¡Arrancan!

En el Hipódromo de las Américas, la tecnología se utiliza para garantizar el éxito de las carrer
Carlos Valente Quintero

Puede ocurrir que Kremlin, Mr. Brahim o Ajax Cat sean nuevamente triunfadores de algunos clásicos 2002 en el Hipódromo de las Américas. Desde su reapertura en noviembre de 1999, cada vez cobra más relevancia lo que acontece en el llamado óvalo de Sotelo. Los pura sangre y los cuarto de milla se disputan la línea de llegada; en el graderío, los apostadores segregan adrenalina a todo vapor. Y para apuntalar el espectáculo mientras la audiencia disfruta, el equipo de tecnología hace funcionar el software, el hardware y la diversidad de sistemas logísticos que hay detrás de este centro de diversión.

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El Hipódromo de las Américas –ubicado en la ciudad de México– es un complejo conectado inteligentemente, donde cada área de la organización tiene que desempeñar un papel: la administración de apuestas, la producción de televisión, el arbitraje, el control del tablero electrónico, el audio, el reparto de las bolsas de dinero, la preparación de alimentos, etcétera. "Son muchos los ámbitos donde aplica la tecnología. Hay servicios que son para los empleados, otros para el público y otros más que nadie ve pero que también son importantes para el funcionamiento del lugar", explica Enzo Molino, director de Tecnologías de Información (TI) en Corporación Interamericana de Entretenimiento (CIE), el holding encargado de la administración del centro hípico.

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Aunque ningún directivo de la organización revela la cantidad de dólares invertida en la rehabilitación de las instalaciones –después de varios meses de inactividad–, Molino asegura que se diseñó un buen plan para equipar a todos los departamentos con "tecnología de punta". Por ejemplo: debajo de la pista corre una red de fibra óptica para voz y datos que conecta todas las zonas; incluso las 11 caballerizas y las oficinas administrativas. Dato curioso, el techo de esos establos está construido con material multipanel "que absorbe el ruido para que los caballos no se estresen".

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La estrategia señalada por el directivo incluyó el diseño y equipamiento de las salas de cómputo; así como del centro de producción de medios, lugar donde se genera la señal de circuito cerrado –la cual, además, se envía a través de satélite a más de 35 puntos (books) del país donde los espectadores apuestan–. Asimismo, la organización modernizó el tablero electrónico, el sistema de foto-finish (final de fotografía), el teletimer, la iluminación de la pista; los equipos de sonorización, la infraestructura contra incendios y el control de accesos, entre otros. Un aspecto muy importante, según los entrevistados: se subcontrató (outsourcing) el paquete de cómputo Autotote, una herramienta que sirve para registrar y administrar las apuestas.

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Con el tiempo, se han perfeccionado los programas señalados. La estrategia de CIE consiste en identificar dónde funciona mejor cada equipo de ti, probarlo, echarlo a andar y después dejarlo en manos de cada área operativa: Producción, Apuestas, Seguridad, etcétera.

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Por encomienda de la dirección de Sistemas (a cargo de Ramón Soberón), el corporativo tiene como norma no establecer alianzas con ningún proveedor de tecnología. "Se busca la solución adecuada para cada necesidad", apunta Enzo Molino. A través de un concurso, gana la empresa que ofrezca el mejor precio y utilidad técnica. Así ocurrió con la compra de las computadoras de Compaq, los servidores de Sun Microsystems y la terminal de Silicon Graphics que se usa en el área de posproducción (valuada en más de $10,000 dólares).

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CIE tiene experiencia en el manejo de centros de diversión. El hipódromo no es la excepción: su boletaje lo maneja Ticketmaster; el suministro de alimentos y bebidas se hace como en la Feria de Chapultepec; etcétera. Sin embargo, hay algunas particularidades que destacan al trepidante mundo de los caballos y para el cual, dicen los expertos, "en México casi no hay tecnología ad hoc".

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Cuentas claras, tecnología confiable

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Durante los últimos años, el cómputo para pronósticos ecuestres sufrió un cambio radical. Hace una década resultaba impensable que hubiera combinaciones como la superfecta (tipo de apuesta en que se vaticina la llegada de los cuatro primeros lugares de una carrera). De acuerdo con Juan José Rivas, director de Apuestas del Hipódromo, Autotote Corporation es uno de los proveedores más importantes en el ramo de sistemas de juego. El software y las máquinas de esta firma tienen capacidad para manejar miles de combinaciones en cuestión de segundos, todas con encriptación.

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La solución calcula los momios (cifra que indica la preferencia por un caballo, la probabilidad de triunfo y la relación de pago) en forma automática y permite ofrecer un mayor abanico de opciones para que los aficionados apuesten: exacta, trifecta, cuatrifecta, etcétera. A través de una sola terminal se pueden obtener boletos de los diversos tipos de jugada. "Antes –recuerda Rivas–, para apostar en categorías diferentes las personas tenían que formarse en diferentes ventanillas; los equipos de cómputo se alojaban en salas enormes y se requerían varios operadores para calcular los momios."

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Circuitos hípicos como el de California o Nueva York confían a Autotote el manejo de sus transacciones. Según Rivas, el dato demuestra que el Hipódromo de las Américas "está a la altura de los mejores del mundo". En una carrera donde compiten 12 caballos, por ejemplo, las combinaciones de trifecta o cuatrifecta son exponenciales; pero desde que el jugador consigue su boleto, el cupón lleva un código de barras y un número de serie irrepetible. Una vez dado el fallo de la contienda, el software, en segundos, calcula los montos que deben pagarse a los ganadores.

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El programa también se utiliza en galgódromos y otras instalaciones, así como en apuestas de pronóstico tipo quiniela. En el Hipódromo de las Américas no quisieron correr riesgos de operación, "por eso se le confió la tarea a expertos que entregan la información ya procesada", subraya Enzo Molino.

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La compañía proveedora llevó sus propias máquinas a las instalaciones del Hipódromo capitalino. Los dispositivos, en promedio, ejecutan entre 150,000 y 180,000 transacciones por semana. Se utilizan tres equipos de cómputo redundantes, por si se presentara una doble caída del sistema. En lo que corresponde a periféricos, se cuenta con más de 170 terminales (Autotrack II) para el registro de apuestas. Los equipos son manipulados por los operadores que están detrás de las ventanillas, quienes capturan los datos. También hay mecanismos personales (llamados Tiny Tim) que el espectador puede operar desde el lugar donde se encuentre; comúnmente, se utilizan en los restaurantes que están junto a las gradas. Para activar el Tiny Tim, el usuario acude a la taquilla, deposita efectivo y se le abre una cuenta. Con el número de cuenta y una contraseña, el espectador la opera. Si al final de las carreras el usuario posee un saldo a favor, entonces debe acudir a la taquilla para cobrar el dinero. Las Tiny Tim se conectan a un nodo de red que está disponible en las mesas de los restaurantes.

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De fotografía

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Los árbitros del Hipódromo también se apoyan en la tecnología para dar el veredicto de una competencia. Desde su palco, los jueces emiten la resolución a través de una terminal que está conectada al sistema central de apuestas. Juan José Rivas indica que el pago a los jugadores se realiza con base en dicho fallo. "Si el examen antidoping arroja un resultado positivo, se genera una descalificación. Para efectos de la carrera, caballo y jinete son perdedores; pero la suma repartida ya no se modifica." Y es que los resultados de la prueba se presentan en días posteriores.

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Pero, ¿qué sucede en esos minutos en que los caballos galopan buscando la meta? En la sala de jueces y de tomadores de tiempo hay tensión, nadie habla; excepto el cronista que narra las peripecias de la carrera. Las cámaras de televisión jamás dejan de enfocar a los competidores; con binoculares también se sigue el recorrido y se anotan los tiempos por si acaso llegan a fallar el fotofinish o el teletimer, dos sistemas que actualmente ya no dejan lugar a dudas porque registran los resultados con precisión minuciosa. Para una final muy cerrada nada como aquel recurso que revela al caballo ganador, aunque sea por "una nariz".

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Jatzive Hernández es gerente de Administración de Información del Hipódromo y a su cargo están ambas herramientas técnicas. El teletimer mide el tiempo durante el recorrido de los caballos. Consiste en 20 pares de sensores que están distribuidos a lo largo de la pista (en el interior y exterior del óvalo); cada par de postes se comunica de lado a lado a través de un rayo infrarrojo, el cual, al momento de ser atravesado por los participantes, registra el tiempo. En fracciones de segundo, el dato es enviado al tablero electrónico.

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Dependiendo de la distancia pactada en la carrera, se activa determinado número de sensores. Por ejemplo: en un duelo de caballos pura sangre a seis furlongs (1,200 metros), se habilita la señal infrarroja en los postes que están colocados en 400 metros, 800 metros y en la meta. En una contienda de ejemplares cuarto de milla, el tiempo se mide desde el arrancadero hasta la línea final.

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Por otro lado, la cámara de meta (o fotofinish) es de manufactura suiza. El equipo anterior, adquirido en Estados Unidos, ya era obsoleto: databa de 1954 y, con todos los remiendos imaginables, su vida útil se prolongó hasta 1996. En carreras nocturnas o días nublados el dispositivo requería mucha iluminación; a diferencia del actual que programa su propia luz desde una computadora.

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La solución de fotofinish consta de dos cámaras, una en color y otra blanco y negro (con sus respectivas terminales enlazadas a una PC). La primera, que contiene un software especial, al enfocar a los competidores delimita –con finísimas rayas– la distancia entre uno y otro. Dichos espacios se expresan en términos hípicos: una cabeza corta, una largura, etcétera. La función real de la cámara empieza cuando los equinos están a unos 100 metros de la meta.

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En caso de alguna duda, el sistema cuenta con un zoom (acercamiento) que amplía detalles de la toma para establecer la llegada del triunfador. Aunque Jatzive Hernández, quien también es juez de meta, confiesa que cuando la diferencia entre uno y otro competidor no es "sustancial", se dictamina empate. La imagen final se envía al Centro de Producción del Hipódromo, el cual la proyecta a todos los lugares donde llega la señal de video.

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Cabe destacar que, en el centro hípico mexicano, por temporada hay más de 1,100 carreras y, según la especialista, es "muy raro" que ocurra alguna controversia por la decisión de los árbitros. Tampoco se firman actas de cada evento; "sería burocrático, se formarían cerros de papeles y, además, resulta contradictorio con el despliegue de tecnología".

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Los datos para el público

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De acuerdo con Molino, otro elemento que exige un gran esfuerzo es el tablero electrónico (ubicado en medio del óvalo). La pantalla comunica al espectador la precisión de los datos: revela la condición de la pista, nombre de los participantes, hora de la carrera, registros parciales y finales, los momios y pagos, entre otros incisos. El equipo se maneja como una red independiente de los demás sistemas de voz y datos, aunque en parte se nutre de ellos.

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Héctor Valle, gerente de Audio y Video en CIE, señala que la tecnología utilizada es asiática –basada en leds (miles de foquitos)– y de rápido despliegue. En términos técnicos, el entrevistado explica que el ángulo de luminosidad es de 160 grados horizontales contra 90 grados verticales, lo que permite una visualización perfecta desde cualquier zona del inmueble. El tablero es controlado desde el área de apuestas mediante un software, el cual a su vez se comunica con las máquinas Autotote para actualizar la información cada 30 segundos.

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El tablero es tricolor; mide aproximadamente 42 metros de largo por 12 de altura. En su interior hay tres computadoras que envían las cifras hacia los leds.

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En el Hipódromo de las Américas –cuyo cupo es de aproximadamente 12,000 personas– el esparcimiento es abundante. El llamado óvalo de Sotelo posee un SportsBook, localizado en la grada tres y con capacidad para casi 500 personas, donde se puede apostar vía remota en los principales hipódromos de Estados Unidos (Hollywood Park, Lone Star Park) o disfrutar de otros deportes (como galgos, futbol, beisbol o hockey).

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Sería imposible dar cuenta de toda la infraestructura que hace binomio con la tecnología. Pero lo enumerado aquí refleja los planes de la directiva. Es cierto, los clásicos que se corren no se equiparan con el Gran Derby de Kentucky y sus cientos de miles de apostadores; pero, la modernidad ya es una herramienta indispensable para proteger los intereses de público, jinetes, criadores y empresa.

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