Andrea Artigas

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Cuando llegó a la Ibero, ya había vivido en Estados Unidos, Suiza e Italia. Después de terminar la carrera, trabajó en el Museo de Arte Contemporáneo. Se casó, viajó, se divorció y comenzó su ascensión laboral. Empezó dirigiendo la joyería Berger y tres años después la buscó Tiffany para traer su colección a El Palacio de Hierro. Hoy es su directora general y ya ha conseguido abrir una boutique, la primera en América Latina. Su mayor logro es “ser independiente económicamente”. Cada día empieza con aeróbics, sigue con el trabajo, su maestría en arte contemporáneo y un poco de vida social. Andrea justifica su liderazgo (“siempre he sido muy mandona”) y su giro profesional (“la creatividad y la belleza de las joyas está relacionada con mi carrera”). Como empresaria mexicana señala la disciplina, la honestidad inquebrantable y el sentido del humor como valores indispensables. Su piedra favorita es el diamante, “por su tono neutro, atemporal, su brillo, su fulgor y porque emite vida”. Y por supuesto mantiene la premisa de que una joya es para siempre: “representa un momento emocional que quieres guardar toda la vida”. Este año abrirá otra tienda en México.

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