Al ataque mis valientes

Pocos son los privilegiados que tienen el lujo de comer en casa. Las distancias y la falta de tiempo
Silvia Ansorena Coyne

Los comedores de empresa parecen ofrecer un sinfín de ventajas para el estómago, el bolsillo y la productividad laboral, aunque –coinciden nutriólogos y psicólogos– uno malo se convierte en la peor de las prestaciones: 252 días alimentándose en el mismo lugar pueden aburrir al tragón más insaciable. Incluso si se tratara de nuestro restaurante favorito, con el tiempo llegaríamos al tedio. Mismo ambiente, igual menú, idéntico lugar. Las compañías que pretendan ofrecer un servicio que satisfaga tanto a los empleados como a sus jefes no sólo deben montar sitios higiénicos y saludables, sino también variados, originales, luminosos y en un entorno agradable.

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Marc Mahé, director general de Eurest Propermeals, división de la inglesa Compass Group, ofrece este servicio a empresas y plantas industriales, entre otros. ¿Su objetivo? "Convertir los comedores en cafeterías y las cafeterías en restaurantes." La firma tiene como política romper la monotonía cotidiana, porque "un trabajador satisfecho, después de comer bien, es un trabajador productivo", explica el ejecutivo.

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Eurest, con 4,500 empleados y presencia en 22 ciudades de la república mexicana, atiende a 200 clientes, que no son necesariamente dos centenares de organizaciones distintas: en algunos casos, las corporaciones tienen más de una planta o sede de oficinas y, por tanto, más de un comedor. Anualmente sirven 42 millones de menús a clientes como 3M, Volkswagen o Ford. ¿Su tarea principal? Romper con la uniformidad, de ahí que cambien periódicamente alrededor de 4,000 recetas para lograr el balance recomendado por sus nutriólogos.

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"Hacemos jornadas gastronómicas con cocina china, japonesa o italiana; un intento por divertir al comensal y variar su dieta. Nuestro peor enemigo es la monotonía –comenta Jorge E. Bülle, director comercial de la compañía–. Antes se trataba de que no se enfermara nadie, pero ahora no sólo es la excelencia en la materia prima lo más importante, sino la variedad. Intentamos, además, que la decoración, luces, colores del local y presentación de los alimentos sea alegre y armoniosa."

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Carlos Colunga, psicólogo industrial y catedrático de posgrado en la Universidad Iberoamericana de León, con experiencia como director de personal en varias empresas, se muestra partidario de los refectorios industriales porque "todos salen ganando: el trabajador paga menos, está mejor alimentado y resulta más productivo porque está físicamente saludable". Apoya la diversidad y se refiere a un tipo de estrés que puede afectar al trabajador que "siente que no sale del edificio donde labora todo el día".

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Para evadir de alguna forma la rutina, dice, es necesario que el comedor esté situado fuera del área de trabajo; que el empleado tenga que caminar para ir a comer, algo que le dará la sensación de que salió de la compañía: "Una pequeña caminata de medio kilómetro, que se dé una vuelta a las oficinas antes de volver al trabajo, es necesario para relajarse y ser realmente productivo." Entre las ventajas, destaca que la nutrición del trabajador está balanceada, algo que no ocurre siempre que éste come en la calle. "Un empleado, con las calorías y carbohidratos adecuados, se desgasta menos, está más contento y es más productivo", expresa Colunga.

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Relación estrecha

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No todo el personal está satisfecho con sus comedores. Por eso el vínculo entre compañía contratante y proveedor debe ser muy estrecho con el fin de que el resultado sea conveniente para todos. Germán Suárez, director corporativo de Recursos Humanos en 3M, afirma que están muy satisfechos con el comedor de su corporativo en Santa Fe, en la ciudad de México: "Llevamos una relación muy cercana con los abastecedores de alimentos, algo que quizá no todas las empresas hacen, pues consideran que el comedor es un asunto externo."

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Nada más lejano a la realidad. Este lugar es, a decir del entrevistado, "el mejor motivador de los empleados para aumentar la productividad, ahorra tiempo en traslados, ahorra dinero al trabajador y lo nutre sanamente. La gran proximidad del departamento de Recursos Humanos con el personal de la compañía, el área y administración del comedor, es la clave de su éxito."

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El corporativo subsidia 80% de la alimentación de sus trabajadores, que pagan alrededor de $12 pesos diarios por un menú que consiste en caldo, pasta seca, plato fuerte, postre, agua y café: "La meta de la empresa es que la gente se sienta orgullosa de ser parte de ella, algo que se incrementa con un comedor propio", interviene Suárez. ¿Y utilizan el servicio? El índice de ausentismo gastronómico es aproximadamente 5% con respecto a las 600 personas que comen todos los días en 3M.

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El ambiente, agrega, es "alegre, luminoso, estético y agradable". La seguridad también es un factor muy importante; de hecho, la cocina es eléctrica y no de gas butano. "Queremos dar el mayor beneficio para que el empleado ofrezca a la compañía su mejor desempeño."

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