A falta de pan...

La dificultad que enfrentan las PYMES para contratar créditos bancarios permite que otros intermedi
Verónica García de León

Es sabido que desde la crisis económica de 1995 una de las funciones principales de la banca, otorgar créditos, languideció en exceso. Se dice, incluso, que el financiamiento bancario disminuyó 75% y no sobra aclarar que las pequeñas y medianas empresas (PYMES), además de saberlo, lo sufren. - -

Ante tal panorama, varias firmas recurrieron a intermediarios financieros que, si bien fueron golpeados al igual que los bancos por el derrumbe económico, por lo menos no tuvieron que ser rescatados por el gobierno. En esa lista de actores sobresale el factoraje que, después de tocar fondo, logró capitalizarse y entró en una recomposición que le permite cosechar lo sembrado.

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Un ejemplo que ilustra las conveniencias de esta opción es Bolbrügge Hermanos. La compañía acudió al factoraje tras redefinir su giro de negocio: dedicada por 90 años a la manufactura de refacciones industriales de todo tipo, en 1995 se especializó en la elaboración de bandas de transmisión y transporte de productos para la industria. - -

Con el fin de salir al mercado y enfrentar a seis competidores en este nuevo giro, redobló sus esfuerzos para lograr un producto de calidad: "En los últimos cuatro años hemos invertido mucho en maquinaria, tecnología, asociaciones con proveedores y capacitación de trabajadores", cuenta Carlos Blanco, director de la firma. Llegar a este momento, dice, no hubiese sido posible sin el financiamiento de sus proveedores de maquinaria y sin el pago por adelantado de sus cuentas por cobrar. - -

"Con el factoraje convertimos en efectivo los contrarecibos de nuestros clientes una vez hecha la venta. De lo contrario, tendríamos que esperar entre 30 y 45 días para recibir el pago", explica Blanco. En su opinión, dicho instrumento es muy útil en México porque los flujos de efectivo son bajos y porque, para obtener un crédito en los bancos, se tiene que hipotecar "hasta el alma". - -

Así, hace tres años Bolbrügge contrató con una empresa de factoraje una línea de crédito por $400,000 pesos al mes, que se incrementó paulatinamente hasta llegar a $800,000 pesos, con la posibilidad de aumentar 50% este año. - -

"En estricto sentido, el anterior no es un financiamiento", dice Carlos Albarrán, presidente de la Asociación Mexicana de Factoraje (Amefac), pues se basa en la liquidación anticipada de una cuenta por cobrar, factura o pagaré a través de la compra-venta del mismo. Quienes recurren a estos intermediarios no bancarios son por lo general proveedores o distribuidores que venden a crédito. "La cartera que compramos es del cliente que nos contrata. Por ello, más que un financiamiento, resulta una forma de obtener liquidez sin tener que endeudarse." - -

La función de estas organizaciones no bancarias va más allá: prestan servicios como la garantía de pago de las cuentas por cobrar adquiridas, la administración y gestión de la cobranza o la evaluación profesional de crédito de clientes, lo que permite que quienes los contratan concentren recursos y esfuerzos en su propio negocio. - -

Una opción para PYMES
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Hasta ahora sólo 4,216 compañías en México cuentan con algún servicio de factoraje: un número muy pequeño frente a los casi tres millones de empresas que existen en el país. La actividad marginal del sector se explica por la crisis de 1995 (del centenar que había, quedaron únicamente 20).

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Joaquín Prendes, director de Supervisión de Organizaciones Auxiliares no Agrupadas de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), explica que los elevados niveles de cartera vencida llevaron a muchas instituciones a una falta de liquidez que las obligó a cerrar. "Sólo permanecieron en el mercado las que estaban bien posicionadas, mantenían controles y prácticas sanas en el otorgamiento de créditos." - -

Actualmente, el volumen anual de financiamiento es apenas una quinta parte de los $22,000 millones de dólares que llegó a tener el sector. "No obstante, el futuro en el corto plazo es promisorio", según Albarrán. Además de estar saneada, la industria cuenta con nuevos enfoques y métodos de evaluación, otorgamiento, administración y recuperación de crédito que disminuirán los errores del pasado. Y no sólo eso: el factoraje, dice, tiene un mercado potencial amplísimo, constituido por las miles de PYMES que no son sujeto de crédito para la banca. - -

Se calcula que, en conjunto, éstas generan ventas por aproximadamente $415,000 millones de dólares y la mayoría califica para obtener liquidez a través de sus cuentas por cobrar. Al contrario de lo que sucede con el financiamiento tradicional, el factoraje se especializa en las firmas pequeñas o medianas que comúnmente tienen una situación financiera débil, un nivel de endeudamiento alto y que no tienen mucho capital. - -

"No vemos tanto la estructura de la empresa, pues financiamos su operación. Lo que importa es que su producto sea aceptado y que le venda a un buen cliente. Es decir, que sea una cartera valiosa, que podamos administrar y cobrar", explica Albarrán, también CEO de Heller Financial, firma dedicada a esta intermediación financiera.

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Pelos y señales
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En términos generales, las empresas de factoraje compran las cuentas por cobrar "sin garantía de quien les vendió el documento". Más que en avales, los intermediarios no bancarios se respaldan en activos físicos: en los documentos que adquieren y que en teoría deben ser recuperables.

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Claro que hay excepciones. Si algún comprador se niega a pagar la factura, debido a la calidad u otras especificaciones del producto, la responsabilidad es de quien contrató el servicio y tiene que pagar a la empresa de factoraje. Los hay de cierto tipo –con recurso o responsabilidad– en los que la firma que vende las cuentas es solidaria del pago de sus clientes y tiene que liquidar intereses por irregularidades del mismo. El factoraje sin responsabilidad, al vender las cuentas, elimina el riesgo crediticio y, si el deudor no tiene recursos para afrontar sus compromisos, el intermediario asume el costo y paga al cliente. - -

Esta flexibilidad, que es vista como una virtud por las instituciones financieras del ramo, para otros es un inconveniente. Prendes indica que "la insuficiencia de garantías reales para el factoraje, al respaldar sus operaciones sólo con los documentos que amparan el crédito que adquieren, dificulta la recuperación."

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Pero el sistema no desconoce esta realidad. De ahí que sus actores tomen una serie de precauciones como la auditoría de las carteras que se compran: se aseguran de que sean verídicas, que el deudor ya recibió la mercancía, que está dispuesto a pagar, que es una empresa legalmente constituida, e incluso que no esté en el Buró de Crédito. Dichos estudios y su experiencia en las gestiones de cobranza permiten a las empresas de factoraje trabajar sólo con aquellos que muestren una probada capacidad de pago.

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Aunque las perspectivas a futuro son positivas, existen aún retos y obstáculos a superar para que el factoraje se vuelva una alternativa más confiable. En ese sentido, Albarrán subraya la importancia de adecuar la regulación relativa al financiamiento en el mercado de valores, que "sin razón tiene limitantes para el factoraje", y contar con una banca de desarrollo efectiva que los apoye. Además, considera urgente simplificar el marco normativo que rige a la actividad, pues "resulta excesivo para un sector que no se dedica a captar ahorro y que, por lo tanto, incurre en riesgos menores".

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El punto de vista de la autoridad es que las empresas de factoraje deben trabajar más para mejorar sus márgenes financieros y realizar aportaciones patrimoniales, "con lo que –según Prendes–, estarán en mejores condiciones para obtener fondeo bancario, participar en el mercado de valores y consolidar su imagen como facilitadores de crédito".

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