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¿Aún es válido medir la productividad de los empleados con un reloj en la mano?
Silvia Ansorena Coyne

Administración del tiempo: así se llama ahora la herramienta que pretende ordenar las actividades de los empleados. Especialmente de aquellos que laboran en empresas del sector manufacturero, aunque no únicamente. Y es que cuando el número de trabajadores es elevado, muchas firmas recurren a métodos que miden su productividad, así como su hora de entrada y salida, labores extras, permisos, vacaciones…

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Las ventajas para el empresario parecen bastante claras, pero no ocurre lo mismo para el colaborador. A decir de Jaime Grados Espinosa, psicólogo industrial y profesor de tiempo completo en el área de Psicología del Trabajo en la Facultad de Psicología de la UNAM, existen dos tipos de estrés que "un sistema checador" puede provocar en las empresas.

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1. Positivo: "Es cuando el empleado siente tensión, pero puede estandarizar un horario, tiene energía para trabajar y modela su conducta. Y es que de una forma paternalista, el sistema ayuda a crear una disciplina e induce al trabajador para que éste eduque su reloj biológico."

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2. Negativo: "Crea tensión en el empleado, lo vuelve irritable y lo obsesiona con llegar a tiempo y con pensar que sólo le pagan por cumplir un horario y no por ser creativo."

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¿Pero cómo diferenciar si el trabajador tiene estrés positivo o negativo? ¿Si le gusta su trabajo o lo aborrece? ¿Si cumple con su horario por obligación? "Un camino que todo empresario inteligente debería seguir es –comenta Grados– hacer una encuesta de clima organizacional entre los empleados. Un diagnóstico por grupo para saber cómo se puede mejorar su situación laboral. Porque, aunque increíble, hay gente a la que le gusta trabajar con un sistema automático de entradas y salidas."

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No obstante, según el especialista, autor de libros como Reclutamiento y selección de personal (Editorial Manual Moderno, 2000) y Capacitación y Desarrollo de Personal (Trillas, 2000), son los directivos quienes determinan el tiempo y ritmo del trabajo en una empresa. Es decir, los ejecutivos que llevan un ciclo de labores más bien nocturno pedirán que sus colaboradores se vayan tarde y no exigirán tanta puntualidad. Por el contrario, aquellos que manejen un sistema diurno solicitarán que la gente llegue antes.

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Jorge Díaz García, director general de Kronos México, dice que "la época del reloj checador ya pasó". Sin embargo, existen mecanismos que, además de administrar el tiempo del empleado, favorecen y promueven la productividad de la compañía: "Por ejemplo, tenemos un sistema automatizado que mide las incidencias de los trabajadores. El principal instrumento para alimentarlo es la credencial del trabajador, que maneja un código de barras con información del empleado, puesto, horario y que se configura en función de las necesidades de la corporación."

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¿Y dónde está lo novedoso? "En que no sólo se registra la entrada y salida, también las enfermedades, permisos, salidas tempranas, jornadas dobles, horas extras... El software administra toda esa información, sustituyendo la antigua labor de los supervisores", explica Díaz. El uso de la tecnología realmente beneficia a todos. A los empleados porque tienen sus pagos a tiempo, al supervisor porque los datos son más claros y fáciles de manejar, y a la empresa porque el trabajo se hace más eficiente. "El buen aprovechamiento de los recursos como materia prima o mano de obra va a permitir que el margen de ganancia sea mayor."

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De todas las incidencias que se registran en el sistema, surge un compendio de horas para alimentar los programas de nóminas o de recursos humanos. La información, no sobra decirlo, se convierte en dinero al momento en que los diferentes departamentos de la organización tienen acceso a los datos: "Se agilizan las operaciones de contratación, pagos, consultas de recursos humanos o sus afectaciones en los estados financieros o presupuestos. Son muchos los reportes que se pueden generar", asegura Díaz.

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¿Pero qué pasa con el empleado? Fernando Dávila, líder de proyecto de informática en Grupo Vitro, afirma que, en términos salariales, el objetivo de la empresa es pagar lo correcto a los obreros: "Lo que debe ser, por eso utilizamos un sistema automático de entradas y salidas en 21 de las 30 plantas que tenemos en el país. Gracias a los parámetros que ofrece el equipo, podemos cubrir nuestras fábricas y realizar el pago con la evidencia palpable de que estamos liquidando lo justo."

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Dávila recuerda que para implantar el cambio cultural que supuso el nuevo sistema se batalló duramente con el fin de convencer a los trabajadores. Se establecieron varias pláticas con sindicato y empleados para explicar las bondades de una tecnología que "se basa en evidencias, en pagar lo justo. Si son tres horas extras, entonces se pagan tres. No más o menos."

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Al final, por supuesto, los verdaderos beneficiados son la empresa y los trabajadores. La primera porque administra de manera más eficiente el capital intelectual y reduce la posibilidad de falla en el manejo de los sueldos y remuneraciones de sus trabajadores. Los segundos, porque tienen elementos cuantitativos para exigir un pago justo y puntual, a pesar de que el estrés por llegar a tiempo no se elimina. ¿Pero quién dijo que el mundo era perfecto?

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