Agave <br>Jaqueca de los tequileros

Los vaivenes históricos en la producción de agave nuevamente han puesto en aprietos a la industria

Se dice que los extremos nunca son buenos, lo que parece ser cierto en el caso de la cadena productiva del tequila. Después de que este sector padeció hace unos años una severa escasez de agave, ahora sufre por la sobreproducción de la materia prima con la que se elabora la mexicanísima bebida.

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Desde hace algún tiempo ya había señales que alertaban acerca de una próxima sobreoferta de agave tequilero Weber azul, pues en tan sólo tres años se duplicó el número de plantas sembradas, al pasar de 59 millones en 1988, a 120 millones en 1991. Pero no fue sino hasta el año pasado cuando los focos rojos se encendieron: el inventario sumaba 180 millones de plantas, cifra descomunal para los requerimientos de la industria tequilera que anualmente consume 240,000 toneladas de agave, lo que equivale a poco más de cinco millones de plantas, considerando un peso promedio unitario de 45 kilogramos.

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Pero lo más grave es que, aun cuando esas plantas están en distintas etapas (su crecimiento toma 10 años), alrededor de 70,000 toneladas presentaban un estado de extrema madurez. Ello significaba que, de no ser procesadas en un lapso no mayor a cinco meses, corrían el riesgo de perderse, perjudicando a los agricultores que viven de esta actividad (2,500 registrados y entre 5,000 y 6,000 independientes).

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A raíz de ello, los dos extremos de la cadena productiva del tequila entraron en serios enfrentamientos que, incluso, llegaron al bloqueo de fábricas del ramo por parte de los productores afiliados a El Barzón. En respuesta, decidió el gremio tequilero no comprar más agave, lo que paralizó a la industria. Entre ambos, el Comité de Comercialización del Tequila —creado a iniciativa de la Secretaría de Desarrollo Rural del gobierno del estado de Jalisco (Seder)— intentó que los contrincantes llegaran a un acuerdo que pusiera fin a un conflicto que se ha prolongado por meses, que para Adolfo Riverón Cervantes, presidente de la Cámara -Regional de la Industria Tequilera (CRIT) ha tomado “tintes políticos”.

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Más allá de la solución que se le dé, queda al descubierto que se trata de un problema estructural, reflejo de una falta de planeación y de integración en la cadena productiva.

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No se midieron
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Riverón explica que el origen de la sobreoferta de mezcal agavero se remonta a 1987, cuando se presentó una escasez de esta materia prima. Entonces, la ley de la oferta y la demanda empujó el precio del agave a niveles tan rentables —de 1987 a 1989 el precio de la tonelada pasó de $70 a $700 pesos— que, junto con animar a los agaveros a aumentar sus siembras, atrajo a nuevos productores a sumarse al mercado. Al mismo tiempo, los fabricantes, para cumplir con sus compromisos, buscaron asegurar el suministro de su principal insumo a través de promover sus propias plantaciones o de establecer contratos a largo plazo con los productores.

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A su juicio, la medida tomada por los industriales fue “muy válida”. No piensa lo mismo Maximino Barbosa Llamas, líder nacional de la Federación de Productores Agropecuarios y Forestales El Barzón: “Todo fue parte del juego de los tequileros que provocaron una sobreproducción para poder comprar el agave mucho más barato”. Aún más. Julián Rodríguez Parra, dirigente de El Barzón del Agave afirma que Cuervo —líder entre las empresas tequileras— conocía desde hace dos años la magnitud de las existencias de agave, lo que le permitió manejar una baja en el precio de la materia prima y con ello aumentar el margen de sus utilidades.

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Riverón, también directivo de la Casa Cuervo, responde: “Esa es una interpretación infantil que no resiste análisis”, aunque admite que dicha empresa presentó hace tres años y medio a la CRIT un proyecto para que los industriales -monitorearan, a través de imágenes de satélite, el inventario de agave para así iniciar una planeación que evitara los vaivenes que se dan en este sector agrícola. “Aunque la mayoría no aceptó participar en el proyecto, lo relevante es que si esa tecnología se adquirió hace dos años, es imposible que se manipulara lo que se sembró hace ocho, cuyo resultado es la sobreoferta actual. Se necesitaría ser brujo para adivinar lo que vendría”.

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El caso es que los excedentes se acumularon hasta llegar al punto donde se conjugan altos volúmenes y bajos precios (el de la tonelada de agave ha caído a $500 pesos). Según el director general de Fomento Agropecuario y Fruticultura de la Seder, Epitacio Robledo Robledo, “vivimos momentos críticos producto de una falta de planeación agrícola y económica”.

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¿Y quién debió haberse encargado de esa planeación? Para José Luis González Iñigo, presidente del Consejo Regulador del Tequila (CRT), ese papel le correspondía a la Secretaría de Agricultura. “Pero ello era difícil, ya que no había mucha información sobre el sector”, matiza el dirigente del organismo que vigila el cumplimiento de la norma oficial del tequila.

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Según Barbosa, no hay pero que valga: “La Secretaría de Agricultura se olvidó de la programación y, más que dar libertad, otorgó un libertinaje para que cada quien sembrara lo que quisiera y pudiera”.

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Diversas propuestas para un mismo tema
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Por lo tanto, la solución definitiva, tanto para productores como para fabricantes de tequila, es una planeación estratégica. Pero cómo, es ahí donde vuelven a surgir las diferencias.

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Dado que el inventario de mezcal cambia día con día, el CRT propone crear una “tarjeta inteligente”, la cual permitiría contar con un balance real y actualizado, -tanto de las plantas que se van consumiendo —especificando su edad y a qué predio pertenecen—, como de las que se van resembrando. González detalla: “Sería una obligación dar de baja lo que se consumió y dar de alta lo que se sembró, para que el CRT pudiera informar a los agricultores y así asegurarles que cuando el agave cumpla su proceso de maduración, lo van a poder vender. A su vez, el industrial tendría la confianza de contar con suficiente materia prima para su consumo”.

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A pesar de sus ventajas, el presidente de la CRT reconoce que no todos están convencidos de la “tarjeta inteligente”. El líder del ramo tequilero parece ser uno de ellos: “Estamos en la mejor disposición de que exista un método que mantenga actualizado el inventario de agave, pero tienen que presentarse opciones para decidir cuál es el más conveniente”.

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Robledo, también representante de la Seder en el Comité de Comercialización del Agave, considera que “plantaciones planificadas deben significar plantaciones contratadas”. Sin embargo, para despejar la incertidumbre en los precios, sugiere que el agave se maneje en el mercado a futuros. Tanto el presidente del CRT como el de la cámara tequilera coinciden en que la propuesta es “muy interesante”. Aún así, para crear un mercado a futuros, “los que tienen que contestar son los agaveros más que los industriales”, dice Riverón.

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Más opciones
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Otra de las apuestas de la Seder es diversificar los usos del mezcal. Según expone Robledo, la empresa Mielagaves, de Alvaro Cetto, cuenta con los prototipos de los productos elaborados a partir de los jugos del agave, con los contactos comerciales y hasta con una demanda por escrito. “Lo único que falta para montar la fábrica —que al momento de empezar a producir bajaría el inventario en 26,000 toneladas— es un financiamiento por algunos millones de dólares”.

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Y a todo esto, ¿qué plantean los agaveros? En representación, según dice, de 90% de los productores de agave, Barbosa responde: por un lado, que se les permita integrarse al sistema de -industrialización y comercialización del tequila — lo que ya ha logrado El Barzón con la fábrica Regionales—, y por el otro, que se modifique la norma de producción de esta bebida para que contenga 70% de azúcares de agave y 30% de otros azúcares.

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Si se logra dicha modificación —la actual norma exige un mínimo de 51% de agave y 49% de otros azúcares—, Barbosa asegura que “no ajustaría el agave que hay para que realmente se haga un tequila de más calidad”. Además, “no se incrementaría mucho el costo de producción si tomamos en cuenta el precio de los azúcares y del alcohol de caña”, añade.

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El dirigente de los industriales rechaza la propuesta de los agaveros, argumentando que no es una “norma yo-yo” que pueda cambiarse porque sobró o faltó agave. “Tenemos que recordar —advierte— que el tequila está en más de 85 países del mundo, por lo que debemos ser serios y consistentes. También tenemos que entender que el que manda es el consumidor y no podemos estar jugando con los sabores y los contenidos de la bebida”. En cambio Riverón cree que la solución es aumentar el mercado del tequila: “Si en lugar de contar con 3% del mercado de Estados Unidos y 2% del mercado mundial hubiéramos alcanzado el 4%, ahora nos estaríamos riendo y preocupados por seguir sembrando”.

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En todo caso, el conflicto se ha solucionado en parte. El pasado 5 de febrero, después que los barzonistas entregaron las fábricas tomadas, entró en vigencia un acuerdo consistente en que los industriales compren, a la mayor brevedad posible, 2,400 toneladas semanales de agave en extrema madurez a los productores de la CRT, dando prioridad a los más pequeños. Fuentes informadas revelaron además que ciertos industriales se entrevistarían con el secretario de Hacienda, posiblemente para contrarrestar la presión de los barzonistas. ¿Pero cuándo se pondrán de acuerdo en una solución estratégica de largo plazo, que beneficie a productores e industriales por igual? La respuesta aún está en el aire.

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