Armas, dinero y celulares

El auge de la industria tecnológica desencadena muchas reacciones en el ámbito mundial. En la Rep?
Dristi Essick

Hace varios meses, la oferta apareció en un tablero de mensajes de internet llamado La Red de la Embajada. Entre los anuncios sobre visas alemanas de trabajo y amigos italianos por correspondencia, se ocultaba una propuesta sorpresivamente directa: "¿Cuánto quiere ofrecer por kilo? Por favor, consígame por lo menos $100,000 dólares y realizaré la entrega en forma inmediata."

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La sustancia en venta no era cocaína, ni opio de la mejor clase. Se trataba de un mineral conocido como columbita-tantalita –coltan, para abreviar–, uno de los materiales de mayor demanda en el mundo. Al refinarlo se obtiene un polvo metálico, sumamente resistente al calor, llamado tantalio (tantalum). Éste se cotiza en $100 dólares por libra y está convirtiéndose en un elemento vital de la modernidad. Para la industria de alta tecnología, se trata de un polvo mágico, indispensable en todo: desde teléfonos celulares fabricados por Nokia y procesadores de computadora de Intel, hasta estéreos y videocaseteras de Sony.

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Vender coltan no es ilegal. La mayor parte del suministro de tantalio –valuado en $6,000 millones de dólares al año– proviene de operaciones legítimas en Australia, Canadá y Brasil. Sin embargo, cuando la demanda aumentó con el auge de los productos de alta tecnología, un nuevo y más siniestro mercado floreció en la República Democrática del Congo (RDC), antes Zaire. Ahí, grupos guerreros rebeldes –muchos fundados y abastecidos por las naciones vecinas: Ruanda y Uganda– empezaron a explotar las minas para financiar una sangrienta guerra civil. La revuelta, después de tres años, entró en un compás de espera gracias a las gestiones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Sin embargo, aunque el organismo internacional logró imponer un alto al fuego entre buena parte de los grupos en conflicto, algunas facciones todavía no abandonan las acciones militares.

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"Existe un vínculo entre la falta de respeto a los derechos humanos y la explotación de recursos en áreas de la RDC que ocuparon Ruanda y Uganda", comenta Sulimán Baldo, investigador senior en la división africana de Human Rights Watch, ONG que ejerce labores de monitoreo en todo el mundo.

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La masacre y la miseria en la RDC aumentaron cuando el presidente del país, Laurent Kabila, fue asesinado en enero de 2001. Los investigadores de Human Rights Watch estiman que, entre junio de 1999 y junio de 2001, por lo menos 10,000 civiles fueron asesinados y 200,000 personas fueron desplazadas del noreste de esa nación. Los rebeldes ahuyentaron a los granjeros de las tierras ricas en coltan y atacaron pueblos para obtener el control de áreas estratégicas. La minería llevada a cabo por los grupos belicosos también causó destrucción ambiental. En particular, las poblaciones de gorilas fueron masacradas o expulsadas de su hábitat, ya que los rebeldes saquearon ilegalmente las tierras –ricas en mineral– de los parques nacionales protegidos.

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La relación entre el derramamiento de sangre y el coltan está causando alarma entre los manufactureros de alta tecnología. Poco a poco las compañías están empezando a considerar la posibilidad de que sus productos contengan el fruto de una guerra civil. Una controversia similar arruinó a la industria de los diamantes hacia finales de los 90, cuando la demanda global por las gemas ayudó a financiar los conflictos en la República de Sierra Leona, Angola y Liberia. A partir de ese momento, la comunidad internacional se volvió más estricta con el comercio de este mineral, imponiendo regulaciones de exportación más severas.

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Sin embargo, en el caso del tantalio el cumplimiento de reglas puede resultar sumamente complicado. El mercado de este metal se basa en relaciones comerciales reservadas, complejas y sujetas a pocas normas internacionales. Y el componente no se vende a través de intercambios sistematizados.

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Ultraje de la tierra

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La primera llamada para alertar a la industria de nueva tecnología llegó en abril de 2001, momento en el que la ONU presentó un reporte sobre la Explotación ilegal de recursos naturales y otras formas de riqueza en la República Democrática del Congo. Después de seis meses de investigaciones, un panel de expertos, convocado por el Consejo de Seguridad del organismo, informó sus hallazgos.

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Uno de los datos más alarmantes del escrito: los rebeldes de Ruanda, Uganda y Burundi saquearon y contrabandearon miles de toneladas de coltan de la RDC con el fin de exportarlas al mercado global, empleando las ganancias para financiar sus milicias. De hecho, las estadísticas proporcionadas por los gobiernos de estos países muestran que Uganda y Ruanda incrementaron drásticamente la exportación del mineral después de que ocuparon el noreste de la RDC. Por ejemplo, la primera nación reportó 2.5 toneladas de exportaciones un año antes de que estallara el conflicto, en 1997; en 1999 el volumen llegó a casi 70 toneladas.

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El reporte de la ONU también documenta la práctica de trabajos forzados, monopolios ilegales y asesinatos de civiles durante los procesos de extracción del valioso recurso. Las acusaciones no se tomaron a la ligera: diversos miembros del grupo que elaboró el documento recibieron amenazas de muerte. Uganda, Ruanda y Burundi protestaron por el contenido del informe, afirmando que era impreciso e infundado.

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"El pillaje de los bienes naturales de la RDC está causando devastadoras bajas humanas y económicas", afirma Leonard She Okitundu, ministro de Asuntos Externos y Cooperación Internacional de ese país. A principios de mayo de 2001, el funcionario afirmó –ante el Consejo de Seguridad de Estados Unidos– que "está emergiendo un consenso sobre los vínculos que existen entre el saqueo descarado de la riqueza natural del Congo y las masacres de sus habitantes". La situación –informó– ha conducido a "asesinatos de civiles, deportaciones, tortura, violaciones y propagación deliberada de VIH/sida", así como al desalojo de millones de refugiados.

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El reporte de la ONU no culpa de manera directa a los fabricantes de computadoras y teléfonos móviles por el sangriento comercio, citando en su lugar a las compañías que trafican minerales como "el motor del conflicto en la RDC". Sin embargo, la demanda de la industria tecnológica por el tantalio, evidentemente, alimentó un incremento en la minería de coltan en todo el mundo. Después de todo, los comercializadores venden el mineral a las firmas que lo procesan, las cuales a su vez lo ofrecen a los manufactureros de capacitores de tantalio, cuyos clientes no son otros que las firmas de alta tecnología como Ericsson, Intel y Nokia.

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Estas corporaciones tecnológicas niegan cualquier conocimiento de que el mineral extraído en la RDC sea utilizado en sus productos. No es de sorprender, si se considera lo sombría que es la cadena de suministro fuera del país africano. La realidad es que hay pocas maneras de comprobar si el material empleado en nuestros teléfonos celulares y laptops proviene o no del Congo. Aun así, 8% del mineral importado por Estados Unidos en 1999 provino de ahí, y eso sin contar el tantalio que las compañías de la unión americana compraron a Ruanda y Uganda –y que pudo haberse originado en la RDC–. Por el momento, cerca de 15% del abastecimiento mundial procede de África; Australia es el mayor productor, con casi 70% de la provisión global. No obstante, la RDC está sentada sobre una potencial mina de oro. La nación africana está empatada con Canadá como la cuarta reserva más grande de coltan en el mundo, según la firma investigadora Roskill Information Services.

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Su peso en oro

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El coltan –que se encuentra en suelos que datan de 3,000 millones de años, como los de Rift Valley en el centro de África, Australia occidental y centro de Asia– se convirtió en una materia prima indispensable en la manufactura de equipos de alta tecnología. El tantalio extraído del mineral se utiliza principalmente para fabricar capacitores: componentes miniatura que manejan el flujo de corriente en los aparatos eléctricos. Muchos semiconductores también emplean una capa delgada de este material como barrera protectora. Este elemento –que también se encuentra en otros minerales y puede ser extraído como un producto de refinamiento de estaño– se usa también en las industrias aérea, química, farmacéutica y automotriz.

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El mercado de este mineral es enorme. Durante 2000 se utilizaron cerca de 6.6 millones de libras de tantalio en todo el mundo, 60% del total en la electrónica, donde puede hallarse en productos como teléfonos celulares, computadoras, consolas de juegos y cámaras. Estados Unidos es el mayor consumidor de tantalio en el mundo: 40% de la demanda global.

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En 2000, el requerimiento de capacitores de tantalio aumentó junto al de los mercados de teléfonos celulares y PCs. Esta situación causó un severo déficit. Los precios del mineral se dispararon, con cargos a cada libra del polvo refinado: su valor pasó de menos de $50 dólares a más de $400 dólares a finales de aquel año. Hoy, con la baja en la demanda mundial, los costos promedio cayeron a $100 dólares por libra.

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Durante los últimos años, los mineros de coltan de todo el mundo elevaron la producción. En la RDC, tanto los comerciantes legítimos como los bribones se unieron al ajetreo. El auge aportó $20 millones de dólares al mes para los grupos rebeldes, así como para las fracciones independientes que negociaban el mineral de la región noreste del Congo. Ese dinero ayudó a recrudecer la guerra.

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Una carga de responsabilidad

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Rastrear el suministro de este mineral en la RDC no es fácil. El material que se origina ahí pasa a través de 10 manos –por lo menos– antes de llegar a su destino final. Una cosa es cierta: los rebeldes se involucraban en casi todas las fases del proceso hasta que el mineral salía del país.

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Según el reporte de la ONU, en el Congo la mayor parte de la extracción de coltan es realizada por campesinos (la guerra sacó del negocio a las compañías mineras de esa nación). Estos improvisados trabajadores escudriñan lechos de ríos para encontrar el mineral o lo desentierran en minas abandonadas. Se cree que los grupos rebeldes lo extraían directamente, empleando algunas veces prisioneros para obtener el metal y llevarlo fuera del país.

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Muchos mineros son niños. Algunas cifras sugieren que 30% de los estudiantes del noreste de la RDC abandonan sus estudios para dedicarse a la extracción del material. Aunque la promesa de hacerse rico con un filón puede resultar tentadora, la mayoría de los trabajadores gana una miseria. El fraude es común y frecuentemente los recolectores estafan a los empleados. "Conseguir coltan es en sí un trabajo terrible –fue el comentario de un minero a un investigador del Instituto Pole, ONG con base en la RDC–. También existe el problema de los bandidos armados que roban nuestros bienes, así como el peligro de derrumbes y colapso en las minas."

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Sin embargo, la perspectiva de ganar unos dólares al día, que es mucho dinero en un país pobre y con una economía incierta, resulta irresistible para muchas personas. Una vez extraído, el material es recolectado por comerciantes locales –se sospecha que muchos de ellos formaban parte de un grupo rebelde durante el conflicto armado– que pagan entre $5 y $10 dólares por cada libra sin procesar. Estos mercaderes, a su vez, venden el producto a consignatarios regionales más grandes, que se localizan en los países vecinos: Ruanda y Uganda. Según Judy Wickens, secretaria general del Centro Internacional de Estudios de Tantalio-Niobio (tic, por sus siglas en inglés), esta es la parte más difícil de rastrear en la cadena, porque puede involucrar a cinco o seis intermediarios antes de llegar a los mayoristas.

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En este punto, el mercado negro de coltan entra en contacto con el mercado global. De acuerdo con la ONU, más de 20 compañías internacionales importan minerales desde la RDC a través de Ruanda.

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Estas ventas, así como otras de Uganda y Burundi, terminan en Asia, Europa y Estados Unidos. La aerolínea Sabena, el carrier nacional de Bélgica, regularmente traslada los minerales desde estos países. American Airlines, en sociedad con la firma belga –que dice que transporta coltan sólo de comerciantes legales–, también acarrea a lo largo de Estados Unidos los bienes que se originan en África. El tantalio se extrae del mineral por firmas procesadoras como HC Starck –que produce 50% del polvo en el mundo– y Cabot –apenas rebasada por la anterior–. Estas organizaciones, que le compran a compañías de comercio internacionales y a grandes minas y negocios locales, venden a su vez el tantalio refinado a fabricantes de capacitores. Entre los más importantes se encuentran: AVX, Epcos, Hitachi, NEC y Vishay. Sus productos acaban en la crema y nata de la industria de alta tecnología: Alcatel, Compaq, Dell Computer, Ericcson, Hewlett-Packard, IBM, Lucent Technologies, Motorola, Nokia y Solectron son compradores destacados. Los proveedores de chips, como AMD e Intel, también están adquiriendo cada vez más polvo crudo de esta sustancia para su uso en la fabricación de semiconductores.

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Reacción en cadena

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Hasta ahora, las compañías tecnológicas están reacias a aceptar que hayan utilizado materiales conseguidos por los rebeldes de la RDC. De cualquier forma, las empresas tienen pocos elementos para demostrar que no fue así. "Escuchamos de esto por primera vez en abril [de 2001]; y de inmediato se le preguntó a nuestros proveedores si empleaban tantalio de la RDC", señala Outi Mikkonen, gerente de Comunicación para Asuntos Ambientales en Nokia. "Todo lo que se puede hacer es preguntar, y si dicen que no, la corporación les cree."

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Y así sigue la línea hacia abajo. Los fabricantes de capacitores confían en sus abastecedores. Por ejemplo: uno de los principales de Nokia es Kemet, el productor más grande de este tipo de dispositivos. "Se cuestionó a los aprovisionadores para asegurar que el material que se está comprando no se obtiene en forma ilegal de la RDC", afirma Harris Crowley, vicepresidente senior de la firma.

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Sin embargo, quienes suministran tantalio no pueden asegurar a sus clientes que el producto no fue una cortesía de los sublevados de la RDC. "No estoy a favor de que se mate a los gorilas –dice Dick Rosen, director general de AVX, un productor de capacitores. Pero no tenemos idea de dónde proviene [el metal]. No hay manera de decirlo. No sé cómo controlarlo."

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Epcos, un fabricante que abastece a la industria de teléfonos celulares, también coloca la responsabilidad en sus proveedores –que incluyen a las dos mayores procesadoras y otras más pequeñas–. Heinz Kahlert, vocero de la organización, señala un boletín de prensa emitido por HC Starck. Dicho documento establece: "sólo compramos materia prima de compañías de comercio establecidas que han trabajado en diversos países africanos durante mucho tiempo y que tienen oficinas corporativas en Europa y Estados Unidos. Estas empresas han confirmado que a HC Starck no se le está suministrando material proveniente de las áreas en crisis de África Central."

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No obstante, la pared de la negación se rompe en varios puntos. Mientras el mayor productor de tantalio insiste obstinadamente en que no recibe coltan del mercado negro, uno de sus propios aprovisionadores, la firma de comercio A&M Minerals and Metals (del Reino Unido), no está tan seguro. Esta compañía trabaja principalmente con mineros nigerianos y bolivianos, pero también compra hasta tres toneladas mensuales de tantalio a Uganda. "No puedo asegurar 100% que este material [de Uganda] no provenga de la RDC –afirma el director administrativo, James McCombie–. Pudo pasar de contrabando por la frontera."

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A&M trabaja con campesinos productores y comerciantes locales; el directivo admite que "una vez que se llega a ese nivel, es muy difícil revisar la procedencia. Sería absurdo afirmar que sabemos el origen de cada libra [de coltan] que llega a nuestras manos."

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También está el caso de la casa belga Sogem, otra corporación de comercio internacional que vende mineral sin refinar, que adquiere en la RDC y Ruanda, a compañías procesadoras de Estados Unidos, Europa y Asia. La organización sólo ofrece una vaga garantía sobre los orígenes del metal que revende. "Se nos ha dicho que nuestro dinero va directamente a la población", señala su vocera, Moniek Delvou. El consorcio de Bélgica no establece tratos con comerciantes respaldados por grupos rebeldes ni con monopolios de la región, afirma. No obstante, se niega a nombrar las minas y empresas comerciales locales que abastecen a Sogem y admite que no está totalmente segura sobre la fuente original del material. "¿Cómo se puede estar 100% seguro de cualquier cosa en la vida?", se pregunta.

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Ante semejante incertidumbre, que avanza en la opinión pública, algunos proveedores de equipos tecnológicos están preocupados por la posibilidad de que el coltan manche sus reputaciones. Ericcson afirma que exige que sus abastecedores cumplan con las políticas ambientales, éticas y de derechos humanos. "Estamos colocando las demandas en su lugar y les daremos seguimiento", asegura Mats Pellback-Scharp, gerente ambiental de Productos de Consumo. Mientras tanto, Kemet indica que requerirá a los suministradores que certifiquen que el material no proviene de la RDC, Ruanda, Burundi o Uganda.

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Intel inició una revisión para determinar la fuente del tantalio que utiliza. "Quisiéramos saber la respuesta", afirma el vocero, Chuck Mulloy. En su momento, Compaq emitió una declaración en la que "condena las actividades reportadas de mineros ilegales en el parque nacional Kahuzi-Biega y en la reserva Okapi Wildlife en la República Democrática del Congo". Pero, como observa el portavoz Arch Currid, "La mayoría de los componentes que obtenemos vienen de terceros, así que determinar el lugar donde ellos adquieren sus materias primas es muy difícil."

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Motorola señala que cuestionó a sus proveedores para asegurarse que ningún tantalio congoleño generado por los rebeldes llegara a sus manos. "Deploramos las actividades de los mineros ilegales en la región del Congo ambientalmente protegida y apoyamos por completo los esfuerzos de las autoridades pertinentes para proteger las zonas donde el hábitat o la vida salvaje estén amenazados", declaró la compañía. Los funcionarios de Hewlett-Packard también denunciaron la situación en la RDC y dicen que la empresa intenta trabajar con la Alianza de Industrias Electrónicas para asegurarse de que el material corrompido no termine en sus productos.

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La demanda por coltan no desaparecerá. Mientras los consumidores anhelen poseer el celular más moderno y la computadora más avanzada, las firmas tecnológicas continuarán pagando mucho dinero por los capacitores de tantalio y los proveedores de éstos seguirán adquiriendo el metal en cualquier lugar donde esté disponible. Resulta difícil de creer que una industria pueda fijar políticas efectivas sólo basándose en la buena fe y las garantías por escrito. Una cosa es segura: los vínculos entre los teléfonos móviles y PCs que usamos y la devastación que sufre la RDC ya no pueden ignorarse.

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