Albores de la globalización

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Andrés Piedragil Gálvez

Hace 21 años, la inversión extranjera en el país era un tema recurrente en las conversaciones de la comunidad empresarial mexicana. El gobierno había anunciado que flexibilizaría su política de inversión foránea. Como se señaló en la edición número 371 de Expansión (fechada el 3 de agosto de 1983), el asunto de una mayor participación de capital extranjero, dividía al ámbito corporativo del país en dos bandos.

- Por un lado, algunos hombres de negocio consideraban peligrosa una relajación de las normas, ya que implicaría una apertura incontrolada de la economía mexicana y eso se traduciría en un daño grave  para la autonomía de la nación. En el lado contrario, otros empresarios afirmaban que una mayor afluencia de capital externo generaría empleos, incorporación de nueva tecnología y permitiría aumentar los canales de comercialización internacional de los productos mexicanos.

- ¿Y qué opinaban los inversionistas extranjeros? En ese campo sí había consenso: se confiaba en el futuro de México y existía interés por invertir  en el país. Pero también había coincidencia en factores menos gratos: mucho temor ante la incertidumbre con que las autoridades conducían la política económica y, sobre todo, desconfianza ante la falta de claridad y precisión en las “reglas del juego”.

- En la revista que tiene en sus manos, la historia de portada demuestra que la inversión foránea, más allá de los riesgos, no es el terrible monstruo que algunos imaginaban en 1983.

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