Adiós maquiladoras

La capital yucateca necesita un nuevo empujón para entrar de lleno a la ola modernizadora. Y lo nec
Yolanda Ruiz

Mérida ya no es lo que era. Hoy tiene mejores carreteras, un puerto de altura de primer orden, un aeropuerto internacional y cada vez más universidades privadas. Pero no fluyen inversiones. La industria maquiladora amenaza con el éxodo masivo, la planta laboral carece de capacitación, las empresas familiares se resisten al cambio y el turismo no termina de despegar.

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Los meridanos presumen de su vocación comercial. No es alarde, los datos y la historia corroboran que esta es la actividad más pujante de la capital yucateca. Desde esta metrópoli de cerca de 800,000 habitantes se surten el resto del estado, Campeche, Quintana Roo y parte de Tabasco.  Actualmente hay 600 firmas comerciales registradas en la capital, con un número indeterminado de sucursales; 30 son cadenas de autoservicio y 300 son establecimientos localizados en otros puntos de la región.

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Sergio Asís Abraham Mafud es uno de los protagonistas del impulso comercial de la zona. Hoy dirige la cadena de supermercados San Francisco de Asís, que ha sobrevivido a la llegada de competidores. En sus 20 años de existencia, la empresa ha pasado por todo. Tiene 35 tiendas en 11 ciudades y este mismo año abrirá una más en Mérida, donde ya hay 14.

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Las crisis y el arribo de los contendientes, dice, les obligaron a ser eficientes y modernos. Se vanagloria de no haber cerrado ningún supermercado, pero acepta que después de “la crisis del 11 septiembre” las ventas han bajado 20%.

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La corporación se reparte el pastel comercial con Chedraui, Comercial Mexicana, Gigante, Sam’s, Wal-Mart, Costco, Carrefour, Price Club y próximamente con la firma norteña Soriana, que está por abrir dos tiendas en la entidad.

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Asís no se amedrenta. Todavía controla, asegura, 38% del mercado de autoservicios. Confía en nuevas oportunidades, como las que traerá la firma del Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea, que entró en vigor en 2000 y que intensificará las relaciones con el viejo continente, pues le permitirá importar productos más baratos para llenar los anaqueles de sus supermercados, que son atendidos por 2,800 empleados.

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Carlos Canto, presidente local de Coparmex, considera que el sector comercial y de servicios ha amortiguado los efectos de la crisis económica del último año, sobre todo porque ha absorbido una parte significativa de los 4,000 trabajadores que perdieron su empleo con el cierre o reducción de personal de las maquiladoras extranjeras, sector que se ha convertido en un dolor de cabeza para las autoridades.

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En cuanto al comercio internacional, afirma que “la mayor parte del esfuerzo del gobierno y particulares se destina a Estados Unidos. En Mérida tenemos muy buena relación comercial con Cuba. Hacia allá exportamos alimentos, calzado, ropa, etcétera. A Europa le vendemos pescado y frutas más que artículos industriales, y a Centroamérica y el Caribe, productos pétreos y cemento. Pero más de 90% de las exportaciones va a parar a Estados Unidos”, resume.

-El presidente de la Cámara de Comercio y Turismo de Mérida, Luis Alberto Rivas Polanco, describe la reciente trayectoria comercial de Mérida: “En los últimos siete años empezamos a ser apetecibles para las empresas internacionales. Tenemos una instalación comercial para tres millones de habitantes y sólo tenemos 800,000; aun así todas las cadenas de autoservicio aseguran tener utilidades y esperan mejores épocas. Tienen capacidad para esperar, como Carrefour, que está dispuesto a aguardar 10 años para que Mérida se convierta en una plaza ideal para ellos.”

El mayor obstáculo para seguir invirtiendo en nuevas tiendas es la política fiscal impuesta por el Congreso de la Unión, reflexiona Sergio Asís. “Esperábamos una reforma con una política fiscal promotora del crecimiento y la inversión en las compañías y no netamente recaudatoria y compleja de cumplir. Esto inhibe la inversión”, concluye.

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El éxodo maquilador
La supresión en enero de este año de las exenciones fiscales para los inversionistas extranjeros y nacionales, la falta de modernización y el costo de la mano de obra (es más barata en Asia) han ocasionado una huida masiva de firmas. La gallina de los huevos de oro de los años 80 se ha transformado en un animal hueco y obsoleto, y Mérida no ha escapado a esta situación. La euforia del año 2000, cuando en la entidad se contabilizaron 140 maquilas –98 en la capital–, se ha tornado preocupación. Hoy se cuentan en la capital de Yucatán alrededor de 80 plantas con menos de 14,000 empleados. En dos años, la maquila ha descendido aproximadamente 20%, con despidos de más de 4,000 trabajadores.

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Nada hacía augurar estos resultados cuando los lotes de tierra en la zona se empezaron a llenar de construcciones. Después de un crecimiento moderado en los 80, hubo una explosión de nuevas aperturas de maquilas, sobre todo a partir de 1995, cuando el dólar estaba caro y el peso muy barato. En esos años se pasó de 8,000 trabajadores a 30,000.

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Las previsiones multiplicaban producción, empleos y compañías en los parques industriales de la zona, pero la realidad económica transformó el panorama drásticamente. Además, poco se puede hacer con el tipo de maquila instalada en Mérida, de primera generación, con procesos de producción sencillos, generalmente del ramo textil y que tendrían menores costos en China.

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David Alpízar es director general de Ormex, una empresa de capital estadounidense que fabrica productos de ortodoncia. Fue la primera maquiladora que se instaló en la ciudad. Era 1982 y el gobierno federal emprendió un plan para llevar tales negocios a distintos puntos del país. Los dueños de la firma en la unión americana hicieron sus cálculos y vieron ahorros en mano de obra. No cayeron en la cuenta de la falta de buenas comunicaciones e infraestructura adecuada. Casi tuvieron que echar el cerrojo a los dos años.

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Cuando las autoridades se dieron cuenta de que para atraer inversiones también había que proporcionar servicios la situación empezó a transformarse. Si en 1984 trabajaban en Ormex 50 empleados, ocho años después –cuando la firma cambió de dueño e inició procesos de reingeniería– ya laboraban en ella 400 (hoy son 600) y desde entonces crece a un ritmo anual de 5%.

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Alpízar se queja, sin embargo: “El nuevo gobierno estatal dice que quiere activar el crecimiento, pero las condiciones no son tan favorables como hace cinco años. En los dos últimos años se han establecido dos o tres compañías. Antes eran 10 o 15 por año. El gobierno federal se ha ido contra la maquila. En lugar de darle facilidades, se las ha quitado. Le ha incrementado impuestos. Pero no puedes poner la misma regla a los que ya están que a los que van a llegar: al que viene nuevo hay que darle las mismas facilidades que a los otros en sus inicios”, concluye.

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Una probable solución sería atraer a la maquila “de segunda generación”, centrada en tecnología de la información, industria aeroespacial y electrónica. De hecho, ya se estableció en Mérida una empresa que produce partes de turbinas para la industria aeroespacial, PCC Castparts, que pretende invertir en la zona $125 millones de dólares en un lustro y crear más de 2,000 puestos de trabajo, de los que 500 son ya un hecho. No es una tendencia generalizada. Casi todos los empresarios señalan la falta de capacitación como un obstáculo para el desarrollo de Mérida y el estado. “La capacitación hay que mejorarla –reconoce Asís–, pero la gente yucateca aprende bien y rápido. Casi no hay problemas sindicales, algo atractivo para los inversionistas.” Sólo se trata de que los empresarios y las instituciones académicas dialoguen acerca del perfil de profesionista que se necesita.

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Hasta ahora, la ventaja de Yucatán para la maquila residía en su cercanía con el sureste de Estados Unidos, una mano de obra más barata que en las ciudades fronterizas del norte de México ($50 pesos la jornada de ocho horas), abastecimiento de electricidad y agua con holgura y una seguridad de la que carecen otras ciudades.

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Eraclio Cruz Pacheco, profesor de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Yucatán, hace cábalas sobre el futuro de la maquila: “Estimo que habrá un crecimiento moderado, tal vez 10% anual, los próximos seis años. Lo peor es el acuerdo comercial que México firmó con China, que permitirá que en seis años el producto oriental llegue al país sin aranceles. Seguramente de acá se va a intentar triangular la producción asiática a Estados Unidos”, explica. Y continúa con la argumentación: “El peligro para México es que China no llegue con inversiones sino que, al tener ellos costos mucho más bajos y procesos de producción masivos, utilicen al país como punto de comercialización.”

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Los lamentos en el sector continúan. Felipe Riancho, director general de Meritronics, fabricante de reguladores e inductores electrónicos, alude al exceso de trámites que ahuyenta a los inversionistas: “Cada vez hay más  papeleos. Así deja de ser atractivo. Los extranjeros no entienden nada. Los impuestos aumentaron el costo de la mano de obra y provocan el éxodo continuo de empresas”, acusa.

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Actualmente, 50% de la maquiladora es de capital estadounidense, 25% de local y el resto oriental y de otros países como Canadá.

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La hora del turismo
El gobierno también se ha fijado metas en el sector turismo, que, no obstante su gran potencial, sigue en el letargo, mermado por crisis recurrentes. Según Rivas, de la cámara local de comercio, la crisis de 1995, por ejemplo, redujo el número de viajeros en 30%.

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“El turismo –opina Cruz– es uno de los pilares del gobierno actual. Quiere hacer de él una fuente de crecimiento económico, pero no ha despuntado. Algo que limita mucho es que todo el control está en agencias mayoristas internacionales, que se quedan con el grueso de las utilidades. Además, la mayor parte del turismo en Mérida es de rebote, del que proviene de Cancún.”

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Tras los sucesos del 11 de septiembre, el arribo de extranjeros declinó 25%. “Los hoteles están reportando una ocupación promedio de 60%, en el mejor de los casos”, refiere el investigador. No obstante, matiza, de unos años a la fecha “el turismo está aumentando paulatinamente, a un ritmo de 4 o 5% anual.”

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El principal obstáculo al desarrollo del sector, señala Rivas, es la falta de promoción a escala internacional. Este año, sin embargo, las autoridades del ramo prevén invertir $200,000 dólares en promoción de la entidad.

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 Además, con la intención de contribuir a situar a Yucatán en el mapa turístico mundial,  cada año se organiza en Mérida la feria internacional denominada Ki-Huic Turístico, que exhibe los diversos atractivos del mundo maya en Campeche, Yucatán, Quintana Roo, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador.

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La ausencia de nueva infraestructura hotelera refleja la difícil situación. Desde 1994, cuando se construyeron el hotel Fiesta Americana y el Hyatt, sólo ha abierto sus puertas el Villa Mercedes, además de la reinauguración del Hotel Castellano. Actualmente, la capital cuenta con 122 establecimientos equivalentes a 5,375 habitaciones; en el resto del estado hay poco más de 7,000 cuartos.

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Otro esfuerzo por incentivar el turismo es el Centro de Convenciones Siglo xxi, inaugurado en 2000, pero que hasta ahora no ha tenido los efectos buscados. El número de visitantes de negocios es menor a las expectativas, En 2001 se celebraron escasamente 20 eventos, cuando las previsiones eran de 48.

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Muchos meridanos también expresan sus reservas hacia otras iniciativas turísticas, como la del Expreso Maya, que empezó a funcionar en junio de este año y que, por el precio de $500 dólares, lleva al pasajero por un recorrido turístico de Mérida a Palenque, pero, tal como ha sucedido con las haciendas transformadas en hoteles de lujo, que aún no alcanzan la ocupación deseada, el tren podría convertirse en el sueño particular de un empresario y no en un detonador del crecimiento económico de la región, advierten algunos.

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Águila y Sol de Mérida
Según Cruz, un freno para el desarrollo de la ciudad es el alto índice de firmas familiares. Representan aproximadamente 80% del total y casi todas operan con estilos de gestión y administración tradicionales y obsoletos. “Si algo tiene negativo el empresario meridano es la incapacidad para establecer asociaciones con otras personas y emprender nuevos negocios”, dice el investigador, quien comenta sobre la poca aceptación que tuvo en esta región del sureste la propuesta de desarrollo del gobierno de Ernesto Zedillo, basada en el encadenamiento productivo: “Aquí  ha predominado el negocio familiar, que es un pequeño coto de poder.

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Tener una empresa te da estatus y compartir este poder es perder. Esto ha permeado en todos los sectores”, lamenta.

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Lo peor de todo es que sin alianzas no existe la capacidad de abastecer ciertos pedidos internacionales y por tanto el empresario yucateco queda fuera del mercado global. La mayoría de los hombres de negocios de Mérida asegura que la experiencia les ha enseñado a desconfiar. Según Cruz, “no ha habido reglas claras (jurídicas, de compromisos, derechos y obligaciones) entre los participantes y siempre estas asociaciones han desembocado en algún fraude”.

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Otro escollo, según el profesor de la Universidad Autónoma de Yucatán, “es esa percepción errónea, tanto nacional como extranjera, del aislamiento geográfico de Yucatán. Somos puerta de entrada al sureste de Estados Unidos, estamos conectados con ese país de forma rápida por vía aérea y marítima, y tenemos una situación privilegiada entre Centroamérica, Estados Unidos y el resto México.”

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Aunque hay factores que impiden una expansión más acelerada de la economía de Mérida, donde se concentra 80% de las actividades de negocios, también hay razones para la esperanza. Felipe Riancho, de Meritronics, tiene fe en el Plan Puebla-Panamá. Este directivo asegura que, gracias a la mejora de las comunicaciones, aumentarán los vuelos de carga de tres a 200 semanales, en los próximos 25 años. Por ahora, se trata sólo de estimaciones.

El gobierno ha detectado una nueva actividad en la que Mérida puede tener ventajas. Se trata de la industria para proveedores hospitalarios de Estados Unidos. La zona sureste de la unión americana cuenta con un número importante de clínicas de renombre. Son firmas con alta tecnología localizadas en su país, pero que pueden contar con plantas en la península para su nivel más bajo de producción. Ahorrarían en costos y la capital yucateca está equidistante de Miami, Nueva Orleáns y Houston, que son las ciudades donde están los sanatorios.

Aparte de estas ventajas, habría que sumar la disponibilidad de terrenos, la capacidad eléctrica suficiente, disponibilidad de agua a ocho metros de profundidad, seguridad y calidad de vida para los inversionistas y excelente comunicación con los clientes de la  unión americana.

No en vano, como dice Cruz, “la ciudad ha crecido en la actividad económica, comercial y turística, fácilmente en 30 o 40% respecto a lo que era la Mérida de los años 80”.
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