Agenda reñida

Los países desarrollados tienen que ceder, los menos avanzados, abrirse. México, en el medio, tien
Louise Guénette

“En toda negociación llega un momento tenso donde parece que todo se perderá, y luego sale adelante”, dice Alina Aldape, vocera del órgano empresarial que asesora al gobierno mexicano en negociaciones comerciales. Son palabras que reconfortan a los observadores de las rondas de la Organización Mundial del Comercio (OMC). El arrastrar de pies ha predominado entre los países a la hora de cumplir con las fechas límite para presentar propuestas y acuerdos, con el fin de llegar a los objetivos fijados en Doha, Qatar, en noviembre de 2001.

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Las divergencias entre países pobres y ricos, por un lado; las disputas entre Estados Unidos y la Unión Europa (UE), por otro; y entre la omc y los globalifóbicos que prometen invadir las calles de Cancún del 10 al 14 de septiembre, amenazan el éxito de la Ronda de Doha, bautizada como del desarrollo.

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No sólo impera la lentitud. En los últimos años se han multiplicado las medidas que atentan contra el espíritu de la Organización. Unos meses después de firmar en la capital de Qatar, Estados Unidos aumentó los subsidios a sus agricultores. Además, protegió a su industria del acero con un impuesto arancelario a las importaciones de este producto de entre 8 y 30%. Su ley contra el bioterrorismo de 2002 opera de facto como una barrera que afecta a todas las exportaciones de alimentos de México a la unión americana, afirma Aldape, subcoordinadora de la Coordinadora de Organismos Empresariales del Comercio Exterior (COECE).

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Simultáneamente, los acuerdos multilaterales padecen el auge del bilateralismo. Desde 1999 Japón negocia tratados de libre comercio con varios países, además de México. La unión americana lo hace con Centroamérica, Marruecos, Australia y ya firmó con Singapur y Chile.

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Sin embargo, conforme se acerca la fecha de la conferencia de los ministros de Comercio en Cancún, se multiplicaron las propuestas de los 146 representantes nacionales. En la cumbre evaluarán el trabajo realizado desde que inició la ronda. Después tomarán las decisiones políticas necesarias para impulsar la segunda parte de las negociaciones que tienen por límite el año 2005.

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El lema ronda del desarrollo responde a la demanda de los países menos avanzados de que tomen en cuenta su nivel de crecimiento. De ahí que se incluyan temas como los subsidios agrícolas en los países desarrollados o la posibilidad de producir medicamentos a costo.

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¿Dónde queda México?
Para países de peso mediano, como México, “la línea de defensa radica en obedecer alguna legalidad, un orden establecido por bueno o malo que sea”, opina Octavio Palacios, investigador del Tecnológico de Monterrey.

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El principal riesgo para el país, según Ángel Villalobos, subsecretario de Negociaciones Comerciales Internacionales en la Secretaría de Economía, es que la ronda no progrese. México ya es el país más avanzado de América Latina después de Chile. Su economía está abierta desde que desgravó los bienes que intercambia con Estados Unidos. No puede más que beneficiarse de la reducción de subsidios de la nación con la cual intercambia 80% de su comercio internacional agropecuario.

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El segundo riesgo, a decir del funcionario, es que el paquete final no balancee los intereses: que México se abra más sin algo a cambio.

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“Estados Unidos no da paso sin guarache –observa Aldape–. Si dan, cobran por otro lado. Si disminuyen subsidios, piden que se abra alguna área de servicio.” Las presiones abundan sobre los sectores de telecomunicaciones y energético, limitados parcial o totalmente a la inversión extranjera.

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La UE también anda bien calzada. Lo que ofrece en agricultura Pascal Lamy, el negociador de este bloque de países, está condicionado a añadir a la agenda de Doha cuatro nuevos temas: las reglas que rigen la inversión extranjera, la competencia, la facilitación comercial y la transparencia en las compras de gobierno.

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La posición intermediaria de México entre los más y menos desarrollados conlleva alguna inseguridad. “Lo que nos pase dependerá mucho de dónde quedemos”, declara Aldape. Si se le incluye entre los poderosos, eso podría dar lugar a la eliminación de los aranceles a productos de países menos avanzados, como los de Centro y Sudamérica.

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Participación empresarial
El tratado de libre comercio con Japón, que debería firmarse en octubre, preocupa más al COECE que las negociaciones de la OMC. La relevancia de los temas tratados por ésta no ha entrado en el radar del sector empresarial mexicano.

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Aun así, el país contará con una delegación de 10 representantes de la COECE y tres más de la cámaras de las industrias textil, acerera y química. El equipo cumplirá con su función habitual en las negociaciones comerciales: estar en el cuarto de junto, “pegados como chicle” –ilustra Aldape– cuando la negociación se atore y el secretario de Economía, Fernando Canales, quiera consultar con sus miembros.

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Disidencia en el campo
La Procuraduría General de la República ya fichó a los líderes globalifóbicos del mundo. Quiere evitar que Cancún viva los disturbios callejeros que acompañan las cumbres de los organismos multilaterales desde 1999. No faltarán líderes locales. El Congreso Agrario Permanente (CAP), que representa a los ejidatarios y comuneros , defenderá el 10 de septiembre en las calles que la reducción de subsidios a cambio de una eventual liberalización no es la solución para el agro.

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El CAP propone a la OMC un acuerdo mundial por el campo. La cooperación multilateral y el reconocimiento de las asimetrías entre naciones, dice Max Correa, su coordinador general, promovería la soberanía alimenticia, la protección del medio ambiente y una vida digna. “La producción de alimentos no se puede poner en las manos del mercado.” El CAP se mira en el ejemplo de la UE, aunque defiende la eliminación de los subsidios.

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Correa espera a 30,000 personas. ¿Y a los fichados?

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