A Las Vegas en busca de arte

Es la capital <i>kitsch</i> del mundo... ¿cuál gran ciudad no lo ha sido?

Según Truman Capote, Nueva York es la única urbe verdadera del mundo porque sólo ahí puede comprarse un libro a las cuatro de la mañana. Algún mérito debe tener Las Vegas, donde las tiendas de Gucci y Armani cierran a la media noche y durante 24 horas el ruido continuo de las campanitas de los tragamonedas le da casi un ambiente zen a los jugadores que acuden en peregrinación desde todas partes del mundo.

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Que Las Vegas es kitsch, cursi, de mal gusto, ya se ha dicho muchas veces. Pero este es el único destino en el que el turista puede ejercer como tal, sin sentirse culpable porque no es uno de esos nuevos viajeros esnobs que descubren el cafecito en la más apartada vereda de París o el jardín secreto a unos pasos de Madison o el escondite cercano al Hermitage. No, no. El poeta Robert Frost dirá lo que quiera con eso de que tomó el camino menos transitado y que por eso tuvo una mejor perspectiva de la vida, pero de seguro se perdió este lugar en medio del desierto en el que si uno entorna un poco los ojos puede encontrarse de pronto sumergido en el escenario que quiera, desde Nueva York hasta Venecia, en menos de tres kilómetros.

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El hotel Bellagio, por fuera y por dentro, es una villa italiana en el Lago Como, sede de cuatro de los mejores restaurantes del mundo. En el café del lugar vale la pena pedir una sopa caliente de cebolla (French Onion Soup, $9 dólares) y un emparedado de pollo tandoori ($11). En el Noodles basta un plato de wonton noodle ($10.50) o un pato dorado a la cantonesa ($12.95) para entender por qué la filosofía oriental tiene tantos seguidores. Te queda  descubrir algún platillo en el Aqua o Le Cirque. Enfrente de este hotel, está una verdadera calle parisina, en el París Las Vegas, con cantantes a la Pepe le Pú y cafés con panes dignos de un bodegón.

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Un desayuno de frutas o de un croissant comme il faut (es decir, como debe ser) en el Boulangerie de Jean Jacques está en cerca de $11 dólares. No se escandalice, la diferencia en precio con MacDonald’s no es mucha (y sí, también hay uno cerca, camino al hotel New York New York). Ya que se habla de hamburguesas, en el Caesar´s Palace, en medio de la opulencia romana, en el área de fast food se encuentra una Chilli Burger ($6.99) digna de competir en el mejor concurso de cocina de Texas, que habrá que acompañar, claro, con una copa (una de verdad) de un chardonnay. No todo es comida. En los primeros cinco meses del año, el Caesar’s ya había invertido $90 millones de dólares en construir el Colosseum, un teatro para 4,000 espectadores que estará dedicado, a partir de marzo de 2003, a Celine Dion. No será Frank Sinatra, pero los tiempos del blue eyes ya se fueron. Si insiste en la nostalgia hay otros espectáculos: Gladys Knight en el MGM; Bruce Springsteen, que incluirá la ciudad en su nueva gira; Al Green, ganador de Grammys por temas gospel. Los shows de plumas y lentejuelas son tan abundantes como las barajas usadas (hay uno en el Stratosphere, si insiste en verlo).

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El arte también existe. Los impresionistas, alguna vez rechazados por la academia, son ahora el platillo favorito de quienes quieren ver obras “bonitas”. Y en verdad se ven así con la iluminación directa los cuadros de la colección de la Bellagio Gallery of Fine Art, famosa por sus Pisarro, Monet, Renoir y Manet. En esta galería hay una exposición temporal con huevos de Fabergé, tan queridos por los zares. Y en el Venetian, además del museo de Madame Tussaud, está nada menos que el Guggenheim Las Vegas, que acaba de terminar una exposición de impresionistas y cubistas para empezar otra de impresionistas. La oferta no es tan grande como uno esperaría por $12 dólares la entrada, pero ¿quién quiere regatear por ver a Van Gogh? Quedan más espectáculos. Mejor nombra a un artista vivo y famoso y ya sólo pregunta en qué mes de los próximos 12 se presentará en Las Vegas. Y quedan más exposiciones. En octubre, the Cow Parade, una simpática exhibición de esculturas de vacas, invadirá las calles de este desierto.

No tema. Sea un turista sin complejos, por lo menos una vez. Al fin que ir a los lugares originales a los que van los viajeros tampoco es tan único.
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