un crecimiento sostenible en el tiempo. Ésta es una constante en las preocupaciones de Guillermo Ortiz Martínez, nuevo gobernador del Banco de México, una institución apartidista que, sin embargo –expresa–, tiene una función política: participar en el debate nacional sobre la política económica de Estado.

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“El banco central debe buscar que la baja de la inflación sea sostenible”, dice en entrevista con Expansión y, mirando al pasado reciente, añade: “De poco nos sirvió haber obtenido una inflación de 7% en 1994, ya que los desequilibrios que se fueron generando y los factores políticos hicieron insostenible esa trayectoria.”

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Sin mencionarlo expresamente, Ortiz se aparta así de la obsesión antinflacionaria atribuida a su antecesor en la gobernatura de Banxico, Miguel Mancera, y también de su antigua atracción por el régimen de predictibilidad y de paridad de equilibrio. “El régimen de flotación ha probado ser adecuado para este país”, sostiene.

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Al hablar de lo bien que le ha ido a México en la crisis del sudeste asiático, Ortiz advierte que esto no anula la posibilidad de repercusiones en este país. Apunta incluso una de ellas: el previsible aumento en las exportaciones asiáticas representará enorme competencia para México y Latinoamérica.

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¿Y el tipo de cambio? Si la percepción del mercado es que, ante la situación asiática, el tipo de cambio se debe ajustar, se ajustará y el Banco de México buscará que esos ajustes se den “como corresponde en un régimen de flotación libre”.

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Comenzamos un nuevo año que sigue a otro caracterizado por una elección que aportó un nuevo marco político en este país. Son años muy significativos en la vida de Guillermo Ortiz: uno por ser el último en la Secretaría de Hacienda, otro por ser el primero como gobernador del Banco de México. Es obligado hablar de ambas instituciones. ¿Cómo deja usted Hacienda?
Lo más importante es que, desde el punto de vista de las responsabilidades sustantivas de esa Secretaría, se pudo superar la crisis financiera. Esto involucró dos vertientes de acción muy importantes: la primera fue la consecución del paquete financiero de apoyo para México, hasta hace poco el mayor que se había armado para un país (ahora ya nos superaron los coreanos y probablemente también lo haga Indonesia). El otro elemento fundamental fue el programa de ajuste que hubo que poner en marcha en 1995 para superar los desequilibrios macroeconómicos que originaron la crisis. Siento que se logró mantener el control de las finanzas públicas en tiempos a veces muy complicados y que esto se tradujo, dentro de una política monetaria coordinada con el Banco de México, en poder restablecer, primero, las condiciones de operación normales en los mercados, y luego la confianza de los inversionistas de afuera y de adentro. Lo anterior permitió superar lo más grave de la crisis en un tiempo relativamente corto y encauzar a la economía, ahora, a una situación de crecimiento sostenible.

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Segundo aspecto que quisiera destacar: se consolidó un equipo de gente de excelencia en la Secretaría de Hacienda, que se armó en una etapa crítica (primeros meses de 1995) y que llegó a funcionar muy bien. De esta manera se pudo superar un segundo reto muy importante, que fue lograr la aprobación por el Congreso de un presupuesto que, por primera vez en la historia, pasó por una Cámara plural.

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¿Qué tan intensas fueron esas semanas de negociación de la Secretaría de Hacienda con una Cámara que quería pintar su raya frente al Ejecutivo y, justamente, el instrumento que se le presentó era el presupuesto?
Fueron semanas muy intensas. Y aquí hubo algunos elementos que conviene destacar. Uno de ellos es que también por primera vez se comenzó a platicar con la Cámara de Diputados y sus comisiones antes de haber presentado el presupuesto. Normalmente el procedimiento era que, toda vez que la Constitución establece como fecha límite el 15 de noviembre, el diálogo con las comisiones se iniciaba después de esa fecha. Ahora, a fines de septiembre, al día siguiente que se instalaron las comisiones, yo me reuní con las mesas directivas de ambas y acordamos una agenda de trabajo cuya finalidad fue la de ir sensibilizando a los diputados y a los miembros de las comisiones de los problemas más importantes del presupuesto, además de otorgar toda la información que se fue requiriendo. De manera que cuando presentamos el presupuesto, que fue cinco semanas después, ya habíamos tenido docenas de reuniones. Fue un trabajo muy intenso. Se presentó el presupuesto unos días antes del 15 de noviembre, tuve que comparecer dos veces ante el pleno de la Cámara. De ahí siguieron todas las negociaciones, que culminaron afortunadamente el 15 de diciembre. Pero sí hubo momentos muy difíciles, porque era una situación inédita. Se enfrentó la situación con el llamado bloque opositor, que tenía ciertos intereses comunes pero también diferencias sustantivas en algunos de los temas. Éstas fueron aflorando con el paso de los días y finalmente derivaron en una negociación con el Partido Acción Nacional, que se sumó al Partido Revolucionario Institucional para la aprobación del presupuesto. Es la primera vez, desde que se fundó el PAN, que ese partido vota a favor del presupuesto.

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Las monedas de Asia están a la baja, incluido el yen, y las bolsas del mundo atraviesan un periodo de inestabilidad. ¿En dónde se sitúan México y el peso en esta vorágine bursátil y cambiaria?
Como se ha visto en las últimas semanas, con el recrudecimiento de la crisis asiática, los mercados en México han respondido muy bien. Obviamente, hemos tenido caídas de la bolsa, pero el tipo de cambio, que sí experimentó rachas de volatilidad, a los pocos días volvió a los niveles previos. Incluso se ha apreciado en las últimas semanas respecto de los niveles alcanzados a raíz de los primeros embates. La razón de esto es clara: México tiene fundamentos macroeconómicos sanos y los inversionistas, tanto de adentro como de afuera, están distinguiendo cuáles países poseen estos fundamentos y cuáles no. En esta primera ronda de inestabilidad financiera en los mercados México ha salido mejor librado que cualquier otro mercado emergente. Esto no significa que no tengamos posibles repercusiones con la crisis del sudeste asiático.

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¿Es preocupante el tipo de cambio actual?
No me refiero tanto al tipo de cambio, sino al impacto de la crisis asiática sobre el mundo, a la muy posible reducción del ritmo de crecimiento de la economía mundial, en particular en toda la región de Asia. Los pronósticos cambian constantemente y es difícil hacer uno acertado hoy en día, pero de seguro habrá una contracción económica importante en varias economías asiáticas y esto representará, por una parte, una fuerza negativa en relación con el dinamismo de la economía mundial que se esperaba en 1998. En segundo lugar, con las devaluaciones tan profundas que han sufrido los países asiáticos y la contracción de la propia demanda interna, estas economías tratarán de exportar lo máximo que puedan. Y esto representará competencia para México y para toda América Latina en los mercados europeo, norteamericano y en los propios. Tanto desde el punto de vista financiero como real, la crisis asiática es muy preocupante.

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Precisamente, en relación con esa competencia que se avecina y la corriente que habla de sobrevaluación del peso, ¿cómo ve usted en este momento la paridad?
Tenemos una enorme ventaja: el tipo de cambio que está determinado por el mercado es el libre. El régimen de flotación nos ha servido muy bien en estos últimos años. Es evidente que si la percepción del mercado es que, ante la situación asiática, el tipo de cambio debe ajustarse, pues se va a ajustar; y las autoridades monetarias, en particular el Banco de México, buscarán que esos ajustes se den como corresponde en un régimen de flotación libre.

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En el Plan Nacional de Desarrollo, que usted armó como autoridad hacendaria, se apunta la posibilidad de volver al régimen de predictibilidad. ¿A corto o mediano plazo se cambiará el tipo de cambio flotante por una paridad de equilibrio frente al dólar?
Cuando se tuvo que abandonar la banda cambiaria a fines de 1994, en la Secretaría de Hacienda pensamos que este régimen de flotación tendría un carácter temporal; que habría que examinar, a la luz de la experiencia, la conveniencia de darle mayor certidumbre al tipo de cambio. Con el paso del tiempo, el régimen de flotación ha probado ser adecuado para este país y mi convicción se ha ido reforzando cada vez más, en particular después de las experiencias de los países asiáticos, que han abandonado los regímenes de bandas. El mundo se está yendo hacia dos sistemas cambiarios extremos: sistemas de tipo de cambio muy fijo, como el caso de las cajas de conversión de Argentina o Hong Kong; o bien, sistemas de tipo de cambio flotante, como el caso de México y muchos otros países en desarrollo. Los sistemas cambiarios híbridos están demostrando que son más difíciles de operar y de mantener.

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¿Será posible conservar la previsión de tipo de cambio de $8.74 pesos por dólar en promedio durante 1998?
Esa no es una predicción, es un supuesto. El tipo de cambio que se incluye en los Criterios Generales de Política Económica es un supuesto que es necesario hacer para poder presupuestar. Ello, en razón de que tenemos flujos de ingresos (principalmente exportaciones de petróleo) y de egresos (por el pago de los intereses del servicio de la deuda) en moneda extranjera.

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Hablemos de la autonomía. Todavía no se conoce la iniciativa de reformas del presidente Ernesto Zedillo para fortalecer la autonomía del Banco de México. Pero, tal como está en este momento, si la Constitución habla de autonomía, pero en materia de cambios le deja la última palabra a la Secretaría de Hacienda, ¿no estamos ante una autonomía acotada?
Las prácticas respecto de este tema en el mundo varían mucho. Hay bancos centrales autónomos que comparten la responsabilidad de la determinación de la política cambiaria con el Ejecutivo; hay otros que no. Ciertamente, en la medida en que la responsabilidad de la política cambiaria recaiga sobre el instituto central, éste será más autónomo; pero no necesariamente un banco central que no tenga la política cambiaria bajo su total control no ejercerá un grado considerable de autonomía.

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Con la ley del Banco de México como está, Guillermo Ortiz, secretario de Hacienda, tenía la última palabra en materia cambiaria. Con un Banco de México con mayores facultades en esta materia, Guillermo Ortiz seguirá teniendo la última palabra...
No, no será Guillermo Ortiz, será la Junta de Gobierno del Banco de México.

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Pero es la Junta de Gobierno presidida por Guillermo Ortiz. Con esto, ¿no se vulnera de algún modo la autonomía?
No, no veo por qué se vulnere la autonomía. Explíquenme, no entiendo.

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La decisión del Presidente de mantener, de cualquier manera, su visión de política cambiaria, que es la que comparte con quien fue su secretario de Hacienda.
Las decisiones en materia de política cambiaria, en el caso de que sea aprobada la iniciativa del Ejecutivo, se tomarán por la Junta de Gobierno del Banco de México.

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¿Quién sustituirá a Francisco Gil Díaz?
Eso lo veremos en unos días.

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¿Quién le gustaría a usted?
Es una decisión del Presidente de la república, que se somete a la consideración del Senado. Yo no tengo nombres.

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¿Cómo sería el papel del Banco de México en un escenario en que el gobierno, independientemente del partido del que provenga, tuviera una visión distinta a la del banco central?
La función primordial del Banco de México, como lo marca la Constitución, es la de preservar el poder adquisitivo de la moneda. Como es el caso de todos los bancos centrales en el mundo, el Banco de México tiene como objetivo prioritario controlar la inflación y procurar condiciones de estabilidad en los mercados financieros. Este es un objetivo que es parte de uno más importante:
tener una economía en crecimiento, con creación de empleos, con un crecimiento que pueda ser sostenible en el tiempo. El banco central, como mejor puede contribuir a este fin, es ayudando a establecer condiciones de estabilidad en los mercados. Un ingrediente fundamental es que haya expectativas de que la inflación va a la baja, porque eso facilita las decisiones de los agentes económicos en materia de inversión. Son muy conocidos los efectos nocivos de la inflación sobre la distribución del ingreso y sobre el crecimiento.

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Para conseguir los objetivos del desarrollo económico, es fundamental que el banco central sea muy claro en su actuación, que no sólo utilice sus instrumentos de política monetaria para procurar la estabilidad de la moneda, sino que sirva como una especie de radar para captar desequilibrios embrionarios que se produzcan en la economía, los cuales pudiesen poner en peligro el objetivo de reducir la inflación en el tiempo y de mantener la estabilidad en los mercados financieros. Es evidente que el banco central por sí mismo no garantiza ambas cosas, sino que deben coordinarse siempre los distintos instrumentos de la política económica. Pero sí es una función importante de todo banco central dar su opinión sobre la marcha de la economía y ejercer sus facultades específicas para obtener los resultados que, en el caso de México, le son encomendados por la ley y la Constitución.

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Ahora que habla de estabilidad inflacionaria y de crecimiento económico, siendo usted secretario de Hacienda se hablaba mucho de las diferencias con el anterior gobernador del Banco de México por la obsesión antinflacionaria de Miguel Mancera...
No hay ninguna duda que más inflación no trae más crecimiento. Ni como secretario de Hacienda, ni como economista, ni mucho menos como banquero central lo he pensado así. Aquí lo importante es que el banco central debe buscar que la disminución de la inflación sea sostenible. De poco nos sirvió haber obtenido una inflación de 7% en 1994, ya que los desequilibrios macroeconómicos que se fueron generando y los factores políticos hicieron insostenible esa trayectoria de baja inflacionaria. Lo fundamental es buscar que permanezcan los equilibrios macroeconómicos para que la inflación vaya continuamente a la baja. Lo que no podemos hacer es bajar artificialmente la inflación.

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Ahora que menciona 1994, ¿cómo visualiza el fin de este sexenio de cara al pasado, a lo traumático que han resultado las etapas finales de los anteriores sexenios?
Como secretario de Hacienda me tocó coordinar la elaboración del Programa Nacional de Financiamiento al Desarrollo. Justamente, en dicho documento se menciona que un objetivo prioritario de la política económica hacia fines de sexenio será el de evitar una crisis financiera en el año 2000. De manera más general, lo fundamental es mantener las condiciones para que la economía crezca. Ya lo vimos en 1997, cuando tuvimos un crecimiento que no habíamos visto en 17 años. Es evidente que en 1998, con la desaceleración de la economía mundial y los problemas de Asia, la economía no crecerá al ritmo del año pasado, pero sí debe mantener un ritmo de expansión que permita continuar con la generación de empleos y que al mismo tiempo no genere los desequilibrios que pongan en peligro esa trayectoria de crecimiento hacia adelante. En el Banco sabemos lo que nos toca.

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Platíquenos del “corto” y del “largo”.
Se trata de un instrumento con que cuenta el Banco de México para influir sobre el comportamiento de los mercados financieros, en particular sobre las tasas de interés. Esto se opera a través de la reposición de liquidez que el Banco realiza diariamente. En condiciones normales, el objetivo del banco es surtir la cantidad de dinero que demanda el mercado. Esto se traduce en un objetivo operativo: que las cuentas de cheques de los bancos en el Banco de México tengan un saldo de cero en promedio. Cuando el Banco de México quiere influir sobre las condiciones del mercado, puede dejar al mercado corto, es decir, no reponer completamente la liquidez que demanda el mercado, lo cual es una señal de que se está apretando la política monetaria y esto tiende a empujar hacia arriba las tasas de interés. El largo es la operación contraria.

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Casi seguramente su carrera en Hacienda ha terminado, pero esto no significa que no vuelva a despachar en Palacio Nacional. Guillermo Ortiz podría estar en la lucha partidaria por la candidatura presidencial del PRI en el 2000. Sabemos que hay candados, pero se pueden abrir; también sabemos que su prioridad en este momento es el Banco de México y sus funciones. Pero, ¿cómo ve la posibilidad presidencial para Guillermo Ortiz en el 2000?
Me acaban de tomar la palabra exacta. Mi prioridad es concentrarme en estas funciones. Ciertamente el banco central, por definición, debe ser y es una institución apartidista. Tenemos que funcionar para procurar condiciones que garanticen la estabilidad económica del país, sin apoyar ninguna fracción política. Lo cual no significa que el Banco de México no tenga una función política, que es la de participar en el debate nacional sobre la política económica de estado, reflexionar sobre el rumbo futuro de la economía, detectarlos desequilibrios que se puedan generar.

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