&#34El medio ambiente puede ser un gran

Según el INEGI y el Banco Mundial el costo anual de la degradación ambiental equivale a 11% del PI

Vaya complicación la que tiene Víctor Lichtinger, titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). Basta con abrir en cualquier parte la agenda de los pendientes ambientales para encontrarse con una maraña de problemas tan añejos como difíciles de resolver en el corto plazo. Pero, como el propio secretario señala, para estos temas nunca es tarde. A continuación, un extracto de la conversación de Lichtinger con Expansión.

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¿Qué relación espera y debe tener la Semarnat con la iniciativa privada?

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Una relación de mucha promoción, sobre todo. Creo que la industria privada tiene una gran oportunidad en el tema ambiental, ya que el medio ambiente puede ser un buen negocio. Sólo es cuestión de cambiar algunas políticas para darle certidumbre a la inversión y para que los particulares sepan que hay una oportunidad rentable. La relación que sostendremos con el inversionista será de mucha apertura, de escuchar cuáles son los problemas y, sobre todo, de certidumbre en las condiciones y reglas claras en toda la legislación ambiental.

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¿Dónde visualiza las mayores oportunidades de inversión?

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En primer término, en el rubro del agua. Tenemos un gran rezago al respecto. Hemos calculado que se requiere una inversión anual de $30,000 millones de pesos. Normalmente, esto se hacía con recursos fiscales, pero ahora ya no los tenemos. Además, éstos se han utilizado en el pasado incorrectamente, en forma no eficaz. La inversión privada puede ser mucho más eficiente, puede ayudarnos mucho a cubrir esos grandes rezagos, tanto en tratamiento como en agua potable y en distribución.

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El segundo rubro donde habrá muchas oportunidades son los residuos: basura, desperdicios municipales y sólidos. Ahí hay mucha oportunidad de reciclar. Nosotros la generamos, pero lo que no sabemos es que mucha de la basura que tiramos tiene un valor. El aluminio de las latas, por ejemplo. Acabo de tener contacto con una empresa que recicla botellas de pet; las hace fibras y hace casimires para trajes. Son oportunidades de negocio muy originales, con rentabilidad importante. También hay alternativas en el manejo mismo de la basura y en los rellenos sanitarios. En México tenemos un rezago tremendo en este aspecto.

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Otro asunto muy importante es el de los residuos peligrosos: su manejo, reutilización, reciclaje, incineración o confinamiento final. Ahí hay posibilidades muy rentables para entrar a una inversión de largo plazo, con tecnologías modernas y seguras.

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En relación con la reforma fiscal que se propone, ¿se está pensando en incentivos para generar o alentar un comportamiento empresarial de carácter sustentable?

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Hemos introducido dos o tres temas, que son la entrada de lo ambiental en lo fiscal. En el pasado, nunca se había intentado ni logrado poner en orden lo ambiental a través de una política fiscal importante. Ahora tenemos esta posibilidad y la estamos aprovechando, aunque nos falta muchísimo por hacer. En primer término, estamos proponiendo que se cobre el uso del agua para industrias ahora exentas. Éstas, paradójicamente, son grandes usuarias, y muchas se encuentran en sitios donde hay una gran escasez. Esa agua que se utiliza está compitiendo con otros usos, sobre todo el humano, por lo que es muy importante lograr que empiecen a usarla racionalmente. Y no empezarán a hacerlo a menos que les cueste.

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En segundo término, proponemos un esquema de renegociación de la gran deuda que tienen los municipios con la federación en cuanto a los derechos de descargas de agua. Hay en la ley disposiciones para que, cuando el municipio descargue aguas contaminadas, negras, pague una cantidad a la Comisión Nacional del Agua. Sin embargo, la gran mayoría no está pagando sus cuentas y no tenemos una manera muy clara de hacerlos cumplir.

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La contaminación de las aguas es gravísima: 93% de los cuerpos de agua en México están contaminados. No estamos haciendo un uso adecuado de ella, no la reutilizamos. En Estados Unidos y en Europa se usa hasta seis veces: se usa, se ensucia, se reutiliza, se vuelve a tratar, se vuelve a emplear. Nosotros no la tratamos. En la reforma hacendaria trataremos de introducir un mecanismo de incentivos para que los municipios empiecen a pagar o tengan la posibilidad de involucrar a la inversión privada en el tratamiento de las aguas.

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¿Se plantea algún esquema similar de incentivos fiscales para los empresarios?

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Antes de empezar con los incentivos, lo primero que debemos hacer es asegurarnos de que los grandes usuarios paguen el costo real del agua. Cuando ya estemos en orden, podremos ofrecer un incentivo a quienes cumplan más allá. Esta reforma hacendaria nos da la oportunidad de meter un pie de lo ambiental en lo fiscal. Nunca se había logrado.

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Otro tema donde estamos introduciendo lo ecológico en la reforma hacendaria es en la calidad del aire, sobre todo en las grandes ciudades (México DF, Monterrey, Guadalajara). Estamos proponiendo reformular el Impuesto Sobre Autos Nuevos (ISAN) para que sea un gravamen ecológico, e incentivar la compra de los automóviles que contaminen menos. Cuando hicimos los estudios para determinar este esquema, nos percatamos de que hay una gran diferencia entre autos y marcas con respecto a cuánto contaminan. Y los consumidores no lo sabemos. De acuerdo con la reacción del consumidor y de los fabricantes, proponemos ir reduciendo poco a poco el impuesto, hasta que sea muy pequeño. Todo esto causará que la industria automotriz venda más unidades, que haya mayor demanda, inversión y generación de empleo. Y calculamos que en cinco años los consumidores estarán eligiendo los autos más limpios del mercado. Esto es algo muy innovador.

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Por otro lado, estamos incluyendo dentro de la reforma una iniciativa para obtener recursos. Proponemos que el público pague una cantidad en sus visitas a las reservas naturales, dinero que se podría utilizar en la protección de las áreas naturales. Ahora hay un decreto que las protege, pero no tenemos recursos ni ingresos que nos permitan cuidarlas. Lo que está muy claro en todo este tema es que nadie aprecia lo que no paga.

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¿Hay algún programa especial para pequeñas y medianas empresas?

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Nuestro diagnóstico apunta a que el mayor rezago está relacionado justamente con las pequeñas y medianas empresas (pymes). Ha habido muchos avances en la introducción de tecnologías limpias en las grandes empresas, sobre todo en las que tienen un vínculo con el mercado exterior, pero la situación de crisis de los últimos 20 años ha rezagado a las pymes. En términos ambientales esto es muy relevante, porque son más de 90% de las empresas en México y son responsables de 60% de toda la producción nacional. Cuando consideramos a todas juntas, su impacto ambiental –hay estudios que lo dictaminan– es muy importante.

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Sí tenemos toda una política para las pymes, que estamos empezando a construir junto con la Secretaría de Economía. Idearemos diferentes mecanismos. Por ejemplo, se está pensando en un fondo muy claro de reconversión de dichas empresas para que puedan tener acceso a crédito barato a través de la banca de desarrollo. Creo que hay $1,000 millones de pesos, enfocados a que puedan invertir en tecnologías nuevas, que las hagan competitivas y rentables, y que al mismo tiempo usen los recursos naturales más eficientemente y contaminen menos. Aquí hay una clara coincidencia entre la inversión, la modernización de los procesos productivos y el cumplimiento de la legislación ambiental.

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También vamos a preparar nuevas leyes en este aspecto para pequeñas y medianas empresas. No es posible que todas sean iguales. Es importante que las pymes tengan certidumbre de qué deben hacer para cumplir con las leyes en un plazo, digamos, de cinco o 10 años, y que se preparen para llegar a esas metas de limpieza que les pediremos.

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¿Cuáles son los principales defectos del actual marco legal en materia ambiental? ¿Con qué iniciativas y mecanismos la Semarnat busca vigilar la aplicación de las leyes en este rubro?

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Definitivamente, el costo de la degradación ambiental es muy importante. Hay un análisis del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) y del Banco Mundial donde se afirma que cada año perdemos 11% del Producto Interno Bruto por esta causa, costos a la salud relacionados con la contaminación ambiental y degradación de los recursos naturales. Este 11% es comparable con el costo del Fobaproa cada año. Son cantidades muy grandes que no se consideran en las cuentas nacionales y que, sin embargo, nos están cada vez haciendo más pobres como país.

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Como nación, nuestro capital se reduce año con año. De hecho, es como si en una empresa siguiéramos produciendo y produciendo, sin nunca depreciar, sin nunca tener un fondo para mantenimiento, para modernización de nuestro capital (que puede incluir capital humano, físico y tecnológico). Con el tiempo, la empresa se empobrece. Entonces, es necesaria no sólo la legislación, sino toda la política ambiental. Es mejor prevenir que restaurar, porque es más barato incluir la variable ambiental en las decisiones económicas de los sectores privado y también público. Tenemos que cambiar políticas, programas y leyes.

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¿Qué se puede hacer si el presupuesto destinado a la Semarnat parece insuficiente para alcanzar sus metas?

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Nuestro presupuesto debe ser mucho mayor y vamos a pelear dentro del gabinete para obtener un mayor pedazo del pastel. Esto se logrará si se consigue la reforma hacendaria, gracias a la cual tendremos más posibilidades de repartir un pastel más grande. Pero, además, hay que utilizar mejor los recursos, que hasta ahora no se han usado bien. Un ejemplo: por primera vez tendremos una bolsa para la investigación ambiental. Nunca había existido en México una bolsa de dinero importante para aplicarlo en ciencia y tecnología, en investigación económica y de política ambiental, etcétera. Ahora nosotros, junto con el Conacyt, tendremos un fondo que empezaremos con $150 millones de pesos, y que será muy importante para vincular a las universidades y a los centros de investigación en todas las prioridades ambientales de México. Estos no son recursos nuevos. Los ahorramos de otros lados: burocracia, ineficiencias, etcétera. Creo mucho en la eficiencia, estoy convencido de que se puede hacer mucho más con menos.

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¿No estamos llegando un poco tarde a estos temas?

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Para estos temas nunca es tarde. Qué bueno que estamos llegando ahora y que no continuamos en la inercia del pasado. Ojalá hubiéramos empezado hace 20 años, pero no vale la pena llorar en este sentido. Lo importante es que tenemos ahora la oportunidad, muy relevante, de hacer un cambio radical en la política económica y ambiental, de prevenir y empezar, poco a poco, a cubrir los rezagos que tenemos en materia de agua, residuos peligrosos, basura, en todas las cosas que hemos dejado a un lado en el pasado. Tenemos que detener primero la degradación y luego empezar a trabajar para cubrir esos rezagos.

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