Algo más que competitividad

Cuando se habla de competitividad, no basta con aprobar reformas y crear infraestructura. Se requier
Claude Smadja

Es tanto lo que se ha disertado y analizado sobre el tema de la competitividad nacional que parecería que no hay mucho más que agregar a los informes, anuarios y otros estudios que se publican con regularidad. Pero a medida que nos acercamos más y más a una economía verdaderamente global e integrada, y a medida que los nuevos jugadores como China e India entran en escena, nos damos cuenta que los elementos claves para la construcción de la competitividad van más allá de los criterios tradicionales que se evalúan en el ranking anual. En síntesis, si bien es cierto que en la era de la globalización todos los elementos de la competitividad resultan necesarios, éstos cada vez menos son condiciones para alcanzar –y permanecer– en las grandes ligas.

- Hoy en día conocemos lo básico sobre competitividad. Sabemos de la necesidad absoluta de contar con una infraestructura eficiente, ya sea que hablemos de carreteras, comunicaciones, puertos o de la necesidad de una infraestructura institucional, legal o un marco regulatorio que genere un ambiente propicio para la actividad económica. Estamos más conscientes que nunca de la importancia de un buen sistema educativo, de la eficiencia del sistema bancario y financiero como medios para movilizar capital y ubicarlo de manera óptima, o de la calidad de management. Para estar en una buena posición, un país necesitaría progresar en estos dominios. Y las debilidades que siguen afectando a México –su sistema educativo o su política fiscal, su marco institucional o la eficiencia del gobierno– seguramente son las responsables de que éste continúe con una clasificación mediocre en los cuadros de competitividad internacional.

- Pero la competitividad va mucho más allá de esto. Los factores de competitividad que son tan necesarios ya no son suficientes per se. En la era de la megacompetencia, tanto las economías nacionales como las empresas necesitan ir más allá de los criterios ‘clásicos’ que se tienen en cuenta  en los estudios de competitividad más celebrados. Recientemente, mientras me dirigía de una terminal a otra en un aeropuerto de Singapur, le comentaba a la persona que me acompañaba mi sorpresa ante el hecho de que en cada una de mis visitas veía que se estaban llevando a cabo nuevas obras para mejorar las instalaciones. “Es normal”, respondió el empleado sin demasiada sorpresa. “En Singapur no podemos darnos el lujo de ser simplemente ‘muy buenos’. En el mundo hay mucha gente y muchos lugares ‘muy buenos’. Nosotros necesitamos ser absolutamente excelentes si queremos seguir siendo competitivos”.

- Esta predisposición mental explica en gran medida por qué Singapur ha progresado tanto en casi todas las clasificaciones de competitividad. Hoy necesitamos tener conciencia de la importancia crucial de la actitud mental y de la cultura nacional cuando hablamos de competitividad. En cierto modo, es tan simple como: “Dime quiénes son tus modelos a seguir y te diré cuán competitivo eres”. No puede haber un desempeño económico sustentable y elevado sin una cultura que dé valor primordial a la generación de riqueza, que resalte el espíritu emprendedor como algo que no sólo debe respetarse sino que también lo eleve a la categoría de un valor nacional. El despegue de la economía china comenzó el día en que Deng XiaoPing –el padre de la campaña de modernización– declaró que “es glorioso enriquecerse”. Era una manera dura –pero efectiva– de elevar el espíritu emprendedor a un valor que no sólo merecía respeto sino que debía promoverse. El mayor logro de Deng XiaoPing es, en realidad, haber reemplazado la ideología comunista china por la ideología del crecimiento.

- Del mismo modo, la verdadera revolución que ocurre en India, y que comienza a ubicarla en el mapa económico mundial, se basa en gran medida en el cambio de actitud que se está dando en el país; se puede hablar de una revolución cultural que está alterando de forma significativa la jerarquía de valores de India. En la actualidad, los emprendedores se están convirtiendo en modelos a seguir, en un país donde por mucho tiempo se les consideraba como altamente sospechosos, casi como una especie de ‘mal necesario’ que debía ser limitado a través de un conjunto de regulaciones que intentaban evitar una expansión ‘exagerada’ de las actividades corporativas. Este cambio ha llevado un tiempo considerable desde que comenzaron las reformas en India en julio de 1991, ya que el país estaba al borde de la bancarrota, pero ahora la generación de riqueza se está transformando más y más en parte del sistema de valores nacionales. Por supuesto que México no está en la misma situación que India antes del inicio del proceso de reformas, pero aún hay mucho por hacer en el país en cuanto al apoyo y estímulo a los emprendedores.

- La legitimidad de las firmas –y las actividades empresariales– es en este momento la clave para la competitividad en el marco de la economía mundial. Cualquier sistema económico tiene que ser capaz de establecer –y de beneficiarse– con una base de legitimidad moral, cultural y social para funcionar de manera óptima y eficiente. Sin duda, la evidencia fortuita apoya la idea de que existe una conexión directa entre la legitimidad establecida a través del sistema económico y empresarial de un país y su eficiencia y competitividad.

- El capitalismo industrial tuvo que establecer este tipo de legitimidad en las democracias industrializadas demostrando que, más allá de un pequeño grupo de capitalistas, la riqueza generada beneficiaba a la sociedad en general. También tuvo que crear los mecanismos y salvaguardas capaces de suavizar y corregir los excesos del sistema. Los choques y ajustes dolorosos resultado del impacto de la globalización, junto con un nuevo sistema de capitalismo financiero, obligaron a los gobiernos y a las empresas a adoptar una actitud y las políticas que contribuirían a apuntalar la cohesión social.

- En los últimos años, la noción de responsabilidad social empresarial ha ganado terreno de manera significativa, no sólo a través de algún impulso filantrópico o imperativo moral, sino también como una respuesta racional a la necesidad de que las empresas logren el tipo de aceptación que les permita funcionar en un ambiente de menos fricciones. Esto también surge de la toma de conciencia de que, gradualmente, las demandas y expectativas del mercado se expanden más allá de la calidad, precio y confiabilidad de los productos o servicios brindados por una compañía, y que los factores intangibles como la imagen, reputación, posicionamiento, estándares sociales también son bienes de competitividad significativos.

- Otro factor crucial que no se tiene en cuenta tanto como se debería en el contexto de la competitividad global actual, es la importancia fundamental de la relación entre el gobierno y las empresas, y entre éstas y el tejido social del país.

- Es muy significativo que en la mayoría de los barrios –tanto de México como de otros países– las empresas no sean consideradas como parte de la sociedad civil. El concepto mismo de sociedad civil adquirió una importancia y visibilidad cada vez mayor como consecuencia de la globalización y su impacto en las estructuras sociales y contextos políticos. Pero hoy se considera a la sociedad civil como una contrafuerza, debido a que la gente percibe una reducción del poder de los gobiernos frente a los colosos corporativos, cuyo poder e influencia trascienden las fronteras. Y en muchas ocasiones, la sociedad civil y las empresas se consideran fuerzas antagónicas. No hay que desestimar lo negativo que puede resultar esta situación para la competitividad nacional, aun cuando exista el marco legal más ‘perfecto’.

- Es obvio que las empresas y los gobiernos tienen papeles y responsabilidades propias que asumir. Siempre habrá áreas y situaciones donde los gobiernos tengan que equilibrar los intereses y no puedan actuar solos, según la lógica de la eficiencia económica más pura. Pero un factor que adquiere cada vez mayor importancia es la habilidad de los gobiernos y las  empresas para operar con base en un conjunto de objetivos comunes y valores nacionales. Los nuevos campeones de la competitividad son los que –más allá de cumplir con los requisitos tradicionales de la competitividad global– estimulan un tipo de entorno social y psicológico que hace que la creación de sociedades públicas privadas sea posible, en aquellos territorios donde el gobierno y las empresas pueden complementar su papel, así como sus fuerzas y funcionar  con espíritu de sociedad, y cuando cada parte tenga clara la importancia actual de generar un contexto en el que ambas ganan. Por ejemplo, resulta muy revelador el hecho de que después de muchos años de una tendencia obsesiva –y a menudo inconsciente de las consecuencias económicas tremendamente lascivas– a la sanción de normas, la Comisión de la Unión Europea de Bruselas decidiera ahora comenzar a revisar de forma intensiva el conjunto de reglamentaciones de la Unión, con el fin de ayudar a mejorar la competitividad de los países miembros de la Unión Europea y así revivir el crecimiento.

- Asimismo, esto se relaciona con la necesidad actual de hacer ajustes a cualquier precio ante la tremenda aceleración del proceso de ‘destrucción creativa’ que el economista austriaco Josef Schumpeter identificó en el pasado como el motor principal del progreso y crecimiento económico.

- Este proceso siempre había estado en juego. Pero, hasta ahora, era más sencillo para un gobierno recurrir a su relevancia política y erigir barreras proteccionistas para prolongar la existencia de sectores que perdían su competitividad; las restricciones para que el capital se trasladara de un país o continente a otro en búsqueda de mayores ganancias limitaban el  rango de opciones y el margen de acción de los inversionistas globales; el proceso de creación y difusión de innovación tecnológica fue relativamente lento, prolongando así el lapso durante el cual las corporaciones pudieron sacar provecho de las ventajas ya obtenidas y de sus posiciones de dominio en el mercado.

- Todas estas barreras y restricciones están decreciendo significativamente con la globalización. Esto implica una aceleración tremenda de la ‘destrucción creativa’ que opera en un entorno global cada vez más ‘libre de fricciones’, y se traduce en la dramática compactación del factor tiempo y en la necesidad de mantener los procesos de toma de decisiones e implementación en un estado constante de acción tanto en las corporaciones como a nivel económico nacional. El mantra que reza que en la nueva economía global la velocidad y la adaptación veloz al cambio son un factor clave para la competitividad, se repite hasta el cansancio. En cualquier actividad, hasta en las labores más intensas afectadas de radical manera por el surgimiento de China e India, la nueva economía global es también la ‘economía desdibujada’. Ya sea en la estructura corporativa y sus niveles de toma de decisiones, o en la manera en que los gobiernos son capaces de mejorar las condiciones referenciales para la actividad económica, cada factor de fricción es un enemigo de la competitividad nacional.

- Estos elementos más intangibles también se relacionan con un componente crucial en la competitividad, más no muy mencionado: la noción de una marca nacional. Su impacto es cada vez más preponderante en la nueva economía global. Hay países que, a través de sus políticas y de la impresión que generan en la comunidad empresarial internacional,  pueden transmitir  la idea de que son verdaderamente hospitalarios con las empresas, y que existe una ‘atmósfera nacional’ de facilitación de las actividades empresariales y de atracción de la inversión.

- El elemento de marca nacional también conlleva de manera implícita o explícita las nociones de confiabilidad, cuidado de la calidad –que ayuda a que los productos y servicios provenientes de ese país adquieran inmediatamente una ventaja competitiva–, cierto posicionamiento. Al respecto, podrían mencionarse los ejemplos de  Singapur, Taiwán, o Malasia, quienes –a través de los últimos 20 años– han convertido lo que era una marca nacional bastante negativa en positiva y que actualmente se están recuperando de  la crisis de 1997-1998.

- En ciertos aspectos, y a pesar de las dificultades y anomalías aún presentes en su  entorno empresarial, China está comenzando a establecer una especie de marca nacional. El hecho es que China ha logrado generalizar la idea de que es muy seria en su proceso de reformas económicas, que –a pesar de los numerosos riesgos, incertidumbres y dificultades que implica– el liderazgo chino está resuelto a mantener el rumbo, y que el proceso de integración a la nueva economía continuará sin mitigaciones, con un dinamismo en aumento.

- A medida que avanzamos en el terreno de lo ‘intangible’, otro factor adicional de competitividad que debería considerarse es el poder del trabajo en red o networking. Hoy en día el networking se define como la capacidad de crear y manejar una red de relaciones cada vez más complejas y amplias, la habilidad de generar convergencia y/o comunión de intereses con otros jugadores, de compensar las debilidades relativas, de auspiciar el alcance de la compañía o de la economía nacional. Actualmente, existe una correlación absoluta entre el grado de competitividad de cierta economía o corporación y la intensidad de su poder de trabajo en red, es decir la densidad y calidad de sus conexiones, alianzas y sociedades con sus pares en todo el mundo. Es a través de este poder de trabajo en red que se desarrollan y multiplican las transferencias de tecnología, los flujos financieros, el uso compartido de conocimientos  y los nuevos emprendimientos comerciales.

- En la actualidad no existe ninguna economía nacional ni corporación que sea lo suficientemente grande y sobresaliente como para soportar la competencia global sin tener que recurrir a una red de relaciones económicas o empresariales como factor multiplicador de su eficacia. En este sentido, México ha gozado por algún tiempo de una buena ‘ventaja de trabajo en red’ al ser parte del nafta y al tener un acuerdo con la Unión Europea, sumado a otra red de acuerdos comerciales. Pero ahora esta ventaja de trabajo en equipo está siendo socavada por la proliferación de pactos de libre comercio bilaterales. Y por tanto, una vez más el desafío es encontrar un medio para recuperar el valor de este activo: el trabajo en red. Estos factores extras de competitividad reflejan una nueva realidad económica global en la cual la intangibilidad, la velocidad y la conectividad –en el sentido más amplio del término– asumen un nuevo papel y una importancia renovada. Sin duda, hay una serie de sectores y compañías de México que están demostrando su capacidad para prosperar en este nuevo contexto de competitividad. Pero siguen siendo depósitos de excelencia y eficiencia en un entorno que todavía se caracteriza por tener muchas restricciones y obstáculos para lograr una mayor competitividad. No obstante, ellos ejemplifican lo que se puede lograr si se moviliza la innovación, el espíritu emprendedor y los recursos adecuados, aun en un entorno que debe mejorar.

- El actual proceso de integración continua a la economía mundial no da lugar a demasiadas opciones.

- La presión competitiva seguirá creciendo. La gama de opciones para el consumidor en lo referente a calidad, diversidad y confiabilidad continuará expandiéndose a medida que aparezcan nuevos jugadores en el mercado. Los nuevos competidores para los mercados serán invariablemente más agresivos y más eficientes. La otra alternativa –el estancamiento y la decadencia– es un lujo que ningún país, y menos México, pueden considerar como opción.

- El autor es presidente de Smadja & Associates, Strategic Advisory.

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