&#34Falta una política industrial&#34

El polémico Joseph Stiglitz propone un impuesto antioligopolio y advierte una convergencia con los

Es la voz incómoda de la economía global. Con su premio Nobel de Economía 2001 bajo el brazo, encabezó una crítica feroz a las políticas aplicadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) ante las crisis asiática y rusa de finales de los 90, y el Consenso de Washington aplicado por los países latinoamericanos para superar la crisis de la deuda de los años 80. Una posición que llevó a muchos economistas del desarrollo como Jadish Bahgwati a acusarlo de “irresponsable” (Expansión, 918, junio 22, 2005) o a Francisco Gil Díaz a afirmar que los efectos de la globalización “no se sustentan”.

- Joseph Stiglitz percibe un consenso creciente entre globalifílicos y globalifóbicos sobre qué sigue a los  proceso de privatización, estabilidad macroeconómica y apertura comercial y financiera dictados por el célebre Consenso. En su conferencia del Business Summit de Veracruz, en octubre, presentó un triste balance de la última década de la economía mexicana: un crecimiento del Producto Interno Bruto ajustado por paridad del poder de compra de 1.1%, la ampliación de la brecha de ingreso per cápita con EU por la caída de 20% en los salarios reales y la posición de México como decimosexto país más inequitativo del mundo, entre 177.

- Sus propuestas: primero, aumentar la competencia en el sector privado, lo que exige fortalecer las leyes antimonopolio para que refleje el interés de los ciudadanos, regular los monopolios naturales antes de su privatización y aumentar la provisión de energía a precios competitivos; segundo, fortalecer el sector público mediante una reforma fiscal que incluya un “impuesto al oligopolio”, aumentar la transparencia; tercero, “poner primero a la gente”, con inversión en educación, salud, e implementar políticas procrecimiento mediante la ampliación del crédito (“la exitosa reforma del sistema bancario es uno de sus mayores fracasos”, dice), y la necesidad de mantener una economía macroeconómica no sólo centrada en el control de la inflación, sino también en el crecimiento. “La inflación no es el problema principal. Son el crecimiento y el empleo”. Aboga por la definición de políticas industriales a niveles estatal y federal que identifiquen ventajas comparativas dinámicas: no buscar empresas ganadoras para los mercados globales, sino coordinar inversiones en infraestructura y en educación.

- Doctorado por el MIT, fue el economista jefe del Banco Mundial hasta 2000 y asesor económico del presidente Bill Clinton durante el periodo de mayor crecimiento económico de la historia reciente de EU. Actualmente es profesor de la Universidad de Columbia.

- El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial insisten en que hay que hacer una segunda generación de reformas que consisten, de alguna manera, en lo mismo que usted dice:
En cierto modo estamos hablando de convergencia, un consenso creciente sobre lo que hay que hacer. El Consenso de Washington pone ahora énfasis en la importancia de fortalecer al gobierno, los temas de gobierno corporativo, la competencia, las regulaciones y las desigualdades.

- En ese sentido creo que sí existe un consenso, un debate sobre el equilibrio correcto entre gobierno y el sector privado, pero el debate sobre la privatización no pone énfasis en que algunas afirmaciones son sólo presunciones. Mientras se habla de la segunda generación de reformas, todavía no se enfatizan aspectos como la reforma de la tierra... y no hablo de México, sino de Brasil, donde éste es uno de los temas importantes y no la segunda generación sobre el Consenso de Washington.

- Aún existe la fuerte presunción de que el gobierno no debería estar involucrado en el estado. Se da por hecho cuando la evidencia dice que dos de las compañías petroleras más eficientes son Statoil y Petrobras. Así que para mejorar el estado hay que privatizar, pero una de las lecciones que hemos aprendido es que estos procesos están cargados de conflictos. Y uno de los mayores obstáculos es la desigualdad, el problema de la privatización es que es el origen de grandes desigualdades.

- En México, la privatización de la banca en 1992, en un contexto de mala regulación, generó a largo plazo una deuda del estado de 70,000 millones de dólares. ¿Cómo pudo evitarse?
Ésos son ejemplos de la enorme desigualdad que crearon, las transferencias del dinero que debería pertenecer a lo público y que pasó a individuos privados, y al final ni siquiera generó la situación que se buscaba. Es difícil conseguir un crédito, por lo tanto, la privatización redistribuyó la riqueza de manera equivocada e ineficiente.

- ¿Qué falló? Hubo fallas endémicas. México no es el único país con este problema. Podrían decir, “hicimos las cosas mal, no teníamos el gobierno adecuado”, pero el problema es que el historial en todo el mundo es abismal. Eso debería hacerles sentir mejor, pero hay un daño, y la pregunta es por qué. Y quizá la pregunta principal sea si hubo más errores dentro de México.

- Parte de ello es que cuando la forma de pensar es defectuosa, es más probable la equivocación. El interés por hacer dinero (en una privatización) es tan fuerte que puede moldear las políticas, entonces se pierde de vista el propósito de la privatización. Hay gente que entiende correctamente qué es lo que se debería hacer y otros que lo que quieren es hacer dinero con esto.

- Usted pone mucho énfasis en la importancia de reforzar las leyes de competencia, un debate que hoy existe en México. Muchas veces el público no entiende por qué le tiene que importar este tema.
La ley de la competencia es un asunto muy simple. Si existe un monopolio, esto implica precios altos, y los países sufren dos veces: la primera como consumidores que pagan altos precios y la segunda porque estos precios se usan para producir otras cosas: por ejemplo para la construcción o para producir cemento. Se paga más por los productos y por el uso de los mismos. Hay toda una cadena en acción. Esto significa ser menos competitivos y también conlleva la pérdida de puestos de trabajo. Por lo tanto, no sólo tiene consecuencias en los precios más altos sino que afecta no a una sola industria sino a muchas, y termina reduciendo empleos. Ésta es la relación precio-empleos.

- Usted defiende un gobierno fuerte. En México, el pasado autoritario, la ineficiencia y la corrupción nos hacen tener muchas dudas al respecto.
El debate no debería basarse en el tamaño del gobierno, sino más bien en lo que éste está haciendo. Si el gobierno está haciendo lo que no debería, entonces, en ese caso, tendría que reducirse su tamaño, y si está haciendo lo que debe hacer, tendría que robustecerse.

- Una de las cosa que el gobierno no está haciendo es poner atención en la seguridad privada. Ésa es una función básica del gobierno, así que deberían intentar dar más, y proveer el marco legal. No se puede tener una economía de mercado sin hacer hincapié en la resolución de contratos de forma rápida, y justa. Sin esto, no hay una economía de mercado. Éste es otro ejemplo en donde el gobierno no actúa como  debería. Nadie dijo que el gobierno no puede proveer educación para los más pobres, y éste debe hacer algo al respecto: es necesaria una mayor inversión en educación.

- Usted afirma que el IVA, recomendado para ampliar la base de contribuyentes, no es un buen impuesto. ¿Por qué está mal?
Volvamos a la teoría del IVA. El IVA se considera como un buen impuesto porque es uniforme, no está distorsionado, tal es visto como un impuesto muy amplio, pero por ser grande no es progresivo. En el pasado esto no era un gran problema porque se contaba con un impuesto progresivo sobre la renta que era muy flexible. Si se ensambla el IVA, que se implementa de manera uniforme, con el impuesto progresivo sobre los ingresos, se obtiene una estructura impositiva progresiva total.

- El problema en la mayoría de los países en desarrollo es que no hay un impuesto sobre la renta que se implemente de manera efectiva. Por lo que se depende más del IVA y, en consecuencia, hay una estructura impositiva regresiva; en segundo lugar, como no se lo corrige efectivamente, el IVA no es más un impuesto uniforme.

- En la mayoría de los mercados emergentes el impuesto es efectivo no en 100% sino en 30%, ya que el resto está exceptuado del impuesto y esto no se puede corregir. Por lo tanto, de esta manera, el IVA se transforma en un impuesto que está distorsionado porque ¿a qué parte de la economía tiende a corregir? A la constituida por el sector de los honestos y organizados. Hay otras dos partes de la economía que no pagan impuestos: el sector informal y el sector formal deshonesto.

- Las dos cosas que enfatizaría es que el gobierno debe implementar una puesta en vigencia de los impuestos más debe general, abarcando a todos los sectores, y un impuesto progresivo al ingreso corporativo, para las industrias con 50 a 60% de nivel de concentración. Ésta sería una medida a favor de la competencia, con un impuesto para evitar el monopolio. Se usa este impuesto para aumentar y colaborar con el poder económico.

- Pero el problema es la competencia por la inversión, esto desincentivaría la inversión.
¿De verdad? Por ejemplo, en Estados Unidos no hay evidencia de que el incremento de esos impuestos progresivos tenga consecuencias negativas. Si una empresa gana, digamos, 5 millones de dólares y se aumentan los impuestos y entonces gana 4 millones ¿va a dejar de trabajar? De ninguna manera. Y si lo hace es el tipo de empresa que no quieres en el país.

- Nos dijeron que el comercio y la inversión extranjera que conlleva el Tratado de Libre Comercio de América del Norte traería empleos. No ha sido así del todo, y 400,000 personas emigran cada año a Estados Unidos. ¿Qué falló?
Debería haber un equilibrio. El comercio y la inversión extranjera no son matemáticas. Pueden ayudar y en el mejor de los casos generar oportunidades. Pero si no se tienen las condiciones para aprovecharla, si no se tiene el capital humano, la infraestructura, el mercado en donde no se hace lo que hay que hacer, entonces no sirve. Por esta razón esto tiene que ir acompañado de otras medidas. Los acuerdos de libre comercio pueden no ser libres, y pueden no ser buenos. Como, por ejemplo, sucede en Estados Unidos con los subsidios, entre ellos la agricultura. ¡Si tienes libre comercio, no subsidias! En México, los agricultores que cosechan maíz son uno de los sectores más pobres de la población. Algo hay que hacer para ayudarlos. Así que el panorama es complicado.

- Por ejemplo, existe la evidencia de que la apertura de los bancos nacionales a la propiedad internacional tiene como consecuencia pocos avances. Eso se sabe en México en este momento y en otros países también. Por lo tanto hay consecuencias predecibles que se necesitan anticipar. Debió hacerse antes de tiempo, pero hay que comenzar a pensar al respecto, y mucha gente lo está haciendo.

- En definitiva, un tratado de libre comercio de América del Norte no era algo mágico, y no necesariamente fue justo. Es por eso que ustedes necesitan muchas medidas para protegerse y buscar oportunidades.

- ¿Qué deberíamos esperar del gobierno en los tiempos de la globalización?
No es el gobierno. Esto requiere de la acción conjunta gobierno y las firmas privadas y hacer lo correcto, de la manera acordada, es lo mínimo. Por ejemplo, el futuro está en la alta tecnología, pero para eso se necesitan ingenieros, y si no se tienen ingenieros entonces tienes un problema.

- Alguien tiene que unir lo que se necesita hacer. El gobierno es uno de los jugadores económicos. Hay que hacer lo que todos los sectores acuerdan, decir ¿a dónde vamos? Un país no puede estar sin una política industrial. Hay dos opciones: ser un país de crecimiento y expansión rápida o un país moderno industrial. En un país como India, por ejemplo, el gobierno siempre ha estado involucrado en la economía.

- A la hora de hacer reformas esenciales para el crecimiento, en México no se han llegado a acuerdos.
Si se vive en una sociedad democrática, hay que reconocer que hay ganadores y perdedores y no se puede pretender que esto no existe. Y en realidad si todos siguiéramos la misma política, esto sería poco aceptable.

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- Sólo a través de discusiones abiertas sobre lo que está sucediendo, se puede llegar a tener reformas exitosas. Y hay que asegurar que estas reformas tengan efectos en un amplio segmento de la sociedad. La gente se da cuenta de que esto es así. Si en realidad la mayoría de la gente está peor con estas reformas entonces hay que dejar de hacer esas reformas.

- Para algunos, este debate es populismo de la economía de mercado. Pero en realidad es la manera de garantizar esta economía de mercado. Porque ciertamente no se puede mantener una economía con desempleo, hay que hacer cosas para mantener el empleo en su nivel más alto, y para ello la progresión es necesaria. Así se garantiza la economía de mercado.

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