A limpiar el aire

La contaminación en la ciudad de México tiene remedio, según el Premio Nobel de Química. A la ge
Roberto Morán

1. Mario Molina
Científico puro, este investigador obtuvo el codiciado galardón de la Academia de Suecia por contribuir a encontrar unas complicadas fórmulas químicas que describen cómo ciertas sustancias, los clorofluorocarbonos (CFC), están abriendo un agujero en la capa de ozono, lo que afecta al clima del planeta. Científico ya no tan puro, Molina –junto con los coautores de la teoría– se lanzó a llamar la atención de la opinión pública y a cabildear con gobiernos y empresas para que tomaran, ya, medidas que evitaran lo que habría sido un desastre.

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En la sesión de fotos con Expansión, dice como si tal cosa que el problema ya está controlado y empezará a revertirse en los próximos 50 años. “Muy bien –parece pensar– a lo que sigue.”  Y lo que sigue es el problema de la polución del aire en la ciudad de México, alguna vez la más contaminada del planeta y, como explica el investigador, ahora en peligro de echar por la borda los grandes avances de los últimos 10 años, a causa del exceso de tráfico.

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Desde su puesto en el área de ciencias de la tierra del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), el premio Nobel quiere llamar la atención de la sociedad y las autoridades para que, ahora que están a tiempo, reviertan la tendencia de la capital mexicana a contaminarse más. Si las cosas siguen como van, advierte, la ciudad estará paralizada muy pronto, ahogada entre tantos automóviles que no pueden llegar a ningún lado.

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Cuentan algunos políticos que Molina prefiere la prudencia y se negó a firmar un desplegado en contra de los segundos pisos de las grandes vialidades del Distrito Federal. El científico prefiere mantener el diálogo con las autoridades que cerrarse una puerta para negociar. “Es conveniente mejorar la infraestructura con el fin de que el tráfico sea más fluido. Pero eso hay que hacerlo simultáneamente con otras disposiciones: si sólo crece la infraestructura el problema no se resuelve.” Y puede empeorar, porque calles más anchas incentivan a los consumidores a comprar más autos.

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Molina, junto con más de 20 instituciones estadounidenses y mexicanas, trabaja en desarrollar recomendaciones para mejorar la calidad del aire. Hay dos muy generales: desarrollar el transporte público y desalentar el uso del automóvil, con medidas económicas. Esto último “no implica que la gente no compre carros, porque eso es muy importante para la economía; que compre los que se pueda dar el lujo, pero que no los use todos los días para ir a trabajar.”

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Este científico reconoce que las medidas no serían muy populares al principio, ya que afectarían más a los automovilistas de menores ingresos. Habría que cobrar un importe mayor a los autos viejos que a los nuevos, dado que son más contaminantes; también sería necesario aumentar el precio de los estacionamientos y, en general, hacer que el automovilista pague “el costo real” de usar su coche. “Es un punto difícil, implica una visión a largo plazo, que todavía  estamos discutiendo.” Un interlocutor obligado es la industria del automóvil: “A ellos también les interesa: si los carros dejan de ser eficientes no les conviene.”

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Para evitar que las medidas se vuelvan regresivas, “se puede devolver a los sectores con menos recursos la inversión necesaria para mejorar el transporte público. En realidad –medita– la gente más pobre ni siquiera tiene coche en México.”

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En todo caso, advierte Molina, la solución no está en hacer más decretos. Hasta hace unos cinco años, las firmas productoras de autos utilizaban tecnologías ya no aceptadas en sus países de origen, por contaminantes. Lo que hizo el gobierno, en lugar de obligarlos a cambiar de tajo, fue ofrecer calcomanías para circular todos los días a los autos que cumplieran con especificaciones más estrictas. Una firma entró de inmediato al programa y las demás se sumaron.

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El investigador cree que el cambio de modelo es la única salida. Por ejemplo, el convertidor catalítico, adoptado desde 1992, contribuye a que los vehículos producidos después de ese año contaminen una centésima parte que los antiguos, pero apenas está presente en la mitad de los automóviles de la capital. Y por menos contaminantes que sean, si están detenidos en el tráfico excesivo, se reincidirá en los niveles anteriores.

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Molina se concentrará en las reuniones para convencer a autoridades y empresas de que tomen de una vez las medidas para combatir la contaminación.

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¿Y sus estudios científicos? Relacionados con el efecto que tienen las actividades humanas  en el cambio del clima. Uno de sus estudios actuales trata sobre el efecto de las partículas contaminantes en la reducción de la cantidad de lluvia. ¿Química pura?

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