Afianzadoras: la independencia oficial

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LHM

Sujetas a la obra pública federal, estatal y municipal, las afianzadoras del país trabajan a marchas forzadas para que los recortes al presupuesto no afecten de manera considerable sus finanzas. Según Jorge Orozco Laine, presidente de la Asociación de Compañías Afianzadoras de México, las restricciones al gasto público disminuyen la posibilidad de concretar negocios de gran envergadura para los integrantes del sector.

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“Dentro de nuestros proyectos –explica– tendremos tal vez un menor crecimiento. Es imposible estimarlo porque no todos los negocios requieren el mismo tamaño de fianza. Resulta difícil medir, en términos de pesos y medidas, el efecto que causará el recorte presupuestal.”

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Sin embargo, un decremento en las inversiones principales de Petróleos Mexicanos (Pemex) tendría efectos serios para las afianzadoras, puesto que 10 o 20% de las emisiones de pólizas del sector son producto de las operaciones con Pemex. De tal manera que, en la medida que las autoridades afecten el presupuesto de la paraestatal, los ingresos de las compañías disminuirán en la misma proporción.

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Anualmente, las afianzadoras expiden un promedio de 400,000 pólizas. “Las entradas más importantes son las que provienen de las autoridades –comenta Orozco–. Sobre todo, porque 60% de nuestras pólizas están relacionadas con los gobiernos federal, estatal y municipal.”

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Para demostrar la importancia de estas instituciones, el directivo recuerda el papel decisivo que tuvieron para la importación de maquinaria que conformó la red maquiladora del país. “Las afianzadoras, a pesar de no tener una imagen muy popular, cuentan con la versatilidad necesaria para ofrecer al fiado una gama amplia de operaciones para cumplir con sus necesidades de financiamiento”, comenta.

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Pero no todo es de un color tan rosa como quisiera el directivo: según las autoridades de la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas (CNSF), algunos intermediarios incumplen con los requisitos legales mínimos para elaborar una póliza; de ahí provienen los reclamos que reciben las compañías por faltar a las cláusulas de contratos pactados. No obstante, los funcionarios de la comisión sostienen que el servicio de las afianzadoras debe equipararse con el otorgamiento de un crédito por lo que los solicitantes, antes de recibirlo, estarían obligados a demostrar la viabilidad de sus negocios.

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Apenas ahora se verá el impacto de la crisis financiera en el sector y los efectos de un posible trabajo deficiente por parte de las afianzadoras, puesto que para estas intermediarias deben transcurrir dos años para que el beneficiario, una vez ocurrido el incumplimiento, presente sus reclamaciones.

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Las afianzadoras prefieren guardar silencio ante estas críticas. Está claro que todavía falta para que una gran parte del sector, conformado por 20 compañías –muchas de ellas vinculadas a grupos financieros y aseguradoras–, sea completamente eficiente.

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“Una fianza –concluye Orozco– es el instrumento idóneo más barato para garantizar el cumplimiento de las obligaciones; una operación que funciona con base en garantías y contra garantías para moldear un contrato que, inclusive, regule los procedimientos de reclamación en su caso.”

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