Alerta: el dólar podría devaluarse

El panorama de 2006 no está exento de riesgos cambiarios, aunque esta vez el problema no es la pari
Mauricio González

Uno de los secretos de un buen presupuesto empresarial está en ligar las principales variables del entorno macroeconómico: crecimiento, inflación, tasas de interés, tipo de cambio, salarios y empleo, con el comportamiento de los mercados de productos o insumos específicos de cada negocio.

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Prácticamente todos los planes y presupuestos de las empresas inician con una serie de previsiones acerca de la economía. No obstante, son pocos los que establecen un vínculo directo entre los flujos de efectivo de cierto negocio, con el marco económico en el que la actividad empresarial va a desarrollarse.

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En el acoplamiento del macrocosmos económico con el microcosmos empresarial, es especialmente importante identificar los riesgos del primero y su posible incidencia en los ingresos y costos de las unidades productivas.

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Este año ha sido un año relativamente ‘plano’ en materia económica, sin sorpresas mayúsculas respecto a lo anticipado en su inicio, a excepción de los precios de los energéticos. El incremento inesperado y desorbitado de estos últimos generó un aumento de costos en las industrias intensivas en el uso de petróleo y derivados, que las desvió negativamente del rumbo financiero trazado al inicio del año.

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Para 2006 el marco macroeconómico está bastante decantado: un crecimiento económico modesto (3.1%); una inflación bajo control (3.6%) y niveles de tipo de cambio y de tasas de interés poco volátiles, a pesar de ser fin de sexenio.

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Una posible sorpresa favorable se encuentra en una leve mejoría del poder de compra de los salarios (1.6% por encima de la inflación), aunada a un incremento ramplón del empleo, estimado en 1.7%. Esta mancuerna puede significar un impulso al ingreso personal y por tanto una demanda de bienes y servicios moderadamente más vigorosa.

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A pesar de ello, los riesgos existen y, en esta ocasión, algunos están más agazapados que de costumbre. Es el caso de una posible devaluación del dólar de Estados Unidos con respecto a otras monedas, que no se prevé de manera generalizada pero es una posibilidad con fundamento. Durante 2005 el dólar estadounidense se devaluó aproximadamente 10% respecto al euro y los especialistas estiman que en 2006 lo hará en 5% adicional, lo que no es motivo de preocupación. No obstante, hay un peligro latente que pierda su valor en mucha mayor magnitud. Algunos economistas consideran que la devaluación del dólar podría ser de 30% o más, derivada del elevado déficit en cuenta corriente de Estados Unidos y del repudio de los acreedores a continuar financiando el exceso de gastos de la primera economía del mundo a un ritmo de 650,000 millones de dólares por año.

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En apariencia, una empresa mexicana que abastece primordialmente el mercado interno sería inmune a esta contingencia, sin embargo en el fondo no es así. Una devaluación del dólar traería aparejado un incremento significativo de las tasas de interés, necesario para estimular que los inversionistas internacionales a prestarle a Estados Unidos los recursos que le faltan. A su vez, eso desalentaría la inversión productiva y probablemente “reventaría” la burbuja que se ha creado en el mercado de bienes raíces de ese país, reduciendo la riqueza de sus individuos. Ambos factores implicarían una desaceleración de la economía estadounidense que, en lugar de incrementarse en 3.3% en 2006 como se tiene previsto, podría desinflarse severamente, lo que provocaría una situación similar en la economía mexicana. En los pasados 30 años las devaluaciones del peso al final de sexenio han sido factor de riesgo. Es irónico que ahora ocurra lo mismo, pero a causa de una posible depreciación del dólar estadounidense. De cualquier forma, los presupuestos habrán de vacunarse frente a esa eventualidad.

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El autor es economista.
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magg01@hotmail.com

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