A punto de armar un tango

Las autoridades argentinas dicen que todo sigue igual, pero en Sudamérica resurge el nerviosismo
Iván Witker

Aunque las autoridades bonaerenses se han esforzado por acallar los rumores de una devaluación del peso argentino, en los países vecinos se mira con nerviosismo la evolución del esquema de convertibilidad que tiene atada esa moneda al dólar a valor uno a uno.

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En Chile, el pánico se ha extendido básicamente entre los empresarios que exportan al mercado argentino. A escala global, el comercio transandino representa sólo 5% de las exportaciones chilenas, pero el volumen es movido por 200 empresas, la mayoría de ellas medianas y pequeñas y del sector industrial, que ante una debacle argentina difícilmente podrían reorientar sus ventas a otros países. “El fin de la convertibilidad significa un cambio de las reglas del juego y traería aparejado un profundo reacomodo en la industria chilena, lo que empeorará la situación de desempleo que vive el país en la actualidad”, señaló un vocero de ASEXMA, la entidad empresarial que agrupa a los industriales chilenos.

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Sin embargo, en medios académicos se estima que la situación no es tan dramática, pues la convertibilidad no estaría en peligro, al menos mientras esté presente el miedo a la inflación en la sociedad argentina.

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Para Jorge Desormeaux, economista de la Universidad Católica de Santiago, la posibilidad de abandono del esquema de convertibilidad es “muy baja”. A su juicio, una devaluación sólo traería más complicaciones a la economía argentina. Desormeaux advierte, en todo caso, que la actual incertidumbre “es igualmente mala para toda la región”. Por ello habla del peligro de contagio. “El pesimismo de los agentes económicos deriva generalmente en una baja en las expectativas de crecimiento, algo muy recurrente en las economías latinoamericanas”. Vaticina que “si hay devaluación, subirán los costos de los créditos”.

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El consultor bursátil Antonio Recabarren es más enfático a la hora de descartar una devaluación. “Sencillamente es impensable, porque los argentinos no tienen escape ni otra alternativa que mantener señales de estabilidad”, indica. Coincide con Desormeaux en cuanto a que el primer efecto que tendría una “hipotética devaluación traumática” sería el cierre de los mercados financieros internacionales para Chile y América Latina, con lo que aumentaría el tipo de cambio y las tasas de interés, y países como Chile y Brasil prolongarían su actual periodo recesivo, mientras que otros, como México y Perú vivirían un deterioro de las tasas de crecimiento. “Eso ocurriría al menos en la etapa inmediatamente posterior a los hechos”, puntualiza. Recabarren no descarta que si la economía argentina se estabiliza efectivamente y restaura confianza a largo plazo, podría liberar el tipo de cambio, revaluando o devaluando el peso respecto al dólar.

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Empero, la calma de los analistas no ha hecho mella en la ola de rumores. Todo indica que los empresarios, quienes son los que en definitiva están arriesgando su capital, mantendrán importantes dosis de nerviosismo ante la posibilidad de que el peso argentino ceda a las presiones del mercado y termine en una caída libre, cuyas consecuencias en el sector productivo de este lado de la frontera son aún imprevisibles.

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