A Chuchita la bolsearon

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Alberto Barranco Chavarría

De producto de estricto consumo elitista: ya el discurso presidencial, solemne y engolado, en el foro de iguales a título de lección para bisoños; ya la conferencia magistral de traducción simultánea a todo auditorio del ITAM, o el choque suavecito de vasos jaiboleros y desfile exquisito de bocadillos de salmón, el rescate heroico, valiente y epopéyico de los bancos amagados por el King Kong (¿o será Godzila?) de la quiebra sistémica, se metió a la barriada...

Si en 1987 la botana de la pulquería, al fragor de la leyenda blanca del curado de piñón que le da 10 y las malas al Viagra, era el precio de las acciones de la Bolsa (“Pa’mí que Telmex viene más gruexo que Kimber, onque las dos juntas le hacen los mandados a Cemex”), ahora es el Fobaproa: –A mí no me andes fobapreando con tu parecito de tres de bastos...

Impredecibles los caminos de la vida, el caballero andante de la espada invicta, a cuyo paso caía de rodillas el agradecimiento de los ahorradores o inversionistas, se volvió el gran villano. Vamos, ni Carlos ni Raúl cantando a dueto...

Digamos que de pronto, al estruendo del derrumbe del castillo y la reconversión de la princesa en sapo, el final era tan horrendo como el principio: ni los bancos estaban sanos como manzanas, ni las deudas estaban frías como hielos, ni el fantasma de la crisis había sido exorcizado...

Más aún, si entonces nos sitiaba un ejército de Tesobonos, ahora lo hace otro de Costo Fiscal con máscara de Deuda Interna. Y si la pesadilla era el alud de interés, ahora es el de Udis. Y siguen extraviados los créditos.

¿Dónde estaba el boletín de prensa hablando de rebanadas de la cartera de préstamos, es decir buenos, regulares, malos y pésimos, en el traspaso de la asfixia al Fobaproa, cuando el gobernador Ortiz habló de ilícitos de empresarios y banqueros en abuso del instrumento?

¿Dónde la caravana de eminentes mexicanos, Fernández, Arrigunaga, Mulás, en vía hacia Washington para explicar al planeta cómo debía aniquilarse de golpe al efecto Dragón?

¿Dónde el discurso de la victoria cuando llegaron las cuentas alegres de llevar la deuda interna a niveles de 42% del Producto Interno Bruto, al incorporar, ya entrados en gastos, a la suma total el rescate de las casas de bolsa?

Lo cierto es que de pronto el fenómeno Fobaproa, la magia de los $64,000 millones de dólares a punto de volverse $15,000, se integró a la médula, se fundió al tuétano y corrió sin freno por el nervio: –Señito: ¿no sería mejor prenderle fuego a tanto papel?

Y si a los diputados priístas, seguros de que el asunto Fobaproa es el parteaguas para el 2000, les salió el último pedacito de espolón, a las panistas les entró fobia por la palabra concertación y a los perredistas les bailó la casta: “¡Se ve/ se siente/ el Fobaproa/ nos encajó el diente!”

Y si al burro Chaparro, con un año de plantón en el zócalo en espera de que a su viejo amo le dé un ratito el presidente Zedillo, le brincaba la falta de respeto de los alcaldes potosinos por la causa zapatista –es decir la de Emiliano, no la de Marcos–, ahora le repatean los excesos del banquete para los banqueros.

Y si a la Asamblea de Barrios la tenía hasta el copete la inmovilidad del Fovi y la apatía total del Infonavit, ahora las piedritas del hígado las llena todas la burla de las daciones en pago.

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Y las garantías más demandadas son las que dejaron de pedir los bancos a los millonarios. Y si el Banco de México abusó alguna vez del encaje legal, ahora no hay leyes contra los encajosos. Y por qué rayos ha de pagar el pueblo la ruptura de las tasas pasivas...

¿Cómo que a Chuchita la bolsearon?

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