Adicciones, el infierno de todos tan tem

Con la proliferación de las drogas, mediante las cuales el adicto puede alcanzar el éxtasis para d
María Josefa Cañal

El infierno existe. Si no, que se lo pregunten a las personas que han caído en él cuando se hicieron adictas a las drogas o el alcohol. Muchos se han convertido en seres monstruosos para quienes les rodean, pero ellos son las primeras víctimas de esta auténtica plaga de la humanidad.

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Según cálculos, en 1998 había ocho millones de alcohólicos en el país, que afectaban a cerca de 32 millones de personas a su alrededor; 70% de los accidentes que ocurrían entonces, 60% de los suicidios y 80% de los divorcios estaban vinculados con el alcoholismo y la drogadicción, informa el Consejo Nacional para las Adicciones (Conadic). La misma fuente indica que 16.5% de la población urbana, entre los 12 y 65 años, ha usado drogas ilegales cuando menos una vez en su vida –60% hombres, 40% mujeres–. 34% han consumido alcohol, 24% mariguana, 18% cocaína, 13% anfetaminas y 11% otras sustancias tóxicas. Y todo parece indicar que, cada año, estos indicadores irán en aumento.

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En el ámbito organizacional, aunque la adicción a la droga o al alcohol data de años atrás, es un problema que se ha ignorado, solapado o minimizado de manera recurrente. Así lo considera Ernesto Cisneros, director general de Premeditest, quien al preguntar a distintos empresarios si creen que las drogas pueden estar dentro de su compañía, 95% de ellos contestó que no lo había siquiera pensado.

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¿Qué ocurre cuando un empleado no está sano porque consume alcohol, cocaína o mariguana, que son las drogas más comunes? “Los adictos son personas con un ausentismo bárbaro, que padecen lo que los médicos llaman enfermedades ocultas e inventan cualquier tipo de situación porque se convierten en los mejores mentirosos. Además, como consecuencia de su enfermedad, las compañías registran un aumento significativo de los accidentes de trabajo y el robo de insumos, y una disminución de la productividad”, asegura Cisneros.

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Empresa libre de drogas
Hoy, en Estados Unidos un gran número de empresas ha iniciado una política contra las adicciones e incluso, al nivel federal, el gobierno ha impulsado una reforma a la ley por la cual, si una empresa está “limpia”, obtiene 5% de descuento en las cuotas de seguridad social.

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En México se empieza a admitir y enfrentar esta realidad, aunque las autoridades no pueden con el problema de adicciones, que es enorme, por lo cual su gestión es represiva, más que preventiva. La Ley Federal del Trabajo, en sus artículos 134 y 135, establece que está prohibido para los trabajadores presentarse a trabajar bajo la influencia del alcohol, cualquier droga o narcótico. Lo anterior justifica la existencia de Premeditest, empresa de servicios especializada en toxicología que brinda un diagnóstico sobre el uso de sustancias no permitidas entre el personal, y cuyo lema es: “Empleados sanos, empresa sana”. Antes de gastar dinero en un empleado (estudios sociológicos, psicométricos, entre otras erogaciones) –recomienda Cisneros–, hay que saber si padece alguna adicción.

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La dinámica del diagnóstico que realiza Premeditest es como sigue: primero, con el fin de que los empleados vean que no se trata de una cacería de brujas, la empresa anuncia que iniciará una política antiadicciones, por lo cual practicará exámenes de orina en forma aleatoria. Las pruebas son muy sensibles, de quinta generación, lo que quiere decir que es muy difícil neutralizar el reactivo. El recipiente está diseñado ex profeso; cuenta con un termómetro para indicar si la muestra es fresca y con una tarjeta que es 99% fidedigna. Desde luego, el análisis se realiza frente al empleado, al tiempo que el experto elabora una cadena de custodia, donde aparecen todos los datos a fin de evitar que se cambien unas pruebas por otras (¿recuerda el lector cómo algunos “cuates” aportaban el contenido de los análisis antidoping que se le practicaban al futbolista Diego Armando Maradona?).

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Con frecuencia, en el entendido de que se trata de una enfermedad que puede ser curada, los empresarios deciden dar una segunda oportunidad a los empleados con adicciones. Entonces, los envían a pláticas de concientización impartidas por los especialistas de Premeditest, quienes los canalizan a grupos de ayuda y los monitorean con terapias semanales. “Algunos empresarios temen incorporar un programa de este tipo a causa de los sindicatos, sin embargo, éstos han comprendido que no pueden meter las manos al fuego por sus sindicalizados y que esto traerá beneficios económicos para su gente, que se volverá más productiva y, con el paso del tiempo, podrá exigir mejor remuneración –abunda Cisneros–. Eso sí, como dueño de la empresa, al entrar en un programa de esta naturaleza debe tener definido hasta dónde va a llegar porque, una vez iniciado, no hay marcha atrás. Para empezar, propongo que el propio director se someta a las pruebas, para que ponga el ejemplo.”

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Actualmente, por norma, la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal y la Secretaría de la Defensa Nacional exigen el examen toxicológico a las empresas de seguridad que requieren que sus empleados porten armas. Con dos años de labores, Premeditest incluye entre sus clientes al personal de seguridad de Televisa y a las empresas afiliadas a la Cámara Nacional de la Industria del Autotransporte de Carga, donde ha iniciado un programa intensivo con los choferes que, en ocasiones, llegan a tomar un “chocho” (estimulante derivado del valium) para terminar su jornada. “El hecho de que consuman droga conlleva un gran riesgo para las empresas porque, si un chofer es adicto a la cocaína, por ejemplo, es muy lógico que se preste a transportarla en su vehículo para poder pagar su adicción. Esto trae consigo muchas repercusiones.”

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Al final de los estudios, la consultora entrega un certificado como empresa libre de adicciones durante seis meses, plazo que considera adecuado para volver a aplicar los exámenes aleatorios. Cisneros alude a los beneficios del programa: aumento de la productividad, disminución de los robos hasta en 50%, reducción a la mitad de los gastos de servicio médico y los siniestros. Por lo demás, también repercute en una mejor imagen externa de la organización, mayor credibilidad, mejor servicio al cliente (en el caso, por ejemplo, de los cajeros bancarios) y mayor seguridad para los accionistas.

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Un hotel limpio
En diciembre pasado, cuando el Hotel Camino Real (CR) comenzó a realizar pruebas antidoping entre sus empleados, no imaginó que sólo tres de las 700 personas a quienes practicaron tales exámenes saldrían positivas. “Creemos que vamos a encontrar más porque faltan algunas áreas que pueden prestarse al consumo de drogas –admite Julio Sánchez Mejorada, gerente residente de la firma–, pero nos da gusto comprobar que nuestra gente es sana, que los procesos de contratación son efectivos.”

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Camino Real es la primera firma hotelera en México que lleva a cabo un programa de este tipo. “Cuando Premeditest presentó la propuesta de empresa libre de drogas, nos sorprendió un poco porque no habíamos considerado que podríamos tener problemas al respecto. Sabíamos que la gente metida en el alcoholismo o las drogas puede llegar a ser muy conflictiva y causar problemas en cuestiones de robos y demás”, declara el hotelero. Después de analizar la conveniencia del programa, CR decidió instrumentarlo, pero con la condición de no ajusticiar a la gente, sino de ayudar a quienes salieran positivos en las pruebas, meterlos en cursos o en programas donde trataran su adicción.

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Dos de los tres empleados con el problema comentaron que consumían mariguana de forma esporádica. “Estamos por practicarles otro examen para ver si es cierto; si nos engañaron, esto va a traer consecuencias para ellos. El tercero no es un gran consumidor de mariguana, pero sí lo hace en forma regular los fines de semana. Está dispuesto a tratarse por su cuenta en un grupo que conoce; si después de cierto tiempo reincidiera, tendría que abandonar la empresa. Manejamos el asunto con toda confidencialidad, pues sólo el director general, la gerente de recursos humanos y yo sabemos quién consume droga”.

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En cuanto a las pruebas de alcoholismo, “no hemos empezado todavía, y se practicarán sin previo aviso. El mismo sindicato nos pidió que las hiciéramos. En el medio turístico suele haber consumo frecuente de alcohol porque hay más acceso a él. Si encontramos a un empleado del hotel pasado de copas lo mandamos en un taxi a su casa, previo levantamiento de un acta administrativa que va a su expediente y queda como antecedente. La segunda vez les damos días de castigo y a la tercera va para afuera. No es frecuente, quizá unos 30 o 40 castigos de estos al año entre 1,200 empleados”.

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Sánchez Mejorada, quien fue el primero en practicarse el examen, cuenta que, al principio, hubo cierta renuencia, sobre todo por parte de las mujeres porque decían que era una invasión a su intimidad. Después aceptaron de buen grado. “Al terminar con CR México, seguiremos con los demás hoteles. Será una política permanente de la empresa, porque queremos poner nuestro granito de arena en una labor que es importante para todo el país.”

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La última y nos hundimos
La vida moderna, la inmadurez para manejar las crecientes necesidades de la sociedad de consumo, las presiones laborales, la inseguridad, todo esto y más serían razones válidas pero insuficientes para justificar el abuso en el consumo de algunas sustancias. “Si nos ponemos a ver, todos tendríamos que tener esa adicción porque hemos pasado por hogares destruidos, desempleo, divorcio o estrés ocasionado por el trabajo. Cada uno es libre de tomar una decisión con respecto a qué hacer con su vida, pero no todos elegimos la mejor opción porque hay quienes, como los adictos, manifiestan una incapacidad emocional para enfrentar la realidad”, dice Elizabeth Cué Silva, coordinadora regional de Oceánica Fundación.

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¿Cómo saber cuando alguien padece una adicción? La experta explica que lo más notorio son los cambios de personalidad, que el enfermo experimente altibajos en el estado de ánimo, pasando de la euforia a la depresión, o de la desinhibición a la agresión. El deterioro del sujeto varía.  Los pocos “alcohólicos puros” que pudiera haber (la mayoría combina el alcohol con pastillas para dormir o para funcionar tras la cruda) son mayores de 50. Pero, para quienes mezclan el trago con la cocaína, derivados como el “crack” o drogas de diseño, los estragos son inmediatos. “Los adictos llegan a Oceánica cada vez más jóvenes, a los treinta y tantos.”

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La vergüenza por considerarlo más como un vicio que como una enfermedad, la incapacidad de ver su propio problema y la escasa difusión respecto de esta enfermedad propicia que en raras ocasiones el enfermo acuda a instituciones como Oceánica. Son los familiares quienes lo hacen. Sin embargo, también ellos justifican al enfermo diciendo que no bebe a diario ni grandes cantidades, sin ver que no son la frecuencia o la cantidad lo que hacen a una persona alcohólica, sino el hecho de que un área de su vida esté afectada. Dicha área suele ser, en ese orden, la de las relaciones interpersonales, la social y la laboral. Se puede hablar de un estadio muy avanzado cuando el alcohol u otra sustancia afectan la eficiencia, la productividad o la toma de decisiones.

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Si los familiares se acercan a Oceánica y el enfermo no quiere recibir ayuda, sugerimos una intervención, donde todos se reúnen y le hablan a la persona afectada de lo importante que es para ellos, el daño que se está haciendo y su intención de apoyarlo para salir de la enfermedad, para la cual sí existe una solución. “Es un momento emotivo y muy eficaz –explica Cué–. Antes se pensaba que el enfermo debía pedir ayuda; ahora, recurrimos a la intervención para lograr que toque fondo porque hemos visto que esa etapa no llega por sí misma o, cuando lo hace, suele ser demasiado tarde.”

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Una vez que el enfermo está convencido de ingresar en Oceánica (que cuenta con un servicio para las empresas, llamado Programa de Asistencia a Empleados) se le interna durante cinco semanas en Mazatlán, aunque los fármacodependientes requieren de más tiempo para recuperarse: “Las pastillas parecen inofensivas, pero son brutalmente adictivas y causan muchos estragos”, afirma la entrevistada, quien considera que es muy doloroso para el paciente enfrentar el problema y descubrir el daño que se ha hecho a sí mismo y a los demás. Con el paso de los días, dice, renace un sentimiento de esperanza en el enfermo, al ver que existe una nueva oportunidad para rehacer su vida, recuperar la dignidad, la autoestima y los afectos, empezando a valorar lo que realmente tiene importancia, y no el coche, el puesto, la casa o los viajes. Hay un cambio interno que devuelve la paz a la persona.

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Al preguntarle qué ocurre cuando el ex adicto regresa a su entorno cotidiano, Cué advierte que las recaídas son parte de la enfermedad porque cinco semanas no son suficientes para cambiar una vida. “Nosotros garantizamos que va a tener las mejores herramientas para no recaer y hacemos un seguimiento mediante juntas de alcohólicos anónimos tres veces a la semana y dos sesiones de terapia, en los llamados grupos de crecimiento, con la supervisión de un terapeuta para ventilar sus problemas.” El resto depende de la fortaleza interior de cada persona.

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