Ajuste para rato

Para revertir el déficit comercial no basta el drástico ajuste aplicado a la economía. Las empres
Alejandro Castillo

Entre los propósitos del drástico ajuste aplicado a la economía mexicana, destaca el relacionado con la necesidad de lograr un saldo favorable en los intercambios con el exterior. Los resultados de los primeros meses dieron lugar a que las autoridades destacaran que fue adecuada la estrategia de comprimir la economía con el mínimo de generar oferta exportable e inhibir las importaciones. De acuerdo con la propuesta gubernamental, en la medida en que se logre revertir el déficit comercial, llegará el momento en que más exportaciones e inversión propicien el inicio de una etapa de franco crecimiento con estabilidad.

- Un avance que no lo fue tanto. El comportamiento registrado por algunas de las variables macroeconómicas durante los primeros meses de 1995 dio lugar a una evaluación optimista del ajuste económico. Entre los indicadores que se utilizaron para justificar esa posición se mencionó que desde marzo se observó una menor presión sobre cl tipo de cambio y se registró una recuperación del Índice de Precios y Cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV). Sin embargo, debido al lugar que ocupa cl comercio exterior en cl programa de ajuste, en cl discurso oficial se destacaron con mayor fuerza los resultados que se obtuvieron en la balanza comercial durante enero-febrero.

- Respecto de esto último, es necesario señalar que el manejo de las cifras generó desconfianza en algunos sectores. Como se recordará, inicialmente, teniendo como base las cifras preliminares, se había informado que en febrero el superávit comercial fue de $450 millones de dólares. Posteriormente, las cifras definitivas indicaron que el superávit fue de sólo $234 millones de Mares, cantidad que representa una corrección de casi 50%.

- No obstante, es probable que esa corrección no invalide la estimación que hizo el gobernador del Banco de México, en el sentido de que al cierre de marzo la cuenta corriente de la balanza de pagos casi se situó en equilibrio.

- De cualquier modo, más que poner a discusión el monto del superávit, que sí significa un cambio con la situación que se vivió en los últimos años, se debe reflexionar acerca de lo que se ha hecho y debe hacerse para consolidar ese esfuerzo exportador.

- El riesgo del ajuste recurrente. Las dificultades para generar consensos responsables en torno a las medidas de política económica han llevado a las autoridades a seguir la única estrategia que les garantiza que se cumplirán sus objetivos. Más que tener fundamentos económicos, pareciera que la estrategia de ajuste responde a un reconocimiento del rezago político del país. Sólo bajo el supuesto de que México no ha sido capaz de construir las instancias civiles que vigilen el manejo eficaz y honesto de los programas de fomento, así como el cumplimiento de los compromisos de parte de las empresas beneficiadas con los apoyos y además generen la confianza que propicie la atracción de las divisas ganadas mediante exportaciones, se comprende que la única opción para enfrentar el desbalance con el exterior sea mediante la contracción económica indiscriminada.

- El equipo gubernamental espera que los primeros resultados en materia de comercio exterior propicien una recuperación en la captación de recursos financieros del exterior. Calcula además que el ajuste aumentará la confianza en la economía nacional y a partir de eso se deberían establecer las bases para reiniciar el crecimiento.

- Desafortunadamente, aun suponiendo que se puede ignorar la variable social, que fue uno de los errores del sexenio pasado, es probable que las cosas no resulten como se espera debido a que la inflación por costos, que en enero-marzo acumuló un crecimiento de 14.5%, reducirá las ventajas que pudieron encontrar los exportadores al inicio del ajuste.

- Ese factor, aunado al hecho de que el tipo de cambio ha descendido paulatinamente desde niveles superiores a N$7 nuevos pesos por dólar, a cerca de N$6 nuevos pesos, limitará aún más el atractivo de las exportaciones.

- Además, debido a que los negocios enfrentan mayores costos por aumentos en los precios de sus insumos, así como la reducción de la ventaja cambiaria y pesadas cargas financieras, muy pocas de las empresas que podrían contribuir a una mayor integración de las exportaciones están en condiciones de realizar ese aporte.

- De hecho, una tarea que debió iniciarse desde diciembre es la detección, rescate y fortalecimiento de aquellas empresas con posibilidades de ofrecer insumos o componentes para bienes exportables. Ese esfuerzo es tanto más importante si se toma en cuenta la enorme dependencia que se generó en el sexenio pasado en torno a los bienes importados. Cabe recordar que las importaciones de manufacturas llegaron a representar cerca de 70% del PIB de la industria manufacturera.

- A pesar de la urgencia de apoyar la situación financiera de las empresas con posibilidades de exportar, la dotación de recursos de que dispone el Banco Nacional de Comercio Exterior para 1995 bajó de $17,975 millones de dólares en 1994, a sólo $10,950 millones de dólares en este año. Nafinsa, la institución para el fomento de la industria, también se encuentra en una situación similar.

- Por otra parte, el esquema de apoyo de las Unidades de Inversión tendrá resultados limitados debido a que sólo recurrirán a ellos quienes, una vez reestructurada su situación financiera, están en posibilidades de asegurar ingresos crecientes.

- De ahí que se considere urgente el diseño de una política de fomento que por lo menos permita encauzar los esfuerzos de las empresas, les brinde la posibilidad de incursionar en el mercado externo, captar divisas y hacer frente a sus compromisos en el interior.

- Esa política debe tomar en cuenta que las variaciones en los mercados cambiarios internacionales brindan a México excelentes posibilidades para mejorar su posición respecto de Europa y Asia. En particular, en el marco del Tratado de Libre Comercio y considerando la devaluación del dólar respecto al yen y al marco y los excedentes de recursos financieros disponibles en Europa y Asia, se debería seguir una política de atracción de inversión directa. Es cierto, eso requiere, aparte de imaginación, la capacidad para desarrollar esquemas que garanticen beneficios mutuos en el largo plazo y el compromiso de aplicar políticas transparentes.

- ¿Qué sigue? Como lo señaló el presidente Ernesto Zedillo en la clausura de la Asamblea Anual de Concamin, la política industrial debe "asegurar el suministro oportuno a buenos precios y calidad adecuada de insumos energéticos, transportes y telecomunicaciones". También debe reducir riesgos a la inversión en nuevas tecnologías, ofrecer una mayor desregulación y estimular la competencia. Asimismo, debe basarse en un sistema fiscal transparente y equitativo que fomente el ahorro y la inversión e impida abusos de la autoridad. Además, debe contar con que las empresas paraestatales proveerán bienes y servicios en calidad y precios competitivos y operarán con eficacia.

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- Se podría afirmar que ese perfil de la política industrial delineado por el presidente consensa los puntos de vista generales que se expresaron antes de la convocatoria a la consulta para elaborar el Plan Nacional de Desarrollo 1995-2000, y seguramente se ratificarán en los foros correspondientes.

- Desafortunadamente, conforme pasan los meses, se resiente más la falta de una definición de la política cambiaria, la ausencia de una política de fomento, la incapacidad de las paraestatales para cumplir su papel y el encarecimiento de la inversión privada en infraestructura.

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