Adiós a los préstamos al tanteo

México es testigo: conceder un crédito a la ligera puede resultar peligroso; negarlo estrangula a
Arantzatzú Rizo

Hasta hace poco, no existía en México una empresa que integrara en una misma base de datos los informes de crédito de todos los bancos del país. La decisión acerca de quiénes podían ser sujetos de crédito se tomaba de forma aleatoria, cuando en otros países, por ejemplo Estados Unidos, por años ha sido práctica común hacer un análisis crediticio previo basado en un caudal de información, como el que busca constituir Buró de Crédito (BC).

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Apoyada en una compleja infraestructura tecnológica, lo que esta firma ofrece a sus clientes –bancos y establecimientos comerciales con ventas a crédito– es ayudarles a reducir el riesgo de que sus préstamos caigan en cartera vencida, e incluso a evitar fraudes. Su base de datos se compone de la información que le proveen los bancos y 311 firmas comerciales en el país, relativa a todas aquellas personas que han sido clientes suyos al menos una vez; dicha información se concentra y ordena electrónicamente, con intervalos mensuales de actualización. Propiedad de Banamex, Bancomer y Serfin, así como de las empresas estadounidenses TransUnion, Dun & Bradstreet y Fair, Isaac Companies, BC surge en 1994 –aunque inicia operaciones dos años después–.

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Previo a su creación, la economía mexicana había iniciado una intensa actividad crediticia que, a la postre, con el estallamiento de la crisis de 1995, se convertiría en una agravante más del escenario recesivo que se avecinaba. El agotamiento de las reservas internacionales del país –que fueron empleadas por las autoridades en la compra de dólares con el fin de contener la caída del peso– derivó en un alza espectacular de las tasas de interés y, al multiplicar su valor de un día para otro, las deudas bancarias se volvieron imposibles de pagar.

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El papel de BC es contribuir a que esta historia no se repita. Por algún tiempo tal función recaía en Datum, una firma que también proporcionaba de información, pero que nunca superó deficiencias como la lentitud del servicio o la imprecisión de sus datos, por lo cual, de acuerdo con los propios bancos, resultaba poco confiable.

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Para no caer en los mismos errores de su predecesor, la nueva empresa inició la búsqueda de un socio tecnológico, cuenta su director Federico Castro Rojas. Lo encontraron en TransUnion, una firma con sede en Chicago, Illinois, que “aportó la experiencia y el desarrollo tecnológico en administración y uso de bases de datos de personas físicas”, explica. El acuerdo de asociación entre BC y TransUnion se firmó en 1996. Dos años después, ante la necesidad de contar también con información de personas morales, a la sociedad ingresó Dun & Bradstreet, que tiene presencia en 36 países. En la licitación fueron descartadas empresas como TRW y Equifax –que luego iniciaría operaciones en México, con lo que se convirtió en competidor de bc en algunas áreas–. Hoy, ambas poseen, junto con Fair, una compañía de software bancario, 36% de las acciones de bc, mientras que el restante 64% pertenece a los bancos.

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Contra la informalidad
La creación de bc, y sobre todo su vinculación con bancos y firmas especializadas, llamó la atención de las autoridades mexicanas. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), el Banco de México (BM) y los propios bancos crearon un reglamento para normar el buen funcionamiento del buró.

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“Al trabajar con domicilios, datos de empleo, resumen de créditos, entre otros, debían existir reglas claras para que los bancos no tuvieran miedo de aportar su información”, apunta Castro. En 1996, las autoridades dieron a conocer las reglas para el trabajo de las que, a partir de entonces, quedaron registradas como Sociedades de Información Crediticia (SIC), lo que les dio personalidad jurídica. Pero, dado que la ley también protege el secreto bancario, quedó establecido en las nuevas reglas que los datos que lleguen al buró no pueden ser públicos y sólo serán accesibles para los bancos e integrantes no bancarios de la SIC.

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Otorgar créditos ha sido un viejo dolor de cabeza. En la época en que el gobierno mexicano tenía el control de los bancos, antes incluso de la existencia de Datum, las autoridades intentaron formar un buró de crédito, pero nadie tomó en serio la propuesta. No existían los medios electrónicos de que se dispone ahora, además de que era más difícil convencer a las organizaciones de aportar información. “En ese entonces no había una necesidad urgente (de contar con una agencia de este tipo), o se creía que no la había”, señala el director de BC. El grupo de clientes a los que las instituciones financieras hacían préstamos era reducido, abunda.

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Esas eran las circunstancias incluso en la segunda mitad de los años 80, cuando sobrevino el boom de las tarjetas de crédito, periodo durante el cual los bancos prácticamente “regalaban créditos”. Su único objetivo era colocar el mayor número de tarjetas y préstamos posibles. “No se verificaba el historial crediticio; los bancos mandaban investigadores a indagar a su cliente potencial, pero en muchos casos la información que recababan no era veraz”, dice Castro. En precio y tiempo, estas indagatorias eran incosteables tanto para el otorgante del crédito como para el cliente, de ahí que en ocasiones se optara por omitirlas.

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La encomienda inicial de bc fue cambiar esta dinámica, la cual se mantuvo todavía con Datum. “Hacía falta profesionalizar el servicio con más información”, explica el directivo. A pocos meses de su constitución, los bancos ya enviaban sus datos; en correspondencia, sus ejecutivos de crédito cuentan en sus terminales con un software a través del cual pueden solicitar y recibir información en menos de 10 segundos; el costo por pedido es de $15 pesos si se trata de una persona física y $150 pesos, si de personas morales.

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Casi al mismo tiempo, empresas no bancarias, como IBM, Unilever, Casa Autrey, Mextel, Sears, Liverpool, El Palacio de Hierro, Telmex, American Express, así como arrendadoras, distribuidoras de autos y compañías de telefonía celular, entre otras, comenzaron aportar su información. Actualmente, la agencia trabaja con datos de firmas comerciales e instituciones financieras. Empero, ninguna empresa o persona física puede ser investigada si no es a solicitud de uno de los socios del buró.

Proveedores de información
BC opera a través de reportes en los que se integran datos de la persona o entidad investigada: registro de cuentas (con un resumen total), comportamiento de pago, historial crediticio de hasta 24 meses y reportes solicitados con anterioridad; también se revisa el nivel de ingreso –o flujo de capital si se trata de una empresa–, el acceso a otras formas de financiamiento, el nivel de garantías que ofrece y la fuente principal de ingresos. -

El servicio se brinda a instituciones financieras y personas morales que en forma habitual otorgan crédito. “Manejamos información factual –afirma Castro–, por lo que en ningún momento podemos hacer análisis o recomendaciones. Es el banco quien tiene la última palabra”. Por sí mismos, los reportes que envía BC no son suficientes para determinar si el aludido es –o puede ser– sujeto de crédito. Sin embargo, admite, la función del buró es determinante en esa decisión.

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Además, BC puede informar si la persona o la empresa en cuestión está bajo proceso mercantil, lo que logra establecer por medio de la información que le envían los asociados. “Si en algún momento alguna persona hizo mal uso de una identificación oficial o falseó algún domicilio, el socio envía de inmediato el dato a BC”, asegura Castro. Esto permite que los acreedores conozcan conductas de los clientes que no necesariamente tienen que ver con su puntualidad para pagar, pero que pueden ser relevantes para quien otorga un crédito.

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Con el fin de evitar que el solicitante de un préstamo dé en garantía un mismo bien en distintas peticiones, el buró se apoya en los registros públicos de propiedad y comercio. A partir de este año, también integra datos de algunos bancos extranjeros.

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La función de BC se volverá crucial a medida que se profundice la lucha por el mercado de las tarjetas de crédito. Pero para eso tendrá que reactivarse el consumo y reducirse sustancialmente el problema de la cartera vencida. De acuerdo con datos del BM y la CNBV, en el sistema bancario ésta asciende aproximadamente a $235,000 millones de pesos, esto es, 30% del total de la cartera de créditos vigente. Los sectores que mayor cartera vencida tienen son los relacionados con servicios como restaurantes, hoteles y comercios, así como con los que otorgan créditos hipotecarios y al consumo (tarjetas de crédito y bienes duraderos).

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Por ahora, en BC los bancos y compañías afiliadas pueden encontrar 25 millones de historiales crediticios y un mensaje: sobre advertencia no hay engaño.

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