Apretón mundial

Si su empresa tiene un guardadito, ya puede respirar en los dos primeros trimestres del año. Si no,
Louise Guénette

Por primera vez en más de 20 años coincide la recesión en las tres economías más fuertes del mundo: Estados Unidos, la Unión Europea y Japón. La consigna para 2002 en México es mantenerse durante los dos primeros trimestres de adversidad, y si se puede, prepararse para la recuperación gradual y un entorno económico que ya no será igual.

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La capacidad de cada empresa para pasar por el periodo inicial de recesión global y aprovechar el repunte dependerá de la cantidad de efectivo que conserve en caja, dice Eduardo Uribe, director de Calificaciones Corporativas de Standard and Poor’s México. Esta liquidez está en función, a su vez, de la capacidad que tengan de cobrar a sus clientes rápidamente y de postergar el pago a sus proveedores, así como aplazar inversiones y deshacerse de negocios no rentables.

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El efectivo les ayudará a seguir aguantando las mismas presiones múltiples con las cuales terminaron el año anterior: una menor demanda para sus exportaciones en la unión americana, un peso fuerte –que aumenta los costos de producción y operación– y bajos precios internacionales de materia prima.

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Ejemplos de estas tribulaciones no faltan. Por estar sujeto a estos tres factores, Grupo México, del sector minero, redujo su producción de cobre ante la sobreoferta en el mercado internacional y, al hacerlo, incumplió un acuerdo subyacente de crédito con varios bancos internacionales; Standard and Poor’s bajó su calificación y sigue preocupado por la capacidad del grupo de respetar sus compromisos. Para firmas como estas el futuro es aún más incierto. Los precios de las materias primas están ligados al desempeño de la economía mundial y subirán con la recuperación, pero su acenso será lento, afirma Uribe.

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La recesión, los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington y los agudos problemas en Argentina han encarecido los flujos de financiamiento internacional hacia el país. A pesar de las tasas de interés bajas en Estados Unidos y México, existe una aversión al riesgo que inclina al inversionista a pedir mayores rendimientos antes de comprar bonos emitidos por empresas locales. Más allá de la habitual precaución de los inversionistas, las complicaciones por la moratoria argentina no deberían de trastornar la economía nacional. Uribe cree que los hombres de negocios reconocen las grandes diferencias de capacidad de pago entre los dos países. Frente al creciente riesgo en la nación del cono sur, muchos ya han movido sus inversiones en una típica huida hacia instrumentos de mejor calidad. Algunos los depositaron en México, pero la mayoría se refugiaron en instrumentos como los bonos del Tesoro de Estados Unidos.

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El entorno de financiamiento más competido no favorece, sin embargo, a ciertas corporaciones mexicanas, como Grupo Vitro, Azteca Holdings y Copamex, que necesitan refinanciar montos elevados en 2002 o tienen mucha deuda de corto plazo.

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Así las cosas, la búsqueda de alternativas para el financiamiento seguirá en este año. Varias firmas ya han volteado hacia el mercado de capitales doméstico y emitido certificados bursátiles. Uribe adelanta que algunas compañías han solicitado a la banca de desarrollo del gobierno una garantía parcial. Si procede, esta nueva modalidad permitirá a ciertas empresas subir su calificación a AA, el mínimo necesario para tener acceso al dinero que los mexicanos tienen invertido en las Administradoras de Fondos para el Retiro (Afore); las sociedades de inversión que las administran son los inversionistas institucionales con más disponibilidad de dinero.

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Es de prever que muchas asociaciones pospongan la inversión hasta la segunda mitad del año e incluso hasta 2003, porque estarán preocupadas por el financiamiento y la necesidad de mantener liquidez. La precaución está avalada por Standard and Poor’s, que desde octubre pasado advierte en voz de Uribe: "Si las compañías ponen en marcha planes de recomerá muy grandes o invierten en activos cuyo retorno quizá no sea muy rápido, les podría afectar de manera negativa en la calificación."

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Normalmente, la mayoría de las organizaciones que cotizan en bolsa destinan un monto por arriba de la depreciación de sus activos para crecimiento gradual o adquisiciones. Hoy reponen la depreciación, en el mejor de los casos.

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Las que sí podrán prepararse para la previsible recuperación de la segunda mitad del año son las grandes corporaciones con mucha liquidez y deuda manejable.

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Varias empresas de este corte han preservado su capacidad de invertir dentro y fuera de México. Teléfonos de México y Bimbo tienen altos flujos de caja. Televisa ha vendido varios negocios pocos rentables, como el diario Ovaciones, su participación en Pegaso y un porcentaje de sus activos en radio, afirma Ramón Campos, analista de BBVA-Bancomer.

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Cemex es otro ejemplo. Su diversificación le permitió aprovechar el plan estadounidense de carreteras, como productor local, a través de su reciente adquisición de Southdown, la segunda cementara más importante del país vecino. El programa continúa en 2002, mientras que se activa el sector de vivienda en México, con un gasto 50% superior a 2001. Elisabeth Barrera, otra analista de BBVA-Bancomer, estima que el consorcio seguirá evaluando posibilidades de compra en el mundo y particularmente en Asia.

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Nuevo entorno

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Cuando termine la recesión en el país vecino, el efecto no tardará en sentirse aquí. "En cuanto Estados Unidos repunte en su actividad económica, jalará a México inmediatamente. Con la integración del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), los pedidos tardan una o dos semanas en llegar –comenta Uribe–. Los sectores de autopartes y maquiladoras están muy ligados."

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Pero una vez que termine la recesión, los mercados no serán exactamente los mismos que antes. El crecimiento de la unión americana difícilmente volverá a igualar al que ocurrió en los años 90. Además, empieza la desgravación de aranceles en Estados Unidos para las importaciones chinas, exponiendo a muchas exportadores mexicanos a una dura competencia.

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La recesión en el país más poderoso del mundo, que los economistas califican de breve y ligera, no es igual a la mayoría de los bajones que ha padecido esa nación. En muchas ocasiones en el pasado, el crecimiento generaba inflación y la reducción de la tasa de interés por la Reserva Federal sofocaba la economía. Según Pablo Álvarez, director de Análisis Económico en Bursamétrica, la recesión actual empezó con la caída –en marzo de 2000– del índice de la bolsa de valores electrónica o Nasdaq, que reflejaba el desencanto de los inversionistas por los proyectos en tecnología de información, especialmente internet. Las expectativas demasiado elevadas del sector no fueron correspondidas con un crecimiento exponencial de la demanda.

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Según Richard Berner, economista en jefe para Estados Unidos de Morgan Stanley, el exceso de inversión se tradujo en recesión porque las empresas estaban demasiado dependientes de un alto ritmo de crecimiento para generar utilidades positivas. "En los últimos siete u ocho años, una inmensa cantidad de apalancamiento financiero y operativo se acumuló en las corporaciones estadounidenses. Los costos fijos aumentaban por los costos de financiamiento y depreciación", explica.

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Éstos incrementaron la sensibilidad de las ganancias de las compañías al crecimiento. Cualquier señal de desaceleración significaba cuantiosas reducciones en utilidades. La recesión surgió del proceso de ajuste para restaurar los márgenes de ganancia al bajar costos, personal e inversión. Aunque las 11 reducciones en la tasa de interés de la Reserva Federal han limitado la tendencia a la baja de la economía, la recesión no cederá hasta que las empresas concluyan su ajuste y amplíen sus márgenes de ganancia.

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Berner y Álvarez concuerdan en que esto ocurrirá en el segundo trimestre, pero ya nada será lo que fue. Según el segundo, la intensidad de la actividad económica en la década anterior no se repetirá. Es cierto que el auge de la inversión tecnológica logró romper el paradigma del límite de velocidad del crecimiento económico. Antes los economistas pensaban que no se podía crecer más de 2 o 3% sin generar inflación, pero en algunos trimestres de finales de los 90 se creció a tasas de 8% con estabilidad de precios. Sin embargo, una vez que la recesión queme la sobreinversión, las empresas se cuidarán de moderar sus expectativas. Además, los atentados del 11 de septiembre pasado tuvieron un impacto duradero en las economías desarrolladas. Los recursos adicionales que se destinarán a la seguridad y el flujo más lento de mercancía y gente aminorarán el incremento de la productividad.

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El economista de Morgan Stanley estima que la atención que las empresas ponen hoy en los criterios básicos para salir de la recesión persistirá más allá de los primeros trimestres de 2002 y caracterizará a todo el decenio 2001-2010. En un fenómeno que él llama Back to Basics (de regreso a lo básico): los inversionistas han vuelto a fijarse en las pautas fundamentales de valuación de empresas, como los retornos de su capital invertido, en vez de tomar decisiones con base en el número de visitantes que recibe un sitio web, como ocurrió en muchos casos hacia finales de la década anterior. "Muchas firmas estadounidenses, en un largo periodo de prosperidad, se volvieron laxas y demasiado confiadas en cuanto al control de costos y el buen funcionamiento de sus modelos de negocio", afirma Berner. El nuevo ambiente de negocios –agrega– "les obligará a enfocarse en el lado de los importes de su negocio: reestructurar, cortar gastos, asegurarse de estar en la línea adecuada, tratar de dominar sus líneas estratégicas lo más que puedan, porque no va a ser un ambiente fácil para los que están en sexta o séptima posición en cuanto a participación de mercado, a menos que estén explotando un nicho".

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Comercio más libre

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Para las compañías mexicanas, estos criterios básicos son mayormente determinantes debido a un contexto más competido. La entrada de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC), el 11 de diciembre de 2001, constituye para el país un reto inmediato en territorio estadounidense. Un estudio del Banco de Desarrollo de Asia afirma que las exportaciones de China –particularmente en textiles, confección y metales– aumentarán su participación de mercado con su ingreso en la OMC a causa de la eliminación de barreras comerciales en todos los países miembros, incluso Estados Unidos. El año 2002 también representa el primero de los seis años de respiro que México negoció para preparar a sus empresas a enfrentar a la competencia a bajos precios del gigante asiático. Pero este periodo es corto. "No creo que entre seis y ocho años México pueda ser tan dinámico en su producción interna para competir con los costos de los productos chinos", dice María Cristina Rosas, investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

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La región de Asia-Pacífico tendrá mucha resonancia en el país durante 2002. Se hablará de ella no sólo por la competencia china sino por el hecho de que México preside este año el Foro de Cooperación Económica de la zona (APEC, por sus siglas en inglés). La cumbre anual en octubre reunirá a muchos jefes de Estado importantes en suelo nacional. Será un acontecimiento de gran amplitud desde el punto de vista político. Y los disidentes no han de faltar.

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También este año coinciden las pláticas con Japón para iniciar negociaciones hacia la conformación de un tratado de libre comercio. Ese país tiene interés en tal acuerdo con el fin de dar salida a sus productos ahora que su espacio de influencia, el sureste de Asia, no puede absorberlos, afirma Rosas. Sin embargo, según la investigadora, los beneficios que México obtiene de los tratados negociados no han resultado del todo claros. La diversificación en los destinos de las exportaciones no se logra con la sola firma de acuerdos que pocos pueden aprovechar –advierte– sino con la capacidad de las pequeñas y medianas empresas para abrirse mercado en ciertos nichos.

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Adicionalmente, México podría ser sede de la cumbre de la OMC, en la cual se debatirá la posibilidad de abrir una nueva ronda de negociaciones para suceder a la Ronda de Uruguay, que empezó en 1986 y duró ocho años.

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La recesión mundial, sin embargo, no alienta la agenda multilateral de liberalización. Los tres grandes centros de poder –Estados Unidos, la Unión Europea y Japón– no están en buena posición para abrir sus mercados. El Congreso del vecino país del norte no ha otorgado hasta ahora al presidente George Bush el poder de negociar por la vía rápida y la Unión Europea tiene la atención puesta en el arranque del euro, el combate a la inflación y su ampliación hacia países de Europa occidental.

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Este año puede ser buen momento con el fin de armar un plan de aprovechamiento de los tratados que existen, por lo menos en el caso de las firmas mexicanas, pequeñas y grandes, que tienen la liquidez suficiente para moverse.

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