Alejandro Avelar

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RM

Alejandro Avelar y su compañero de carrera, Gerardo Sánchez, encontraron que en Guadalajara faltaba un bar “ocasional”. “Siempre he sido muy sociable, pero más joven no tenía opciones: no me gustan los antros, no se puede platicar, no siempre quería ir a cenar y, a un piano bar… no tengo ni edad, ni movida como para ir ahí…” Diseñaron el Hippos, un bar con colores suaves, música moderna –de los Stones a Fiona Apple–, un ambiente relajado y venta de discos. Fue el primer bar en un centro comercial tapatío y conquistó a señores de 60 años por las mañanas, a estudiantes a medio día, señoras de 40 a media tarde y adultos jóvenes en las noches. La idea prendió tanto que al año siguiente llegó a Monterrey y de ahí saltó a Ciudad Juárez y Cancún, siempre con socios locales. Avelar y Sánchez abrieron un restaurante cubano, Habana, junto con otros empresarios y el pintor Waldo Saavedra, encargado de darle sabor al ambiente. Ahora sigue un Hippos en la Ciudad de México, que abre en marzo. “Siempre me ha gustado el comercio, podía haber puesto un negocio de suelas de zapatos”, recuerda Avelar. ¿Tiempo libre? “Lo paso con mi esposa y cuatro hijos, si me voy al golf o a la bicicleta en mi único día libre, me divorcian”. Claro, tiene reuniones de amigos, pero en alguno de los locales que opera. Aunque no estaría nada mal tener tiempo un sábado o un domingo para pasarlo “entre vacas y caballos” en la ganadería de la familia.

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