A cara o cruz

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José Ruiz-Tagle

Nos acompaña o nos abandona. Es caprichosa, mágica, versátil, buena o -mala. Generosa con unos y harto avara con otros. Tiene muchos nombres y formas -diferentes: viene y va. Parece inherente a la condición humana... Aunque nadie -la entiende, todos la deseamos. Pero, ¿dónde reside la “Dama Fortuna”?

- El enigma nos acompaña desde tiempos inmemoriales. Ya nuestros antepasados -recurrían a ella en caso de necesidad o para explicarse la adversidad.

- Los antiguos romanos le dieron nombre y cuerpo. La Diosa Fortuna colmaba de -bienes y privilegios a quienes la adoraban. Para los griegos Hermes era fuente -de riqueza y Bes, un duendecillo de orejas puntiagudas, repartía suerte a -raudales.

- Pero no sólo en los dioses depositamos la confianza. Amuletos, talismanes, -números, colores y supersticiones nos acompañan por donde vamos, aunque no -siempre actúen en nuestro favor.

- Un amuleto puede ser cualquier cosa: una medallita de oro, un mechón de pelo -de alguien querido, una moneda, un anillo... Pero es necesario que su dueño -crea en el poder que ésta tiene para ahorrarle los malos tragos y propiciar los -buenos. La importancia de los números no es menor: el tres y el siete poseen -una gran carga mística. El primero, bautizado por Pitágoras como “el número -perfecto”, se encuentra en cientos de agrupaciones, naturales o no: son tres -las formas de Dios, tres los tiempos (pasado, presente y futuro), comúnmente -utilizamos expresiones como “la tercera es la vencida”, “a la de tres”; -el número siete no es menos recurrente: existen siete mares, siete días, siete -maravillas, siete pilares de la sabiduría...

- Como los números, las supersticiones son parte indisociable de nuestra vida: -si podemos, evitamos pasar debajo de una escalera; ante una situación difícil -la mayoría de la gente ha “tocado madera”, aunque sólo sea por si acaso; -en la mayoría de los aviones no existe la fila número 13, como en algunos -grandes edificios tampoco existe el piso 13, y qué decir del martes 13. ¿Y del -ansiado trébol de cuatro hojas? Éstas, que apuntan hacia los cuatro puntos -cardinales, representan los brazos de la cruz del sol, símbolo pagano portador -de suerte por excelencia. Se dice también que Eva se llevó uno de esos -tréboles del Edén para recordar por siempre tiempos mejores y que, por eso, -encontrarse uno en el jardín de la casa es señal de buenaventura.

- La lista es enorme: cartas, monedas, herraduras, patas de conejo, espadas -mágicas, lámparas y un muy largo etcétera proporcionan a quien así lo cree -suerte sin límites. Esa parece ser la clave: sentirse confiado ante las -dificultades, sin importar tanto el porqué... No en vano se dice que el miedo -nos paraliza.

- Quizá usted no crea en una fuerza externa que interfiera en su vida, pero -seguro que alguna vez ha jurado que lo ocurrido fue simple y sencillamente un -golpe de suerte... algo muy independiente del destino y sus diferentes -versiones; que le tocó suerte, que la desafió, lo tiró a la suerte, probó -suerte, la tentó o, simplemente, lo dejó a la suerte.

- Y es que el encanto de la suerte radica, entre otras cosas, en su carácter -aleatorio e impredecible. Porque aunque nos guste llevar la sartén por el -mango, lo cierto es que pocas personas desean saber con detalle lo que les -ocurrirá mañana. “Si todos los sucesos fueran predecibles –incluidas las -decisiones que aún no hemos tomado–, no podríamos vernos como agentes -libres. La libertad de nuestras elecciones quedaría relegada a la esfera de la -apariencia y la ilusión. Excluir la suerte del escenario humano sería alcanzar -un desiderátum a un precio enorme. Eliminar la suerte equivale a eliminar la -libertad humana, a transformarnos en autómatas ( ...) La suerte incierta es el -precio que debemos pagar por la libertad moral”, afirma Nicholas Rescher en su -libro La Suerte (Editorial Andrés Bello).

- La suerte nos atrae tanto que hasta la retamos. En el juego y en los -negocios, “el que no arriesga no gana”, decimos. Y en momentos clave, como -en el fin de año que se acerca, apostamos siempre por que la suerte nos -acompañe, y hasta tiramos lentejas para invitarla a quedarse en casa o -simplemente pedimos 12 –o más deseos– al compás de las campanas que -anuncian el fin del año.

- Para que todo vaya bien, entonces, qué tal si cruzamos los dedos o lanzamos -unas monedas a la fuente preferida, si tiene agua, para arrancarle una sonrisa a -la suerte.

- La vamos a necesitar.

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