A la caza de talentos

Existen varios métodos para contratar universitarios sobresalientes: ¿cuál practica su empresa?
Silvia Ansorena

Una de las principales preocupaciones de las compañías es encontrar capital intelectual de primer nivel. Son muchas las horas que invierten los responsables de las áreas de Recursos Humanos para seleccionar y, en su caso, reclutar a las mejores personas. Así que, en un acto de sembrar para cosechar, varias firmas optaron por abrir sus puertas a jóvenes de escasos recursos, pero talentosos. ¿Y quién se encarga de presentarlos con sus futuros empleadores? Inroads.

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La organización comenzó su trayectoria  en Estados Unidos en los años 70. Sin embargo, en ese país, el programa se concentra en buscar oportunidades laborales para jóvenes de grupos minoritarios, sin especificar su situación económica. Es decir, una persona de rasgos orientales o latinos es perfecto candidato para la institución americana, aunque goce de una posición acomodada.

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En 1995, algunos miembros de Inroads viajaron a México para solicitar que sus becarios tuvieran una estancia de verano en compañías mexicanas con el fin de que perfeccionaran su español. En ese momento, algunos empresarios escucharon un click. Othón Canales, actual presidente de Inroads México y director general de Quimicorp Internacional, recuerda aquellos inicios: “Nos gustó muchísimo su idea y pensamos que podíamos trasladarla a nuestro país. Lo que en Estados Unidos se llama minorías, en el concepto mexicano significa una gran mayoría: jóvenes con escasos recursos económicos.”

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Cinco años después, el principal problema de la institución internacional es convencer a los empresarios para que contraten a jóvenes que todavía no terminan sus estudios universitarios. “Nos piden gente que ya esté terminando la carrera –explica Canales– pero lo que nosotros necesitamos es que la empresa nos ayude a formar a estos muchachos. Quizás estos estudiantes no poseen auto ni viven en una zona lujosa, pero tienen todo el talento y las ganas de aprovechar la oportunidad que se les está dando.”

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Inroads no es una agencia de colocación, explican sus directivos, ni tampoco una organización de beneficencia. “Nosotros apoyamos a jóvenes cuyo promedio de estudios es superior a 8.5 y sus ingresos familiares menores a 10 salarios mínimos”, expresa Javier Delgado, director general de esta empresa en México.

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El entrevistado asegura que de todas las personas que pasaron por el programa, 85% se colocó en las empresas que abrieron sus puertas al programa de becarios. “Es una cifra que habla por sí sola, una muestra del resultado que entregan nuestros becarios, quiere decir que están desarrollando un buen trabajo.”

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Los “jóvenes Inroads” provienen sobre todo de instituciones públicas como Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) o Instituto Politécnico Nacional (IPN), pero también se admiten centros privados como Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), La Salle o Universidad Panamericana, siempre que los estudiantes estén becados por motivos económicos.

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El proceso de selección es el siguiente: la universidad realiza una primera clasificación en virtud del expediente académico de sus estudiantes y, posteriormente, Inroads realiza entrevistas para detectar a los mejores candidatos. En este aspecto, la matriz estadounidense aporta entrevistadores y toda su tecnología para que el reclutamiento sea lo más completo posible.

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Una vez seleccionados, los jóvenes quedan en una base de datos o lista de espera hasta que una empresa solicita un becario (actualmente, unas 150 personas esperan una llamada para empezar a trabajar). Así, cuando una compañía se interesa por un candidato, éste inicia labores y recibe una asignación mensual que varía según la firma que lo contrate.

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Inroads se encarga de dar tutoría a los becarios y ofrece darle seguimiento a cada caso. Durante el tiempo que dura la práctica laboral (de medio tiempo o en vacaciones), el estudiante debe, además, asistir a sus clases en la universidad y cumplir con los cursos que imparte la organización asesora.

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“Toma de decisiones, iniciativa, comunicación, planeación y organización son algunas de las materias que impartimos. Todo esto se complementa con 20 horas que aporta el estudiante al servicio comunitario, porque también ellos deben darse cuenta que se tiene que ayudar a la gente”, explica Delgado.

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Cuando a Sergio Jordán, director de Recursos Humanos de Lucent Technologies, le comentaron desde la dirección que se iba a contratar a un becario de Inroads, el ejecutivo no comprendió muy bien de qué se trataba: “En un inicio no entendíamos bien el beneficio de tener becarios ni por qué teníamos que dar un donativo a Inroads.”

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¿La pionera en la experiencia? Una joven estudiante de Administración de empresas llamada Jessica Gudiño. Ella abrió la puerta a otros becarios. Contentos con su desarrollo profesional, los directivos de Lucent no sólo la contrataron una vez terminados sus estudios, sino que al año siguiente emplearon a otros dos estudiantes, esta vez de Ingeniería electrónica.

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Hoy, estos dos jóvenes también trabajan para la empresa de tecnología, que ya tiene otros tres prospectos en sus filas. “Ha sido benéfico para todos –asegura

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Jordán– pues nos permite adquirir un talento que se está formando. Son gente con un gran potencial de desarrollo.”

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Un ejemplo más: Héctor Silva, 23 años, entró como becario en Lucent Technologies hace tres eneros y está contratado desde hace uno. Con un promedio de 9.7 en Ingeniería electrónica y comunicaciones del ITESM, el joven actualmente compagina su trabajo con una maestría. Silva recuerda sus tiempos de becario como algo agotador, pero agradece la experiencia que adquirió porque “ahora puedo valorar igual o más que otras personas de mi edad las oportunidades que se presentan”.

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El trabajo de medio tiempo, los exámenes de la universidad y los cursos adicionales llenaban su tiempo de estudiante. “Además –dice– al ser becado en el Tecnológico de Monterrey tenía que mantener un buen nivel académico.” Siente que trabajar como becario en Lucent Technologies durante dos años le permitió, en el momento de ser contratado, adaptarse perfectamente al trabajo. “Estoy muy satisfecho. Y siento que, sin un programa como el de Inroads, habría tardado mucho más en conseguir lo que ahora tengo.”

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Al respecto, John Pinto, vicepresidente de Finanzas en Colgate Palmolive y en Inroads de México, dice que “es una relación de ganar-ganar. Con un programa de este tipo tenemos la posibilidad de acceder a jóvenes de gran talento y con rasgos de liderazgo.” Actualmente hay cuatro becarios en las instalaciones de Colgate, aunque en breve necesitarán más: “Con un becario –explica– se consigue una identificación muy fuerte con la organización porque comienzan cuando todavía se están formando. Cada persona es una importante inversión que nosotros hacemos, y esta identificación y lealtad son valores incalculables para una compañía.”

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Según el directivo, “el hecho de pagar a Inroads para que esta empresa desarrolle su trabajo con los jóvenes no es caridad, pues existe un retorno de la inversión muy importante. Además, es gente que conoce el valor de las cosas, sumamente entregada y talentosa.”

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