Afrodisíacos... ¿le interesan?

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Julieta Maldonado

Desde siempre, el hombre ha buscado la forma de prolongar su vitalidad sexual mediante excitantes naturales y químicos, conocidos como afrodisíacos. Mientras algunos han resultado dañinos debido a sus características tóxicas, muchos otros están vigentes por su eficacia o, simplemente, porque son inocuos.

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Una de las referencias más remotas se encuentra en el bíblico Génesis: “Salió Rubén al tiempo de la siega del trigo, y halló en el campo mandrágoras, y se las trajo a Lía”. En Grecia y Roma también era estimada esta raíz (según Plinio, Discorides, Pitágoras y Plutarco), donde se ponderaban sus propiedades para estimular la virilidad.

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También las pomadas y ungüentos para provocar la erección han existido desde hace mucho. Los más populares eran elaborados con ortigas o pimientos picantes que provocaban la irritación del miembro, y algunos más se hacían con otras hierbas de gran poder astringente. Esas mezclas solían resultar terribles debido a que se abusaba de ellas; por ejemplo, la cantárida (insecto coleóptero) en Italia, Francia y países árabes era empleada como medio depurativo, en parches que levantaban ámpulas en la piel. Como ingrediente de tónicos provoca violentas irritaciones en intestinos, riñones y órganos generativos, y la erección que se logra es gracias a la contracción de los tejidos.

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Las Cruzadas y la influencia de la burguesía aligeraron los rigores medievales. En libros esotéricos se incluía la preparación de filtros “infalibles” para acrecentar el deseo, como el polvo de la yerba Vinca Pervinca (Ivestisí para los caldeos, Vornax en Grecia, Pervinca para los latinos y Pervenche para los galos). Se ingería espolvoreándola en los alimentos. Con el correr de los siglos fueron utilizándose halógenos potentes con iguales resultados, tales como el hashish, que puede ser, según la cantidad consumida, hipnótico o sedante. Crea el efecto subjetivo de dilatar el tiempo y, por ende, el acto sexual.

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Coca, opio y LSD
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La famosa cocaína incrementa la resistencia física gracias a su acción sobre el -sistema nervioso. Aplicándolo en el orificio del pene, provoca el espejismo sensorial de que éste ha aumentado de tamaño. Aunque placentero, a la larga ocasiona falta de interés sexual y lesiona tejidos internos. Muchas otras drogas (morfina, opio, LSD, Éxtasis) son utilizadas con el mismo fin. Tienen en común el peligro que se corre en su empleo, además de que la supuesta vitalidad que provocan está dentro de la esfera alucinante.

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En India, la culinaria promete al varón un punto óptimo de virilidad al aprovechar la riqueza nutritiva de la cebolla, ajo, frijol y berro. Y así como el libro -Ananga-Ranga ofrece algunos tratamientos para restaurar el vigor, o el famosísimo texto hindú del -Kama Sutra da algunos útiles consejos para el mismo objetivo, El Jardín Perfumado, manual de erotología que El Jeque Nefezaquí escribió en el siglo XIV, aún hoy es muy renombrado.

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Otra herencia oriental es la Panax Schinseng ,“la planta de la eterna virilidad” según lo afirman los escritos de los varones de la dinastía Yin. Esta fue redescubierta por los científicos como regeneradora del sistema endócrino, responsable de la vida sexual humana. Las glándulas endócrinas, como es sabido, regulan el deseo y son extremadamente delicadas, pero cuando se las somete a estimulaciones artificiales hay pérdida total de la virilidad.

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Entre los japoneses, uno de los afrodisíacos codiciados es la sopa de nido de golondrinas de mar, y su secreto estriba en las algas pegadas con el desove de los peces, que son grandes depósitos de minerales (sobre todo la iodina, esencial para preservar las glándulas endócrinas y en particular de la tiroides). La salsa china Nuocman preparada con mariscos, brotes de bambú, ajos y cebollas, igualmente provee de minerales benévolos.

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En México, a lo largo y ancho de la Huasteca es bien conocido el efecto afrodisíaco de los tés del anacahuite. De su madera se extrae, al cocerla, una resina balsámica. Después de filtrar, se toma como agua de uso antes de cada alimento. Otro tónico recomendado en casos de debilidad por causa de excesos sexuales, es la damiana, planta muy común en las zonas tropicales de nuestro país. Ésta se cuece y se bebe después de comer. También se ha observado su eficacia en la cura de la impotencia.

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Ciencia Dixit
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Al estudiar las recetas orientales se encuentra que su efectividad se debe a que son fuentes nutricias de las glándulas directamente relacionadas con la virilidad. La leche (más la de cabra) contiene materias albuminoideas y proteínicas; la yema de huevo se caracteriza por la lecitina que atesora, de gran importancia para la producción del esperma, igual que las semillas de sésamo. Por su parte, la miel proporciona el ácido aspárico, empleado para curar la fatiga de alcoba; los reconocidos ostiones, nueces, almendras, avellanas y las semillas de calabaza proporcionan el zinc indispensable para la producción del líquido seminal y mantienen en perfectas condiciones la glándula prostática.

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Así como a la vitamina E se le ha denominado la “vitamina sexual”, pues su deficiencia causa degeneración de las células germinales de los testículos, la A es indispensable para el mantenimiento de los tejidos testiculares y las membranas mucosas de los órganos sexuales.

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Los sexólogos opinan que la declinación del deseo se debe a múltiples causas, tales como una rutinaria práctica sexual no imaginativa, estrés y el abuso de estimulantes. Es decir, el problema proviene de la fisiología y la mente del individuo, de su interior. Por tanto, ningún afrodisíaco será satisfactorio si hay incompatibilidad en la pareja. Así pues, el secreto para permanecer viril es un buen estado de salud, una visión positiva de la vida, el seguimiento de un régimen fortificante y la consulta periódica al médico.

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