Adiós a Seattle

Iba a ser la consagración de Clinton. Pero la cumbre fue el mayor fracaso de la OMC.
RM

Norm Stamper, el jefe de la policía de Seattle, ya ganó sus 15 minutos de fama. La actuación de sus hombres en la pasada reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC) fue criticada no sólo en las calles de esa ciudad, la capital del grunge y de Microsoft, sino en todo el mundo, especialmente en Europa.

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La tarea de Stamper no era fácil. Como explicaba el periódico International Herald Tribune, los manifestantes convirtieron la reunión de Seattle en una especie de Woodstock. Organizaciones ambientales, laborales, representantes de países del Tercer Mundo, todos, se unieron en un grito contra la apertura comercial indiscriminada. Las protestas hicieron casi imposible los trabajos de la reunión, que se quedó sin grandes fiestas de inauguración y de clausura. La policía lanzó bombas lacrimógenas y balas de goma, encarceló a cuantos pudo –cerca de 600 personas– y quedó mal con todos. Los comerciantes del centro de la ciudad se quejan de pérdidas por $17 millones de dólares a consecuencia de las protestas y de la forma en que fueron reprimidas.

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Stamper anunció su renuncia el 7 de diciembre, tres días después de la clausura de la cumbre.

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Pero la ronda de negociaciones no necesitaba estas protestas para fracasar. Más que box, fue lucha libre: Estados Unidos contra la Unión Europea y países ricos contra países pobres.

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Las conversaciones terminaron sin acuerdos y sin que se fijara una fecha para nuevas pláticas. Lo que buscaba cada quien:

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Los países en desarrollo querían que se alargaran los plazos de apertura fijados en 1994 y más transparencia en los mecanismos de solución de conflictos.

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Estados Unidos quería que la Unión Europea abandonara los subsidios a los productos agrícolas.

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Europa y Estados Unidos buscaban que se vinculara a los acuerdos comerciales la condición del respeto a los derechos laborales mínimos. Hasta México se opuso: “Se debe encontrar solución a los asuntos ambientales y laborales en su propio ámbito, no en la OMC”, dijo Herminio Blanco, secretario mexicano de Comercio.

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Japón pedía que Estados Unidos reformara algunas leyes sobre competencia desleal.

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Una de los pocas propuestas aceptadas fue la hecha por Estados Unidos, de no multiplicar las trabas al comercio por Internet.

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Mike Moore, secretario general de la OMC, explicó que no era fácil que “los delegados de 135 países, que representan a 1,000 millones de ciudadanos se pusieran de acuerdo en tan poco tiempo sobre temas tan difíciles”.

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Un toque de humor para terminar: cuando Mike Moore agradeció la “hospitalidad” de Seattle no pudo contener la risa, y la carcajada se contagió a los delegados que asistieron al acto de clausura.

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