Armando León. Corriente directa

Hace poco más de tres años, Armando León cambio la dirección de Fusiones y Adquisiciones de Inve
Javier Martínez Staines

Armando León ha dado la vida (y todo su dinero) por una patente. Este capitalino de 49 años (“por adopción soy de Navojoa”) se dejó seducir por un circuito inventado por el doctor germano­estadounidense Rudolf Limpaecher, hizo sus maletas y se fue a radicar a Boston, al frente de una (aún) pequeña empresa: DC Transformation, Inc.

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A través de esta compañía, León pretende comercializar en el mundo entero una tecnología que responde al nombre de -Power Conditioning System (PCS), la cual revoluciona los sistemas de conversión y control de flujos de potencia eléctrica para aplicaciones de gran capacidad y alto voltaje, basándose en el circuito de Limpaecher, que utiliza componentes -electrónicos modernos disponibles en el mercado.

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Con la integración de tecnologías maduras para transferir la energía a una carga a través de -switcheo (utilizable en todo tipo de voltajes y frecuencias), este ingeniero mecánico electricista de la UNAM se muestra esperanzado de que la PCS encuentre un lugar creciente en el mercado. “No era posible transformar la energía en corriente directa, la cual es más dócil y no cambia; con este sistema inteligente de manejo de energía ya es posible”, subraya.

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La tecnología PCS realiza funciones de transformación, regulación, control y conducción de electricidad de una manera más eficiente que las tecnologías utilizadas en forma tradicional. Está basada en la integración de -capacitores, inductores y rectificadores de silicio (SCRs), controlados de manera inteligente por medio de programas instalados en -procesadores comerciales y utilizando fibra óptica en el sistema de control. Las principales aplicaciones son la conversión de líneas de corriente alterna (CA) a corriente directa (CD), de CD a CA y en los generadores de potencia reactiva. En la primera, la mayor ventaja es que elimina el uso de transformadores electromagnéticos para adecuar las tensiones eléctricas, por lo que los productos basados en tecnología PCS tienen un peso -significativamente menor, ocupan menos espacio y su costo es más bajo.

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Lo cierto es que la empresa, aún en su etapa de inicio, ya comenzó a trabajar con algunos clientes, como el Departamento de Defensa de Estados Unidos, para el cual suministró el sistema de control de energía a 3,000 voltios para un vehículo de transporte militar. En México, donde ya opera la filial Transformación de Corriente Directa (se contrató como director nada menos que a Alberto Escofet Artigas, ex subsecretario de Energía), trabaja en dos -anteproyectos con Grupo Peñoles, para eliminar el factor de potencia en dos minas en el estado de Chihuahua.

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En busca de la eficiencia perdida
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Uno de los proyectos más ambiciosos de León se encuentra en los escritorios de la Comisión Federal de Electricidad. Se trata, palabras más, palabras menos, de -triplicar o hasta cuadruplicar la corriente eléctrica, a través de la PCS, transportándola en CD y convirtiéndola en CA para los usuarios. “Es el campo de aplicación más importante”, señala.

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Según cuenta León, el nivel de eficiencia es de 2 a 10% de ahorro en la transmisión y transformación de electricidad, ya que el costo de la tecnología va de un rango de 30 a 60% menos que la actual. Pero ni estos números han logrado convencer a los funcionarios de la CFE, sencillamente porque, dice León, “la gente clave no ha visto el proyecto, que está detenido por un problema de voluntad política dentro de la Comisión”.

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Pero este empresario (quien junto con otro socio puso $2 millones de dólares para capitalizar la compañía) no quita el dedo del renglón y vuela de un lado a otro para abrirle puertas a DC Transformation. “Nos estamos jugando hasta la camiseta y estamos seguros de que la empresa tendrá éxito. La tecnología se había mantenido en secreto hasta fines de enero pasado, cuidándonos de los grandes” (ojo General Electric, ABB, Siemens y demás titanes). León parece estar seguro de lo que hace: “Nuestra tecnología es viable técnica y económicamente. Nuestro reto es que se adopte”.

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Y por ahí va la cosa: la firma ya cuenta con filiales y sociedades en Malasia, Singapur, India y México —país donde León se encuentra buscando un socio industrial—, y está por abrir puertas en Colombia, Honduras e Indonesia.

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¿Cómo visualiza algunos años más tarde? León no vacila: “No queremos convertirnos en manufacturera, sino comercializar nuestra tecnología. Nos vemos como una empresa global en el corto plazo (cinco años), con coinversiones y alianzas estratégicas por líneas de productos en todo el mundo”.

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Baste con asomarse a las perspectivas que contempla en México. “Aquí hay más capacidad de generación que de transmisión. Con 5% del negocio, lo cual es una cifra muy conservadora, podríamos lograr ingresos de $35 millones de dólares anuales.” ¿Quién le entra?

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