Antídoto contra la parálisis

Si se derribaran algunos obstáculos burocráticos, hoy más absurdos que nunca, la economía tendr?

Franz Kafka es el invitado más frecuente –e inmortal– en las oficinas gubernamentales. Ahora ocurre que, tras todas las nuevas exigencias (necesarias, por supuesto) impuestas por la Secretaría de la Función Pública, el resto de las oficinas de gobierno se paralizan. Mejor rehuir a comprometerse en firmas de documentos o verse inmiscuidos en un problema legal por un nimio error.

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De una manera u otra, en México solemos dar saltos entre dos extremos. Si antes la problemática mayor se encontraba en la discrecionalidad con que los funcionarios públicos podían tomar decisiones (con ventajas personales, casi siempre), ahora la norma es que nadie se atreve a decidir, por miedo a que la firma de un convenio tenga secuelas insospechadas. Y este es un ejemplo más de cómo nos complicamos la existencia, justo cuando hacen falta medidas para reactivar la economía. Mientras tanto, el barco sigue atado al muelle.

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Para documentar el mal momento que vive la economía nacional baste con observar que, en julio pasado, la tasa de desempleo tocó su nivel más alto desde febrero de 1998, debido a los estragos que ha ocasionado el estancamiento en la industria manufacturera. Incluso empresas como Volkswagen de México debieron disminuir 8% el salario de su personal de confianza, mientras Grupo Industrial Saltillo despidió a 14% de su fuerza de trabajo. Los $100 millones de pesos anunciados por la administración foxista como parte del remedio contra el desempleo generan consenso en los analistas: la suma es ridícula.

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Dada la compleja circunstancia externa –si bien los expertos hoy coinciden en que la economía estadounidense comienza a dar señales más realistas de reactivación–, el verdadero antídoto contra la parálisis es el mercado interno, ancestralmente descuidado. Aquí parecen existir mejores augurios. En una reciente participación en el programa Monitor de Radio Red, Alfredo Thorne, economista de JP Morgan Chase, señaló que el primer semestre fue peor de lo esperado, pero todo indica que el segundo será mejor que las expectativas que se tenían, lo cual situará al final del año a la economía mexicana en un rango de crecimiento de alrededor de 1.8%. Insuficiente, a todas luces, pero es preciso comentar que los últimos indicadores de comercio y servicios avalan un pronóstico de mejora para el resto del año.

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Mientras tanto, lo que sí crece es la economía informal. Si el apoyo a los changarros, como parte del discurso oficial de creación de emprendedores,  ha repercutido más bien en el estímulo a la ilegalidad, el sendero que recorremos es el incorrecto. Justo cuando más se requiere ampliar la base de contribuyentes, todo indica que vamos en el sentido contrario: el ejército de vendedores ambulantes, contrabandistas, acomodadores de autos y limpiaparabrisas es el único que se engrosa.

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Es curioso. En un país que se caracteriza por exceso de imaginación colectiva, hacen falta ideas. Nosotros insistimos: el mercado interno es la mejor tabla de salvación que puede tener la economía nacional. Quizás habría que escuchar con mucha más atención varias de las propuestas que, una y otra vez, ha hecho Carlos Slim Helú. Sin mercado interno, no hay país que alcance niveles mínimos de bienestar en su población.

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