Alternancia... pero no del peligro

El clima de seguridad pública ofrecido por Vicente Fox no amenaza a los empresarios de la protecci?
María José Martínez Vial

La promesa de seguridad fue, aunque no la única, una de las razones de peso que hicieron de Vicente Fox el próximo inquilino de la residencia presidencial de Los Pinos. Su victoria electoral inicia un periodo de transición democrática y genera expectativas alentadoras en la población, en particular sobre la seguridad pública. Sin embargo, los entendidos en el tema no se atreven a poner las manos en el fuego: la inseguridad no terminará de la noche a la mañana, por lo que, quienes ofrecen servicios de seguridad privada, no tienen nada que temer.

- Sin ir más lejos, Juan Loaeza Ramírez, director de Servicios de Seguridad Privada de la Dirección General de Normatividad y Supervisión en Seguridad de la Secretaría de Gobernación (Segob), estima que tan sólo en el próximo año el número de compañías de seguridad privada que se darán de alta en su dependencia crecerá entre 20 y 30%. Más aún: las empresas del sector parecen no correr ningún riesgo a corto o mediano plazo... para algunos, ni siquiera en caso de que, como por arte de magia, el país se convirtiera en el Edén de la tranquilidad.

- Un solo cambio podría afectar a este sector: como en otros terrenos, la tendencia parece ser la fusión de los más grandes, y la extinción paulatina de los pequeños e “irresponsables”.

- Funcionarios, empresarios y cifras coinciden en que, si bien a partir de 1984 (año en el que existían menos de 10 empresas de seguridad privada en México) la inseguridad empezó a cobrar importancia, no fue sino hasta los años 90 que ésta se convirtió en via crucis para políticos y empresarios, y en jugoso negocio para quienes supieron aprovecharse de la situación. Porque, a decir de quienes se dedican a vender seguridad privada, junto a las empresas consideradas serias, convive un sinnúmero de compañías no cualificadas, que ofrecen este tipo de servicio, llegando incluso a poner en riesgo la vida de sus clientes.

- “En este momento existen en la República cerca de 10,000 empresas de seguridad privada, de las que únicamente 2,000 están formalmente registradas –asegura Luis Zamorano de la Torre, presidente del Consejo Nacional de Seguridad Privada (CNSP)–. El resto, son grupos espontáneos que aparecen y desaparecen, que no están capacitados para ocuparse de la integridad de nadie, y que, sobre todo, dan una imagen muy negativa del sector”.

- Las cifras exactas dicen que, a la fecha, la Secretaría de Gobernación tiene registradas 2,581 compañías de seguridad privada en el país, de las cuales sólo 773 son de su competencia en términos de regulación, por tratarse de empresas que ofrecen sus servicios en más de un estado de la República. Por su parte, la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México, institución encargada de regular este sector en la capital del país, tiene registradas 621 empresas de esta índole.

- Parece que, lejos de estar en vía de extinción, el sector tiene un futuro promisorio, directamente proporcional –malas noticias– con el de la inseguridad en México, un país considerado, después de Colombia y Brasil, como el más peligroso de América Latina.

- Pero ¿dónde quedan entonces las promesas del flamante presidente electo? Si no en balde, para la gran mayoría se trata de afirmaciones a largo plazo. “No hay ningún gobierno que pueda reducir la inseguridad en unos pocos años –asegura Federico Siller Blanco, director del Registro de Servicios Privados de Seguridad de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México–. Todo dependerá de las medidas de seguridad que se pongan en práctica, de la mejora de las condiciones de vida de la población y, por supuesto, de que se acabe con la corrupción de funcionarios y cuerpos policiacos, quizá la principal fuente de inseguridad en México. Si las nuevas administraciones logran darle a la gente la sensación de que está mejor gobernada, entonces la situación mejorará. Pero es una cuestión a muy largo plazo”.

- Negocio en auge
Lo cierto es que, a pesar de la expectativa generada, la población más expuesta por su posición económica o de poder –clase política y empresarios nacionales y extranjeros–, sigue prefiriendo cubrirse las espaldas, y nada indica que cambie de opinión.

- Por su parte, las compañías que ofrecen protección no parecen atravesar un período de especial incertidumbre. Incluso hay quien, lejos de sentarse a esperar, ha ampliado recientemente su campo de acción. Es el caso de Sensormatic México, una empresa que hasta julio pasado ofrecía únicamente sistemas electrónicos de seguridad pero que, sin abandonar ese rubro, ha incursionado recientemente en el terreno de la consultoría. “Decidimos ofrecer consultoría además de tecnología, porque ambas cosas son complementarias –explica Eduardo Castrejón, director general de la empresa–. Antes también ofrecíamos asesoría, pero ahora nos hemos dado cuenta de la importancia de hacerlo de una manera más sólida.”

- En lo que a facturación se refiere, Sensormatic México puede presumir de haber cerrado su último año fiscal (julio 1999– junio 2000) con $20 millones de dólares. Para el próximo año, Castrejón pronostica un incremento de nada menos que 50%. Y es que afirma no estar en absoluto preocupado por el bienestar futuro de su negocio. Entre sus planes a corto plazo, Sensormatic piensa invertir $9 millones de dólares en la construcción de un nuevo almacén para sus productos, y el reforzamiento de su área tecnológica.

- “El nicho de la seguridad privada electrónica está cubierto pase lo que pase. Por un lado, porque dada la situación actual la inseguridad va a ser la nota dominante durante bastante tiempo; y por otro, porque la tecnología se ha convertido en un instrumento imprescindible para combatir la inseguridad en las calles. Es imposible que la gente deje de delinquir de la noche a la mañana. Para que los ciudadanos se sientan seguros, lo único que se puede hacer en este momento es tener la ciudad vigilada electrónicamente”, asegura.

- Su teoría puede ser discutible, pero parece estar avalada por el concurso lanzado recientemente por el Gobierno del Distrito Federal para dotar de cámaras de circuito cerrado a la red del metro capitalino, con el objetivo de mejorar su vigilancia.

- Pero si la imposibilidad de erradicar la violencia parece ser la triste garantía de supervivencia del sector, otro factor bastante más glorioso vela por el sueño de los empresarios de la seguridad privada. Se trata de la esperanza extendida en el medio de que el nuevo gobierno traerá de la mano la estabilidad económica, y con ella, un clima más que propicio para la inversión extranjera, lo cual deviene en el establecimiento de compañías foráneas en el país. En este sentido, todo indica que la seguridad intramuros (guardias, alarmas, circuito cerrado de televisión, entre los más destacados) seguirá siendo el nicho más fructuoso de la industria privada de la protección.

- “Vicente Fox es ante todo un empresario –dice tajante Alejandro Desfassiaux, presidente de Grupo Multisistemas de Seguridad Industrial, una compañía que ofrece servicios de seguridad integral a los hombres de negocios y sus familiares (desde guardias para empresas y viviendas, hasta sistemas de rastreo satelital para traslado de valores, o desplazamientos de particulares)–. Si hay algo de lo que estoy seguro es de que, consiga o no bajar el índice de criminalidad en el país, lo que sí va a hacer (Fox) es atraer capital extranjero. Y nuestros principales clientes son las empresas y los empresarios”.

- El nicho riesgoso
En la hipótesis –poco probable– de que los índices de criminalidad experimenten un descenso notable, las que podrían verse en apuros son las compañías que brindan protección a particulares.

- “En caso de que se lograra instaurar un clima de tranquilidad en el país, mi negocio podría verse afectado hasta en 30%”, comenta Jorge Arellano, director comercial de O’Gara–Hess & Eisenhardt México, compañía que se jacta de haber blindado los coches de todos los presidentes de Estados Unidos desde mediados de siglo hasta la fecha.

- “Aunque hoy por hoy no creo que se pueda hablar del fin inminente de la inseguridad, lo que es innegable es que desde que ganó Fox la venta está más lenta, porque hay una esperanza de que el país tenga una normalidad en su economía y de que haya un poquito más de tranquilidad, y entonces la gente no es que te deje de comprar, sino que retrasa un poco su decisión. Eso es lo que está pasando”.

- Los principales clientes de O’Gara son gobernantes, diplomáticos, transnacionales principalmente estadounidenses y extranjeros, e industriales que quieren protección ante la escalada de la inseguridad.

- En los últimos cinco años, la compañía ha blindado más de 1,500 autos en el país. Si bien hoy día cuenta con 900 clientes (21% más que el año pasado), y para el presente año el crecimiento estimado es de 15%, Arellano opina que durante el 2001 la demanda puede detenerse. Algo que, por lo demás, no parece preocuparle en exceso. “Adoro mi país y deseo que la inseguridad termine de una vez por todas. Si baja mi negocio, lo entendería. Claro, siempre habrá personas, principalmente políticos, que recurran a mis servicios, por lo que la (mayor) seguridad no me llevaría a la quiebra”, concluye.

- Cautela
Salvo en este caso, la tranquilidad de los empresarios  –sumada a la intranquilidad de los ciudadanos– parece ser la nota dominante. Pero ¿significa esto que es buen momento para invertir en seguridad privada? A pesar del pronóstico de aumento del número de compañías para el 2001 hecho por Loaeza de la Segob, en el ámbito privado nadie se aventura a recomendar el inicio de un nuevo negocio de este tipo.

- “Ahora mismo no creo que sea conveniente invertir en la fundación de una empresa de seguridad privada, porque aunque la demanda exista, en los próximos años vamos a ver cómo las grandes compañías se unen, y las menores desaparecen –dice Desfassiaux–. En este momento, a una persona interesada en invertir en este tipo de negocio le conviene asociarse con una empresa sólida, y pasar a ser parte de su consejo de administración, y no empezar desde cero”.

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- Quizás por convicción, quizás para evitar competidores, esa parece la creencia generalizada de los empresarios, puesto que Arellano coincide con lo anterior: “En lo personal no le recomendaría a nadie que invirtiera en un nuevo negocio de este tipo, porque ya hay mucha oferta. A mi juicio, lo que ocurrirá durante los próximos años es que se van a ir saliendo muchos chiquitos y se van a quedar sólo los grandes. Nosotros no, porque no lo necesitamos, pero también vamos a ver cómo muchas empresas se fusionan”.

- Las conclusiones, a juzgar por las opiniones de los actores involucrados en el tema, son claras. Si tiene una compañía bien instalada, quédese tranquilo, hay negocio para rato. Si planeaba usted invertir en la creación de una empresa de seguridad privada, piénselo dos veces. Si esperaba una notoria e inmediata mejora en la seguridad pública para ahorrar dinero en sus gastos de seguridad privada, no se ilusione. Y si, como cliente, busca contratar los servicios de una de estas compañías, fíjese bien en quién va a cuidar de usted y de su patrimonio porque las empresas “patito” abundan en el mercado.

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