Año 2000 OK

Nada pasó, y si pasó fue corregido puertas adentro. A algunos les costó la fiesta de año nuevo.
Dino Rozenberg

Ni los analistas más optimistas pudieron imaginar que la transición informática Año 2000 sería tan fluida y transparente. Desde la noche del 31 de diciembre y hasta finales de la primera semana de enero, cuando las actividades comerciales, industriales y financieras se reanudaron en todo el mundo, los reportes de las principales agencias internacionales señalaron un número insignificante de incidentes vinculados al error informático. Una central nuclear en Japón, un satélite espía de Estados Unidos, unas terminales punto de venta en Inglaterra y un canal de televisión en Zanzíbar. Para las catástrofes que algunos llegaron a pronosticar, prácticamente un Apocalipsis sin agua, sin luz y sin teléfonos, la realidad fue decepcionante.

- El hecho es que los servicios públicos, las telecomunicaciones, las transacciones con tarjetas de crédito y cajeros automáticos, así como la navegación aérea y otras actividades consideradas críticas pasaron al 2000 en forma por completo transparente para sus usuarios. Si en algún otro sitio se registraron problemas, en la medida en que no afectaron a los servicios no fueron dados a conocer. Lo mismo ocurre estos días en las empresas pequeñas y medianas, donde sin duda se presentan muchos errores. La solución más sencilla es apagar los sistemas mientras se hace la corrección, y volver temporalmente a la máquina de escribir para hacer facturas, asientos contables o movimientos de inventario. Nada que haga noticia en los diarios.

- En México la situación fue similar a la del resto del mundo. La Comisión Nacional para la Conversión Informática Año 2000 (CONACI) estuvo sesionando en forma permanente, y los boletines que emitió en los primeros días del año contuvieron la misma aburrida cantinela de “sin novedad”. Nada que impactara a los periodistas de la televisión. Igual de aburrida está la página electrónica de la CFE (www.cfe.gob.mx), que desde la tarde del 31 incluye reportes de cada hora, con verdes letreros de “normal” o “ningún incidente”.

- Con este panorama no sorprende que hayan aparecido algunas voces asegurando que el efecto del Año 2000 se exageró, quizá por razones comerciales, cuando el razonamiento correcto es justamente el contrario: las cosas salieron bien porque se hicieron los trabajos y las inversiones necesarias en los programas críticos de los sectores público y privado. Sería ingenuo pensar que los directores de sistemas y expertos informáticos de las grandes empresas e instituciones científicas se hayan dejado impresionar por falsas alarmas, que desconocieran o despreciaran las fallas que se detectaron y corrigieron en todo tipo de programas y equipos, y que decidieran pasar unas fiestas únicas e irrepetibles para monitorear el comportamiento de sus equipos. En México, según informes de Antonio Puig Escudero, presidente de la CONACI, se invirtieron unos $60,000 millones de pesos, equivalentes a 1.4% del PIB, y estuvieron involucrados unos 100,000 técnicos y programadores de todos los niveles. Un alto precio, incluso injusto, para poder decir que todo está funcionando más o menos igual que antes.

- Normal pero único
Aunque las operaciones se desarrollaron en forma normal, para los informáticos mexicanos el 31 de diciembre de 1999 fue una experiencia singular y extraordinaria, que muchos recordarán durante largo tiempo. Al fin de cuentas no es usual que directores de sistemas reciban el Año Nuevo cenando al costado de sus monitores, o que altos ejecutivos de empresas posterguen sus vacaciones para pasar las fiestas a no más de una hora de distancia de sus oficinas, cerca del teléfono o del localizador, disponibles en todo momento para atender conflictos o clientes en problemas.

- Así ocurrió desde las primeras horas de ese último viernes del año en el Banco de México (Banxico), Bancomer, Banamex y demás instituciones financieras, en el Centro Nacional de Supervisión de Telmex, en Querétaro, en la CFE y en decenas de empresas e instituciones públicas y privadas de todo el país, donde analistas, programadores y expertos, testigos de un momento irrepetible, pasaron el fin del año en sus lugares de trabajo, monitoreando las transacciones. Después de todo, es muy previsible que tarjetas de crédito emitidas en México hayan sido utilizadas en Asia, Europa o Estados Unidos, ya entrado el 2000, para ser operadas en servidores que aún no recibían el nuevo día. Lo mismo pudo ocurrir con una llamada telefónica originada en Veracruz (el 1º de enero del nuevo año) con destino en Tijuana (el último día de diciembre de 1999).

- Conforme pasaron las horas, como ya es conocido, el clima fue relajándose ante la creciente certeza de que los sistemas no darían grandes sorpresas. No ha pasado el peligro, porque todavía hay que superar la fecha crítica del 29 de febrero, el 10 de octubre (10/10/2000, ocho dígitos completos), pero la prueba máxima ha sido superada con éxito.

- Gilberto Calvillo Vives, director de sistemas de Banxico y coordinador del centro de mando para el sector financiero, estuvo desde temprano al frente de su equipo, recibiendo información y participando en videoconferencias con directores de bancos centrales de Europa y Estados Unidos. Explica que para la ocasión fueron movilizadas unas 600 personas, incluyendo gente de sistemas, administrativos y hasta mensajeros en motocicleta, por si acaso resultaba necesario despachar materiales a medianoche. Tanto en la noche del 31 como al inicio de las operaciones del lunes 3, la institución estuvo atenta a la llegada del día en los mercados de Asia y Europa, porque se estimaba que cualquier falla reportada podría ser corregida en las horas que mediaran hasta la llegada del nuevo año en México. No hizo falta hacer nada de eso.

- Telmex destacó para la ocasión, en toda la república unos 1,000 trabajadores y sus helicópteros estuvieron listos para trasladar equipo y personal al sitio donde fuera requerido. Tampoco fue necesario. Alfredo Guadarrama, líder del proyecto TA2 de la telefónica, estuvo en el CNS de Querétaro desde varios días antes del cambio de año, ajustando detalles y contactando con carriers de otros países que utilizan equipos y tecnologías similares.

- Momento crítico
El 31 el trabajo no fue sencillo, y luego de seguir desde la mañana la marcha de la hora, a las 11:30 de la noche se dio la orden de quitar las manos de los tableros y teclados. “Esta regla de manos a las bolsas buscaba evitar que se introdujeran cambios o comandos en el momento crítico. Lo que queríamos era que la red telefónica entrara al año 2000 en forma natural. Así sucedió. Cuando dieron las 12, todo el sistema entró en forma completamente limpia, con cero alarmas en los tableros. Fue muy emocionante”.  Sólo después de las tres de la mañana, cansados pero felices, los telefónicos pudieron cenar y brindar, naturalmente con refresco.

- Para Carlos Ramírez Cervera, director general de Bursatec, el área de sistemas de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), el fenómeno Y2K tuvo dos etapas. Una ocurrió la noche del 31, cuando él y su equipo estuvieron monitoreando los sistemas y aplicaciones. Sólo se despegaron un par de horas para cruzar a un hotel de la Zona Rosa del DF, cenar y brindar con sus familias, y regresar de volada. Afuera, en el Paseo de la Reforma, proseguía el “mitote” organizado por las autoridades capitalinas. La historia volvió a repetirse para Ramírez la mañana del lunes 3, inicio de operaciones. A las 8:30 de la mañana se reiniciaron las operaciones con completa normalidad, y no fue posible determinar cuál fue la primera transacción del día. Ramírez dice que el paso del Nuevo Año y la transición informática bien podrían calificarse como “civilizados”. “Era un día plagado de nubarrones: el Y2K, las amenazas de actos terroristas, la sospecha de que hackers y virus pudieran atacar los sistemas, incluso que se pudieran producir disturbios o accidentes en los festejos populares. Nada de eso ocurrió, afortunadamente”.

- Aunque en todos los bancos mexicanos montaron guardias para recibir a Y2K, en Bancomer el suceso tomó un cariz casi festivo. En las oficinas centrales había más de un medio millar de personas, pantallas gigantes para seguir la transmisión de CNN, rifas de electrodomésticos,  desayuno, comida y cena con pavo y bacalao; para el brindis, sólo refrescos. Ahí estuvo Jorge Laborín, director corporativo de sistemas, dando instrucciones con su acento norteño. Se dice que Bancomer invirtió en su proyecto Y2K $50 millones de dólares, así que es comprensible que hayan tirado la casa por la ventana para asegurar su éxito. ¿Algo que reportar? Según un testigo anónimo, nada importante, y lo que apareció se corrigió sin hacer ruido.

-

El autor es director de Netmedia Publishing.
En la elaboración de este informe colaboraron Fabiola González y Carlos Valente, de la revista Information Week México.

Ahora ve
Trece países de la OEA le piden a Nicolás Maduro suspender la Constituyente
No te pierdas
×