Alan Greenspan: El mercado sabe más qu

El último día de enero de 2006 concluirá la Era Greenspan. Durante casi 19 años el mítico banqu
Francisco Gil Díaz

No es tarea fácil resumir en unas cuantas líneas el papel decisivo que jugó Alan Greenspan para contribuir a que la formidable transformación que ha experimentado la economía del mundo en los últimos 19 años se haya dado dentro de un entorno de estabilidad. Desde luego, han sido muchos los actores y las causas que han contribuido a que la economía mundial sea más competida y más productiva y que uno de sus resultados sean avances notables en la lucha secular contra la pobreza y la desigualdad en el planeta. Greenspan puso su parte. En ocasiones, como voz de advertencia contra los excesos alimentados lo mismo por la codicia que por la ilusión falaz de que las duras restricciones que impone la escasez habían desaparecido. En otras ocasiones, por el contrario, Greenspan fue juzgado como audaz o temerario por confiar ciegamente en la capacidad de los mercados para corregirse y encontrar –en el juego cotidiano de la oferta y la demanda– la fórmula adecuada en cada momento para la mejor asignación de los recursos escasos. Tanto cuando fue acusado de ‘aguafiestas’ y excesivamente cauteloso, como cuando fue censurado por su aparente temeridad, Greenspan acertó y los hechos terminaron dándole la razón.

- Desde luego, Greenspan no es infalible. De hecho, su principal virtud como banquero central de la más poderosa e influyente economía del planeta ha sido saber que no sabe más que los mercados. De ahí el constante mensaje de Greenspan, cualesquiera que sean las circunstancias por las que atraviesa la economía: “No frenen las fuerzas de la competencia”, porque en ellas está la clave para un mundo más próspero. La habilidad y conocimiento del ‘maestro’ –mote popularizado por el célebre libro del periodista Bob Woodward– fueron cruciales para guiar a la economía internacional a través de episodios de gran turbulencia financiera y de insospechadas transformaciones.

- Sin embargo, Greenspan no siempre fue el ‘maestro’. Después de trabajar por años en una empresa de análisis y pronósticos económicos que había fundado con un amigo, su llegada a la escena se dio tras las desavenencias entre la Administración Reagan y el entonces presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker.

- Greenspan fue recibido con reticencia: Aquellos que veían en su antecesor al banquero central de mano firme que había controlado la inflación rampante de los años 70 y 80, parecían tener motivos para dudar de este economista poco convencional, quien en su juventud fue un fiel seguidor de la brillante pero controvertida pensadora Ayn Rand. En pocas palabras, se dudaba que Greenspan pudiera llenar los zapatos de Volcker.

- La primera prueba para el nuevo presidente de la Reserva Federal llegó sólo dos meses después de asumir el cargo, cuando el mercado de valores en Estados Unidos sufrió su mayor crisis desde 1929 y arrastró con ella a todos los mercados bursátiles del orbe. Economista creyente en la libertad de los mercados y defensor de la prudente combinación entre las herramientas matemáticas y el sentido común para la toma de decisiones, Greenspan había advertido en sus primeras reuniones del Comité de Operaciones de Mercado Abierto de la necesidad de incrementar las tasas de interés para moderar algunas tendencias de la economía, reflejadas para él en el alza desenfrenada del mercado de valores. Si bien había logrado convencer a los reacios miembros del Comité de incrementar la tasa de fondos federales, el ajuste esperado en la Bolsa se dio de manera brusca y el llamado lunes negro en octubre de 1987 resultó en una caída de más de 20% en su índice, una destrucción de riqueza financiera de más de un trillón de dólares. Esta pérdida, además de cuantiosa, parecía prologar una crisis como la que antecedió a la Gran Depresión y que se relaciona por muchos, junto con la falta de provisión de liquidez por parte de la FED en aquel entonces, como una de las causas del colapso económico mundial de los años 30.

- Combinación de prudencia y audacia
Greenspan había admitido una vez: “Si no me pusiera nervioso (al tomar decisiones), no debería estar aquí”. Sin embargo, los nervios no le impidieron al recién llegado mostrar ese parco estilo que lo caracteriza en situaciones extremas y emitir, un día después del colapso bursátil, el siguiente comunicado lacónico: “La Reserva Federal reafirma su disposición para servir como fuente de liquidez para apoyar al sistema financiero”. Eso fue todo. Este enfoque austero y firme para encarar la crisis sorprendió a los mercados e infundió confianza en que la Reserva Federal podría manejar la contingencia.

- La sorpresa provino de la contradicción entre su anuncio y la expectativa que se tenía de que el nuevo titular de la FED jamás se atrevería a tomar una decisión impregnada de ‘riesgo moral’, pero sin duda fue tranquilizante para los actores en los mercados financieros esta combinación de principios y pragmatismo. La provisión de liquidez en los días y meses siguientes, aunada a las gestiones personales del propio Greenspan para que los bancos redujeran sus tasas de interés y los inversionistas siguieran comprando activos, conjuraron los mayores efectos nocivos de la crisis bursátil sobre la economía estadounidense.

- En la década de los 90 Greenspan mostró una mezcla peculiar entre audacia y prudencia. Por una parte, entendió como ninguno que el dramático auge de la economía de la información y del internet eran cambios tecnológicos que imprimían una nueva dinámica y un nuevo rostro no sólo a la economía estadounidense sino a la economía mundial. Para él, la recuperación económica que comenzó en 1991 y se convirtió en el periodo de crecimiento sostenido más largo de la post-guerra era el reflejo de un cambio estructural en la economía que podía continuar propiciando aumentos en la productividad, mismos que impedirían que el auge se tradujera en inflación y que por lo tanto no debía ser obstaculizado por la autoridad monetaria.

- Pero no todo en el auge era miel sobre hojuelas, Greenspan percibió que el rápido incremento en el precio de los activos financieros ocasionado por la euforia de los vertiginosos avances en los sectores de alta tecnología podía exacerbarse y, de “rasgarse la burbuja del precio de los activos” dejar de tener un sustento real para convertirse en una amenaza para el crecimiento de la economía de los Estados Unidos.

- Por ello, desde principios de 1994, Greenspan propugnó incrementar las tasas de interés para evitar un ajuste brusco e inducir un ‘aterrizaje suave’ de la economía, conjurando el riesgo de un colapso brutal del precio de los activos. Sus dotes persuasivas convencieron no sólo a los demás miembros del Comité de Operaciones de Mercado Abierto de la Reserva Federal, sino al propio presidente Bill Clinton, de que podría ver afectadas sus posibilidades de reelección en 1996 si se producía un intempestivo freno a la actividad económica. Greenspan sostuvo que una actitud precavida de la FED permitiría moderar el crecimiento económico y, de esa forma, mantener una dinámica de crecimiento por más tiempo.

- El incremento en las tasas de interés en EU durante 1994 redujo la liquidez en los mercados internacionales de capital y propició las condiciones de astringencia financiera que estuvieron en el contexto de la crisis financiera de México a finales de ese mismo año; crisis causada entre otros factores por los desequilibrios financieros de México, pero agravada por las condiciones internacionales. Luego, junto con el Tesoro estadounidense y el Fondo Monetario Internacional, Greenspan contribuyó a establecer el paquete de apoyo que, aunado a las acciones emprendidas por las autoridades mexicanas, permitió al país salir de la crisis y evitar una catástrofe mayor. Greenspan percibió de inmediato la semejanza entre la crisis mexicana y el lunes negro de 1987, por eso insistió –al igual que ante el colapso bursátil de siete años atrás– en la urgencia de garantizar a México la liquidez necesaria para cubrir sus obligaciones y mantener el sistema de pagos funcionando. En este sentido, Greenspan supo ver con mucha anticipación la nueva lógica de los mercados globalizados con sus ventajas y sus riesgos.

- El aguafiestas
Los incrementos en las tasas de interés que tuvieron lugar a partir de 1994 surtieron los efectos previstos sobre la economía de Estados Unidos. Sin embargo, los precios de los activos financieros continuaron su escalada, impulsados fundamentalmente por la burbuja de las empresas puntocom. Como buen banquero central ortodoxo, Alan Greenspan no temió convertirse en el aguafiestas que pone una nota de advertencia en medio del optimismo desenfrenado. En un discurso del 6 de diciembre de 1996, sabedor del efecto de sus palabras preguntó a la audiencia: “¿Cómo sabemos cuándo la exuberancia irracional está detrás de la escalada desenfrenada de los precios de las acciones?”.

- Es obvio que su crítica no fue suficiente para terminar con el boom del mercado de valores de la noche a la mañana, pero sembró una duda razonable que contribuyó, entre otros factores, a que en adelante se moderara el incremento en el precio de los activos y que el mercado de valores se ajustara en el año 2000 de una forma mucho menos brusca que la que se llegó a temer.

- La capacidad de Greenspan para apaciguar a los mercados financieros quedó patente de nuevo en el otoño de 1998. En esa ocasión, las agresivas posiciones adoptadas por el fondo de inversión Long Term Capital Management (LTCM) lo llevaron al borde de la insolvencia. El tamaño del fondo y las ramificaciones de sus pasivos ponían al mercado de bonos mundial cerca de un colapso histórico. Con la venia de Greenspan, el presidente de la Reserva Federal de Nueva York, William McDonough, reunió a los acreedores de LTCM para alcanzar un acuerdo que permitiera al fondo salir del paso y estabilizar el mercado de bonos.

- No fue una tarea fácil porque se requirió de la anuencia de todos los acreedores de LTCM, dada la estructura cruzada de sus pasivos. Otra vez el peso de la FED le permitió arbitrar exitosamente en este episodio. Aún es temprano para escribir la historia económica de la década pasada, pero es válido preguntarnos: ¿En qué medida es Greenspan el responsable del auge económico de Estados Unidos durante los años 90? El liderazgo de Greenspan en la política monetaria indudablemente jugó un papel importante para crear las condiciones que permitieron la bonanza económica de los 90 y dejar que la economía alcanzara su potencial en ese periodo. Sin embargo, el auge económico de la década no es obra de un solo hombre ni de una política monetaria aislada. En este sentido, enaltece a los críticos más acérrimos de Greenspan que reconozcan que tuvo el talento de advertir que se estaba dando un cambio estructural en la economía de EU y que gracias a ello no haya obstaculizado su desempeño. En eso quizá reside su mayor contribución.

- Los malos tiempos
Los tiempos difíciles regresaron a finales de 2000 y principios de 2001. La pérdida de dinamismo del mercado de valores y el cambio de tendencia en la confianza de consumidores e inversionistas se tradujeron en una breve pero sensible recesión en EU. Alan Greenspan abogó activamente por una serie de medidas que permitieran contrarrestar estas tendencias. Impulsó una rápida reducción de la Tasa de Fondos Federales (que la ubicaron en sus niveles más bajos en 45 años, al llevarla de 6.5 a 1% entre enero de 2001 y junio de 2003) y se sumó al llamado del presidente Bush al Congreso para reducir los impuestos.

- Si bien los costos de una estrategia de este tipo podían ser altos, los cálculos del presidente de la FED fueron que la baja inflación y el saludable estado de las finanzas públicas tras el gobierno de Clinton permitían llevar a cabo medidas que ayudaran a contrarrestar la desaceleración económica. En este trance de política económica, al regresar de dictar una conferencia en Europa, los sucesos del 11 de Septiembre sorprendieron a Greenspan en un vuelo de regreso a Estados Unidos.

- La Reserva Federal nuevamente respondió con la parquedad Greenspan, anunciando su disposición a proveer la liquidez necesaria para evitar que el sistema de pagos se viera afectado. En este episodio es indudable que la serenidad y el rostro conocido del presidente de la Reserva Federal jugaron un papel crucial para disipar los peores temores que la tragedia indujo y contener la volatilidad financiera.

- La reducción de la Tasa de Fondos Federales continuó hasta que la recuperación de la economía de Estados Unidos se percibió sólida.

- Algunos críticos de Greenspan señalan que la suerte jugó a su favor, permitiendo que la economía repuntara antes de que a la FED “se le acabaran las municiones”; en efecto, con una tasa de fondos federales en sólo 1% prácticamente se había agotado el margen para reducciones subsecuentes.

- Suerte o no, Greenspan escuchó al mercado, supo ‘leerlo’, y su estrategia fue de nuevo exitosa. Así, la Reserva Federal comenzó a incrementar la tasa objetivo gradualmente con el fin de retirar el incentivo monetario y regresar la postura de su política a una posición ‘neutral’. Sin embargo, si bien las tasas de interés de corto plazo comenzaron a responder a la astringencia monetaria, las tasas de interés de los instrumentos de largo plazo se mantuvieron bajas. Al igual que en el episodio de la ‘exuberancia irracional’, Greenspan mostró su confianza en la comunicación explícita y se refirió a este fenómeno como un conundrum, o anomalía, que debía ser corregido por las fuerzas del mercado. En buena medida, así ha sucedido.

- El legado
Algunos críticos afirman que los desequilibrios actuales de la economía estadounidense se originaron en las bajas tasas de interés que impulsó la Reserva Federal de Greenspan. La explosión del consumo privado creada por las bajas tasas de interés coincidió con un déficit de la cuenta corriente en niveles elevados. Sin embargo, mes tras mes y año tras año, los pronósticos pesimistas de estos críticos se han visto contradichos por la realidad.

- No sabemos incluso si es  cierto que la tasa de ahorro ha caído tanto como lo muestran las estadísticas de las cuentas nacionales de EU porque en ellas los pagos crecientes por hipotecas inmobiliarias cada vez más cuantiosas no se contabilizan como ahorro, cuando en realidad tienen un alto contenido del mismo. Lo mismo sucede con el elevado gasto educativo privado en Estados Unidos.

- Por cierto, a propósito del mercado inmobiliario, Greenspan supo entender cómo la enorme flexibilidad y liquidez de ese mercado pudo soportar un auge continuado del consumo privado por la forma como facilitó la toma de segundas hipotecas sustentadas en la apreciación sostenida del valor de las casas.

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- Recientemente, Greenspan publicó un artículo en el que reconoce que una parte importante del crecimiento en el consumo privado y de los aparentes desequilibrios subsecuentes obedece al auge del mercado inmobiliario, que a su vez ha sido propiciado por las bajas tasas de interés que promovió de la FED en los últimos años. No queda claro si este es un gesto de honestidad intelectual –una autocrítica– o una advertencia a su sucesor y a los mercados; o ambas cosas. Sin embargo, ilustra bien ese balance entre audacia y firmeza que ha caracterizado a Greenspan en sus años al frente de la Reserva Federal. La incertidumbre acerca de la secuela de la era Greenspan provoca que para algunos el juicio final de la historia sobre el ‘maestro’ sea aún incierto.

- No lo es para mí, y la razón es sencilla, Greenspan ha sabido sortear crisis e interpretar tendencias de largo plazo como ninguno y permitir así que la política monetaria se combine con estabilidad de precios y un crecimiento continuo y prolongado. Nadie podrá culparlo de los efectos que acarrean los fatales ciclos económicos ni de los efectos magnificantes sobre los mismos de los desequilibrios presupuestarios y de las perturbaciones en los mercados mundiales de energía.

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