Alternancia y gobernabilidad

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Alfoso Zárate

El dos de julio, cuando a través del sufragio efectivo los ciudadanos dimos el “cerrojazo” a un largo capítulo de la historia nacional, la arena política, las instituciones y los usos del poder fueron trastocados en sus cimientos y superficie. La Presidencia de la República no fue la excepción. En la era priísta la Presidencia nunca dejó de ejercerse con prepotencia, impunidad y arrogancia.

- Pero Vicente Fox no dispondrá de la cartografía de los laberintos del poder: gobernará sin varios de los instrumentos, mecanismos e inercias del antiguo régimen: subordinación del Poder Judicial; partido hegemónico dócil a la línea presidencial con mayoría en el Congreso; gobiernos priístas en la mayoría de las entidades; control de sindicatos estratégicos; vigilancia, censura y “autorregulación” de los medios de comunicación, entre los principales.

- Adicionalmente, desconoce el grado de lealtad, compromiso institucional y responsabilidad republicana de grupos y facciones al interior de las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia.

- Al ser así, la alternancia es un arma de dos filos. El nuevo presidente llegará a Los Pinos libre de rémoras, pero carente del aparato clientelar que suele traducir el apoyo ciudadano en capacidad de gobierno.

- En consecuencia, Fox recibirá una institución presidencial doblemente acotada: por las reformas que han reducido las funciones, prerrogativas y facultades extraordinarias de que gozó la institución en su “época de oro” y por las condiciones de equilibrio que estableció el electorado.

- Tal superposición y mezcla de elementos disímbolos da como resultado un escenario extraordinariamente complejo. Con toda su carga de oportunidades y riesgos, el gran desafío consiste en inventar y ejercer una Presidencia de transición: negociadora y abierta a la crítica; permeable a la pluralidad política, ideológica y cultural del país.

- Pero hay un peligro mayor: la permanencia de la corrupción como aditivo de la maquinaria estatal. La nueva clase gobernante no está exenta de contaminarse con el dinero fácil y la espesa red de negocios turbios por donde cruza y se limpia el billete negro del narcotráfico.

- En cualquier caso, los poderes Legislativo y Judicial, los partidos en el Congreso y en la plaza pública, los medios de comunicación y la sociedad, deberán vigilar el tránsito y la meta, los medios y los fines del nuevo gobierno.

- Todas y todos  tienen que facilitarle al país el paso de la muerte: de la disciplina presidencialista, vertical y autoritaria, a la multiplicación de fuentes de poder en un sociedad plural y diversificada.

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El autor es director general de Grupo Consultor Interdisciplinario, S.C.

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