Acapulco Diamante

Los vacacionistas de estos complejos compran allí hasta dos casas.
Verónica García de León

El desarrollo de una zona nueva, alejada del ruido y la contaminación que caracterizan a la bahía, pero a 20 minutos de su conocida vida nocturna; una carretera que redujo 40% el tiempo de recorrido desde la ciudad de México, y los accesos a playas exclusivas, fueron la combinación que ha hecho de Acapulco Diamante una alternativa atractiva para tener una propiedad en el antiguo destino turístico.

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Desde 1992, la promotora inmobiliaria Parque Reforma ha inaugurado cada dos años un proyecto de condominios en este sitio: Residencial Playamar I y II, Club Playamar I y II y Playamar Diamante, cuyas unidades se entregarán en junio de 2003, algunas adquiridas por quienes ya poseen propiedades en las anteriores unidades.

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Los 384 departamentos que suman en total las distintas fases se vendieron antes de terminar su construcción. Cada desarrollo ofrece su propia alberca, canchas de tenis, de paddle, bodegas, estacionamiento, quizá nada fuera de lo común.

Para Javier Amescua, director comercial de la firma, gran parte del éxito de estos desarrollos es su estricto reglamento interno, que ha facilitado la convivencia entre los propietarios. Se detallan cuestiones como por ejemplo usar toallas sólo azules y blancas, cortinas blancas por fuera, no bajar comida ni música a la alberca y no rentar un departamento por menos de un año (así se procura que haya siempre la misma gente). La buena relación de vecinos que se ha hecho es el resultado. “Es importante con quién compartes un lugar; esta gente es muy homogénea, de un mismo nivel socioeconómico, con educación similar y que sabe vivir en condominio”, dice el ejecutivo.
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