Alfonso Romo Garza

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Jaime Santiago

Podría decirse que Alfonso “Poncho” Romo está tratando de dejar el cigarro. Por supuesto esto no tiene nada que ver con sus hábitos personales. Lo que pasa es que por fin el negocio que lo llevó a las alturas —Cigarrera La Moderna (Cigamod)—, está perdiendo peso frente a las muchas empresas en las que este magnate ha diversificado su Grupo Pulsar. Todavía para 1994, hasta 90% de las ventas de Empresas La Moderna provenían de los “chichos”, pues en 1995 la proporción había bajado a 55%, a pesar de que las ventas de tabaco se comportaron de maravilla.

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Y es que este ingeniero agrónomo, egresado del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey y con sólo 46 primaveras encima, está mostrando tanto genio para los negocios y tanta capacidad de despegue económico como Carlos Slim Helú. Curioso, porque el despegue de Romo fue casi invento del poderoso mexicano-libanés allá por 1985.

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La historia dice así: recién salido de la universidad, el joven Alfonso —nacido en el DF, pero de origen neoleonés—, decidió quedarse en estas tierras a hacer fortuna. Descendiente de Gustavo A. Madero, héroe con nombre de delegación política, Romo anduvo por ahí vendiendo cabrito (of all things) en la Sultana del Norte, pero pronto comprendió que así no se formaban -multimillonarios. Empezó entonces una carrera brillante y rápida en la alta dirección de VISA-FEMSA.

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De ahí salió con una enorme experiencia administrativa y un capitalito que fue invirtiendo en tres pastelerías y un par de restaurantes (Las Antorchas y el Gambrinos, en Monterrey). Las cosas no iban bien al principio: el bigotón empresario perdió su casa al explotar la crisis de 1982, pero se recuperó y empezó a prosperar hasta que, cuentan, un día recibió un telefonazo de su viejo amigo de la escuela, Fernando Chico Pardo, ya por entonces primer oficial de Slim.

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La noticia: el futuro dueño de Teléfonos de México se había dedicado (como aún es su costumbre) a comprar poco a poco paquetes accionarios de Cigamod a precios de regalo, por su virtual quiebra. Lo malo: que ya era dueño de Cigatam, y cualquier intento por controlar a la otra compañía sería rechazado por monopólico.

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Así que el buenazo de Slim ofreció el control de Cigamod por una módica cantidad. Romo hizo números y no lo pensó mucho: juntó su dinero y el de su familia política (tuvo a bien casarse con la sobrina de Eugenio Garza Lagüera, el dueño de FEMSA) y se lanzó a la producción de cigarros.

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El levantón que le dio a La Moderna construyó el éxito de Alfonso Romo, y de ahí en fuera el mérito es completamente suyo. Hoy, este archimillonario controla 53% del mercado de cigarrillos y 50% del relativo a empaques de papel, cartón y cartoncillo con Empaques Ponderosa. Aprendió como nadie el estilo Slim, al comprarle la casi quebrada Seguros Comercial a Eloy Vallina, sólo para convertirla en 1996 en la aseguradora más grande de México, un monstruo llamado Seguros Comercial América Asemex. Pero no se conforma con las cosas grandes; entre sus “chucherías” también tiene a Vector Casa de Bolsa, las tiendas Kälmar, la fábrica de alfombras Luxor y Mohawk, la firma de alta tecnología en construcción Contec Mexicana, restaurantes y la empresa de venta directa Orbis.

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Su obsesión por la diversificación lo ha devuelto a sus orígenes y lo lanza a alturas desconocidas. Así nada más, en plena crisis de 1995, se puso a comprar tres de las empresas agrobiotecnológicas más importantes del mundo. Con ellas formó -Seminis, controladora de 22% del mercado mundial de semillas. La palabrota arriba mencionada quiere decir que Romo se está dedicando a producir semillas y plantas genéticamente -mejoradas. Así que ahora México es uno de los principales países con investigación de punta en materia agropecuaria en el mundo, porque Romo quiso.

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Mucho puede decirse sobre si “Poncho” fue otro de los consentidos del ex presidente Salinas, o de si a menudo ha sido -beneficiado por cambios a las leyes, préstamos a larguísimo plazo para el sector forestal (también se dedica a ello) y hasta la decisión de la Comisión de Competencia, favorable a su compra de -Asemex. Sin embargo, no puede dejar de reconocérsele que, mientras él practica la -equitación en su rancho La Silla, un equipo de científicos mejora el cultivo del café en pleno Chiapas zapatista. O que su dinero, lejos de salir del país, se ha quedado para generar por lo menos 25,000 empleos directos —entre otros, el del ex secretario de Hacienda, Pedro Aspe Armella, quien dirige su negocio de banca de inversión—. No hay duda: Romo compra a lo grande.

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